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vendredi 5 décembre 2014

Cuba entre tres imperios

Por: Fernando Martínez Heredia

cuba entre tres imperios
Ernesto Limia enfrenta con mucho éxito en este libro -Cuba entre tres imperios- una paradoja cubana actual: la ciencia de la Historia, que es la más desarrollada entre las sociales en Cuba, registra grandes avances en numerosos aspectos y obtiene monografías de mucha calidad. Pero, al mismo tiempo, se registra un cambio muy negativo a nivel de la sociedad. Un pueblo que tenía un enorme aprecio por su historia y la consideraba parte muy importante de su ser nacional, rasgo que a partir de 1959 fue potenciado a un grado altísimo por sentimientos y convicciones revolucionarios masivos, un pueblo que fue escolarizado y dio un salto colosal en sus niveles educacionales en solo treinta años, ha visto disminuir sus conocimientos y su interés por la historia nacional a un grado realmente alarmante.
Advierto dos causas principales de ese hecho, diferentes entre sí. Una es el grave deterioro de nuestro sistema escolar, dentro del cual el de la Historia sería un caso, y la otra es la apreciable disminución del orgullo de ser cubano. Esta última es la peor, porque afecta a uno de los pilares básicos de las capacidades de resistencia, combate, sacrificios, desarrollo como seres humanos, patriotismo e internacionalismo que han asegurado la fuerza y la permanencia de Cuba soberana y socialista frente a tantas dificultades, carencias y errores, y frente a Estados Unidos, que es el mayor enemigo de Cuba y de la Humanidad.
La Historia es uno de los terrenos en los cuales Cuba se está dividiendo peligrosamente en dos sectores que van separándose: una élite y una masa, algo que es propio de las sociedades capitalistas, y no de la sociedad que hemos venido construyendo. No me toca analizar aquí las circunstancias en que esto sucede, pero sí expresar en primer lugar mi alegría porque Cuba entre tres imperios (1) es una demostración práctica de que ese no es un destino fatal, y es un ejemplo de cómo una investigación histórica de extraordinaria calidad puede exponerse en un libro muy atractivo para todos los lectores, sin perder nada de sus cualidades científicas.
Por cierto, cuando comenzó aquí el proceso de universalización de la Universidad, hace cuarenta y cinco años, bajo la dirección del Rector José Miguel “Chomi” Miyar, la orientación respecto a los libros de texto para trabajadores era que debía encargarse su redacción precisamente a los docentes que tuvieran mayor calificación y experiencia en la materia en cuestión.
La erudición tiene aspectos peligrosos, pero no debe ser sinónimo de aburrimiento, de utilizar muchos datos y tener pocas ideas, o de pedantería bien organizada. El autor ha sabido combinar de manera maestra tres elementos: informaciones relevantes muy poco conocidas y lecturas sagaces de documentos y bibliografías; un sistema de valoraciones, inferencias y llamados de atención que nunca desfallece a lo largo de la obra; y una narración sumamente amena, que invita al lector a interesarse por el tema y a querer conocer más.
La historia de Cuba con escritura y centros urbanos, que comenzó a partir de su colonización por europeos, no empieza con la toma de La Habana por los ingleses, que es precisamente donde termina este libro de Limia. Esa idea fue hija del interés de una clase dominante, que logró convertir aquella frase en un lugar común de la historia tradicional. Pero la cultura del pueblo cubano hace rato que es mayor de edad, y necesita incorporar bien el conocimiento del decurso comenzado con esa colonización, la conversión de la isla en objeto de un poder ajeno e impuesto, la fase inicial del capitalismo en el mundo —en la cual el Caribe tuvo un papel descollante—, y los modos como los países europeos que iban convirtiéndose en potencias se enfrentaban entre sí por las riquezas naturales, los negocios y las posiciones estratégicas del mundo colonial.
Esa es la época en la que Cuba era “antemural y llave”, es decir, fortaleza militar y centro de comunicaciones de un valor fundamental para el imperio español en el que llamaban Nuevo Mundo. Y al mismo tiempo era un lugar de notables intercambios mercantiles con otros colonizadores de las pequeñas islas del Caribe y de áreas continentales, y una referencia siempre importante en las cartas de navegación y en los mapas de los políticos y los militares europeos.
La obra ha sabido comenzar precisamente por el principio, cuando los primeros actores del drama histórico ni siquiera sospechaban que se encontrarían. Limia nos explica quiénes eran realmente los europeos que vendrían a “descubrirnos”, cómo apenas se articulaban en un solo Estado y construían una hegemonía dentro de él cuando se expandieron tanto y tan bruscamente. Así podemos ver qué características suyas marcaron sus fuerzas, sus ideas y sus limitaciones, y cómo influyeron en nuestro país cuando apenas era considerado una posesión y una parte de un imperio. Y nos expone datos esenciales acerca de la población de Cuba que sería “descubierta” por aquellos, a la luz de un buen número de investigaciones recientes acerca de los que vivían en esta isla, la terrible hecatombe que los abatió mediante el proceso llamado “la conquista” —e inclusive “la evangelización”— y las acciones de resistencia contra el ocupante que realizaron en aquella primera etapa.
Limia presenta claramente sus credenciales: lo que preside la historia que comienza es el colonialismo, y la posición de su libro es anticolonialista. Quiero resaltar esto, porque desde el punto de vista científico me parecen dos requisitos imprescindibles: para intentar una comprensión efectiva de ese proceso histórico; y para la relación inevitable que existe entre la obra intelectual y las posiciones ideológicas y las funciones que ella tiene, sea o no consciente de ello el autor. También quiero destacarlo porque están en curso en esta década las celebraciones del quinto centenario de la fundación de las primeras villas.
En general no existen lenguajes inocentes, y en particular tampoco existe una historia inocente. La que se intenta popularizar alrededor de estas celebraciones del inicio de la colonización de Cuba es una historia conservadora y más bien propia de colonizados de la mente y de los sentimientos. Las primeras villas fundadas por los que le dieron permanencia al supuesto descubrimiento de Cuba parecen unos hitos felices de la historia de un pueblo maleable, solamente apto para recrear a los turistas y admirar las baratijas de los Colón del siglo XXI. Hoy se le sigue llamando a este gran crimen histórico “el encuentro de las dos culturas”, en medios que pertenecen al Estado cubano. La torre de Iznaga, en Trinidad, nos ha sido presentada como el romántico espacio de un drama de celos por una amada entre dos hermanos que eran dueños de esclavos, y no hay una sola mención de los miles de seres humanos literalmente molidos junto con la caña del valle de Trinidad, de aquellos que no tuvieron derecho a tener ningún amor.
Cuba entre tres imperios nos conduce por una travesía que dura casi tres siglos. El tema está claro desde el título. La isla, convertida a la fuerza en una colonia de un Estado europeo, fue ocupada y utilizada atendiendo solamente a los beneficios que les reportaba a gobernantes y empresarios, a las ganancias y el poder obtenidos de ella. Las colonias no tienen historia, mientras no sean capaces de forjarla ellas mismas.
No existía todavía la noción de concierto de potencias, y el mundo europeo del capitalismo en expansión combinaba sin cesar la guerra y el mercado. La metrópoli española alcanzó su cénit como potencia durante el primer siglo de la colonia de Cuba, el XVI, pero libraba al mismo tiempo una contienda contra sus rivales europeos y contra los límites férreos que le creaba su propia actuación. El oro, la plata y los tercios de España eran protagonistas en Europa, pero Francia, Inglaterra y los nacientes Países Bajos la desafiaban. El poderío de Francia será mayor en el continente en el siglo XVII, pero Inglaterra crecía inexorablemente y se fue imponiendo en el siglo siguiente. Mientras, la decadencia española se iba acentuando, también sin remedio.
Cada paso de la acumulación y el desarrollo del capitalismo, cada guerra o alianza europea, tenían significados inmediatos para la vida de Cuba, a tal grado que puedo afirmar que Ernesto Limia ha realizado una de las aproximaciones históricas más valederas a la historia de la isla en esos tres siglos, al relacionarla tan íntimamente con las acciones, las relaciones y los conflictos de aquellos tres imperios.
La estructura y el contenido de la obra están regidos por la narración, esa virtud central de los libros de Historia. Limia se revela como un maestro del relato, que sabe hilar con el concurso inexcusable del dominio del idioma, la sucesión seleccionada de hechos, el manejo muy riguroso de resultados de investigaciones y reflexiones, la invitación a emplear bien su tiempo que le hace al lector una narración que enseña y es muy amena a la vez, y el encanto de pasajes que motivan al espíritu y le reclaman que a su vez piense y se haga nuevas sugerencias.
Pongo un ejemplo, que me recordó que la historia es maestra, como decían los romanos, y también que más nos vale ser buenos alumnos.
El escocés William Patterson, marino, gran negociante y uno de los fundadores del Banco de Londres, le presenta un proyecto al rey de Inglaterra en 1697, que él considera trascendental: debemos conquistar el Darién, porque el istmo de Panamá sería fundamental para crear allí un sistema de paso de mercancías que tendría alcance mundial. Con ello derrotaremos al imperio español, solos o en alianza con otros poderes europeos, y alcanzaremos un control a escala mundial. Pero es indispensable también conquistar La Habana de manera permanente, porque Cuba, que es una de las mejores y más extensas (islas) no solo de América sino tal vez del mundo, y que encontrándose casi a igual distancia de los dos grandes continentes de América, el septentrional y el meridional, es como la llave natural del golfo de México y el centinela o guardián no poco respetable de la navegación de aquellas aguas, la convertirán en un punto de singular importancia… (2)
Pero si no lo hacemos, previene, el día no está muy distante en que América (…) se apoderará en primer lugar de aquel istmo y después de las islas (…) Y de aquí resultará que los angloamericanos, colocados en una situación intermedia entre el este y el oeste del Nuevo Mundo, podrán construir el imperio más poderoso y extendido que hasta ahora se haya visto en el mundo (…) y reunirán por medio del comercio, por donde quiera que pasen, las más grandes riquezas. (…) Entonces Inglaterra, a pesar de su gloria y sus libertades, será solo conocida en el mundo por el recuerdo de su historia, como lo es hoy Egipto. (3)
El Rey no le hizo caso a Patterson, los escoceses apelaron a enviar una expedición al Darién por su cuenta, fueron derrotados por la naturaleza y su país se hundió en una profunda ruina. Entonces, en 1707, su parlamento aprobó que se reunieran ambos países y se creó el Reino Unido de la Gran Bretaña.
Por su parte, Limia agrega:
Nuestra suerte estaba echada: ya no podía pensarse en las guerras de conquista entre las potencias imperiales por la redistribución de América sin pensar en utilizar a Cuba como punto de avanzada y aprovisionamiento. En este contexto, a la puja por nuestro país se incorporaría un nuevo actor, germen del imperio más poderoso de la tierra: las Trece Colonias inglesas de Norteamérica. (4)
La creciente Inglaterra puso su ambición en Cuba en aquel siglo XVIII. Pero ya hubo otra historia diferente durante el medio milenio transcurrido desde el final del libro de Limia hasta hoy. Esta lectura me hace pensar en cuánto nos ilumina conocer los eventos y los procesos, que pueden ser tan disímiles como el apoderamiento de Panamá por Estados Unidos y la construcción allí de un canal interoceánico, por un lado, y la creación del pueblo cubano mediante su propia epopeya en la última parte del siglo XIX, su revolución socialista de liberación nacional sesenta años después y la estrategia cubana actual en desarrollo en la zona de El Mariel, mientras se está produciendo la ampliación de capacidades del canal de Panamá.
Un gran acierto de esta obra es la utilización de la voz de los actores a través de huellas que ellos mismos dejaron cuando todavía no sabían que devendrían históricos. Fragmentos de documentos personales, actas de reuniones, declaraciones, utilizados con mesura, ilustran los eventos que se narran y ofrecen datos muy valiosos que casi siempre están ausentes en la Historia tradicional. Esto le ilumina al lector un aspecto decisivo para entender los hechos históricos en sí mismos, a partir de los sentimientos, intereses, creencias, valoraciones, pasiones, motivaciones, aprensiones, audacias, argumentos. A partir, en fin, del mundo de los que entonces efectivamente actuaron. El trabajo con los datos y los análisis correspondientes a esa dimensión de la realidad histórica investigada, bien integrado con los que ubicamos en la otra realidad, la de los hechos mismos, le permiten al autor disponer de la materia sin la cual no es factible hacer ciencia de la historia y articularla.
Limia utiliza también el testimonio, lo que le añade riqueza y amenidad a la exposición. Cristobal Colón habla, la noche de su llegada a la isla, pero sobre todo lo hacen desconocidos: un vecino de La Habana en 1598, un tripulante de la Flota un siglo después, un marino francés en 1740.
No debo referirme a otros valores que contiene la obra, para dejar tiempo a lo mejor, que será el intercambio que tendremos a continuación. Pero quisiera tocar muy brevemente dos cuestiones. La primera es que con actividades como esta que ustedes han organizado y con libros como el que nos ofrece Ernesto Limia estamos enfrentando un desafío tremendo que ya tiene encima nuestro país: el de la reafirmación delpatriotismo. Cuba va entrando en una etapa de dilemas y alternativas diferentes, pero entre las que sobresale la que existe entre el socialismo y el capitalismo, teatro de una lucha cultural abierta en la que se pondrá en juego nuestro futuro. El socialismo cubano tiene una profunda necesidad de apelar al patriotismo, hilo conductor de la hazaña maravillosa protagonizada por este pueblo en el último siglo y medio, y no servirán de nada los rituales vacíos y los lenguajes pequeños de un patriotismo formal y simplón.
El nacionalismo ha sido un factor formidable para que hubiera Cuba y para sostener sus realidades y sus proyectos, pero el nacionalismo tuvo que ser especificado a lo largo de nuestra historia como vehículo del radicalismo revolucionario que levantó por sobre todo la unión de la libertad con la justicia social. Diferentes situaciones, luchas, condicionantes y proyectos no han modificado, sin embargo, esa continuidad esencial. Por esto hay que reivindicar el patriotismo de honda raíz popular, el que está comprometido con la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, porque un nacionalismo sin apellidos suele ser manipulado para servir a un régimen contrario a las mayorías, y convertido en una función de la dominación capitalista.
La otra cuestión es hacer una propuesta: que este sea uno de los libros de texto de la enseñanza media superior, y de las carreras universitarias en las que la Historia de Cuba se brinda como servicio. Está lleno de datos que se necesita que conozcan y manejen los estudiantes, y de valoraciones de historiador. En vez de aquellas viejas narraciones hermosas, omisas, erróneas, imprecisas, acríticas respecto al material historiográfico, Ernesto Limia utiliza los medios, los métodos y los requisitos de exposición de la ciencia histórica actual. Usa los tipos de aproximación, los lenguajes, los datos, las mediciones, los fecharios y los auxilios técnicos de la historiografía. Contiene un gran número de temas que no se tratan, o casi, en los libros de texto, y los trata sumamente bien. Y todo lo pone al servicio de hacer divulgación como ella debe ser, de muy alta calidad. Debemos abogar porque se desarrolle más una corriente de obras con estas características.
Este es un magnífico ejemplo de lo que debe ser la bibliografía a nuestro alcance, para que cumpla su función, y le deje a la docencia la suya. A mi juicio, la docencia debe ser un lugar de compartir y estimular los pensamientos y la capacidad de pensar, de ejercitarse en identificar y entrar en relaciones con un conjunto de temas, de problemas, de preguntas y sugerencias, de métodos, y un lugar en el que los docentes logran establecer con los alumnos relaciones que les permitan cumplir su función de formadores.
Notas
(1)En la presentación de Ernesto Limia Díaz: Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural, Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2014. Facultad de Filosofía, Sociología e Historia de la Universidad de La Habana, 11 de noviembre de 2014.
(2)Ibídem, p. 151.
(3)Id.
(4)Id., p. 152.

vendredi 29 août 2014

´España quería perder Cuba´

´España quería perder Cuba´

Agustín González Morales, capitán de fragata de la Armada española y escritor, afirma que "la guerra le costaba al Estado un millón de pesetas al día, por eso planeó dejar las colonias"

El capitán de fragata y autor del libro, Agustín González Morales, durante la entrevista.
El capitán de fragata y autor del libro, Agustín González Morales, durante la entrevista. josé luis gonzález


MIGUEL ÁNGEL AUTERO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
 El Casino de La Laguna ha acogido un ciclo sobre Conocimiento y Cultura Naval, unas conferencias organizadas por la Delegación del Órgano de Historia y Cultura Naval de Canarias que contaron con la participación del capitán de fragata Agustín González Morales quien presentó su novela histórica Y en España se puso el sol. Cuba 1898. Una obra que gira en torno a varios personajes, unos reales y otros ficticios, que participaron en los acontecimientos que a finales del siglo XIX desembocaron en la pérdida de las últimas colonias de ultramar de España. Juan Llorca y Andrés Sequeiro son dos marineros que combatieron a bordo del crucero Infanta María Teresa el 3 de julio de 1898, cuando el contralmirante Pascual Cervera y Topete, al mando de la Escuadra del Atlántico, fue obligado por el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta a abandonar el puerto de Santiago de Cuba para luchar contra la flota estadounidense. Es un hecho histórico que ambos salvaron a Cervera de morir ahogado tras el combate y también es verdad que la orden gubernamental se dio a sabiendas de que la Armada estadounidense, que estaba fondeada frente a la bocana del puerto, iba a asistir a un ejercicio de prácticas de tiro.
–¿Por qué publica una novela histórica de estas características en este momento?
–Un compañero y amigo mío, Jorge Vasco Cervera, que es tataranieto del almirante Cervera y hace unos años me propuso escribir una biografía de su antepasado. Él sabía que tenía cierta facilidad para esto de las letras, una actividad que desarrollo desde que era chiquito. Entonces le comenté que de la vida de Cervera seguro que había alguna biografía del almirante. Y de hecho el padre Risco escribió una biografía bastante bien documentada. A partir de ahí se me ocurrió proponerle escribir una novela histórica en la que pudiera relatar hechos en los que participó su tatarabuelo. Además este tipo de literatura tiene bastante éxito entre los lectores como se puede comprobar con los seguidores de las obras de Arturo Pérez–Reverte. Y como no conocía ninguna novela que estuviera ambientada en torno al desastre de Cuba pues me puse manos a la obra.
–¿Cómo llevó a cabo el proceso de documentación?
–Antes de empezar a escribir dediqué alrededor de cuatro años investigando con información inédita que tenía Jorge y que me proporcionó; consulté de fuentes de la prensa de la época, documentación del Viso del Marqués y luego pues la familia Cervera es muy amplia y cuando alguno de los descendientes del almirante se enteraba de que estábamos trabajando en este proyecto pues me facilitaban datos por todos lados. En ese momento surgió también la página web almirantecervera.com con mucha información. Tras reunir prácticamente toda la información que precisaba me puse a escribir durante un año y medio más otro año para corregir y buscar la editorial que, finalmente, fue Noray la que asumió el riesgo de publicar una obra de un escritor novel que no había publicado nada antes.
–¿Encontró datos de canarios que participaran en aquella batalla cuando se documentaba para escribir la novela?
–Pues sí he encontrado algunos datos aunque solo de uno he encontrado toda la información. No obstante tuvo que haber más canarios. En este caso logré identificar a un marino de Gran Canaria. Se llamaba José María Arancibia Liborio y sirvió como alférez de navío en el crucero Cristóbal Colón y averigüé que fue condecorado con la medalla de la campaña de Cuba.
–La España del 98 pasaba por una situación económica tremendamente difícil... No digo que ahora asistamos a una situación de quiebra como aquella pero estamos en un periodo de crisis, de recesión fortísima, que afecta al ánimo y a la confianza de los ciudadanos ¿Ha encontrado paralelismos, salvando las distancias, entre ambas épocas?
–Encontrar paralelismos entre la España del 98 con la España actual sería una osadía. Es un hecho que en 1898 el país estaba en bancarrota pero son contextos distintos; la política, la forma de vivir y de ver el mundo son circunstancias que no pueden equipararse. La derrota para España fue trágica aunque pudo recomponerse con cierta rapidez mientras que la victoria para Estados Unidos supuso su nacimiento como potencia mundial.
–Sí, pero España quedó muy afectada con aquella derrota que supuso la pérdida de sus últimas colonias...
–España mantenía desde hacía años diversos conflictos en las colonias que le quedaban. Aquellas guerras le costaban al Estado un millón de pesetas de la época al día. El presidente Cánovas del Castillo había sido asesinado un año antes y los territorios de las colonias ya no eran tan rentables como antes y cuando Sagasta asumió el Gobierno se encontró con un desastre financiero. Por ello se empezó a plantear cómo salir de Cuba y Filipinas honrosamente. La fórmula fue participar en un combate y perderlo sin rendirse. Así que se luchó con uñas y dientes y hubo muchos muertos. España no podía dilapidar 400 años de un Imperio del que se decía que nunca se ponía el sol. Tenían que ir a Cuba a morir y se enviaron las tropas para ser vencidas, según las propias palabras de Víctor Concas, que estuvo al mando del crucero Infanta María Teresa.
–¿Cómo se produjeron aquellas órdenes?
–La escuadra pasó por Canarias pero no fondeó y continuó rumbo a Cabo Verde. Es sorprendente que nuestra escuadra se reuniese en esas islas que no eran españolas. Allí llegaron también dos cruceros desde Puerto Rico, otros dos cruceros y varios destructores provenientes de Cádiz. Es raro porque si la guerra hubiera estallado durante esa reunión, Portugal se hubiera encontrado con un problema diplomático. Sorprende que no pararan en Canarias para carbonear y tuvieran que aprovisionarse en Cabo Verde que, sin embargo ya le había vendido casi todo su carbón a los ingleses. Creo que la compra de ese carbón por parte de los ingleses estuvo acordada con los Estados Unidos para impedir que nuestra flota llegara a las Antillas y a Cuba. Pero hubo más, para cargar ese carbón en los barcos de nuestra Armada se alquilaron chalanas a los ingleses a precio de oro. Fue un conjunto de despropósitos porque el Gobierno sabía que se iba a perder contra la Armada norteamericana, así que todo respondía a un mismo plan. Que más daba si el resultado siempre iba a ser el mismo: la derrota.

samedi 19 juillet 2014

¿Cómo te enseñaron a odiar a tu país?

Sencillo: Modificando la historia en los libros con los que aprenden tus hijos a leer. 

Cubanos y puertorriqueños eran españoles. Ese enlace tenía que romperse  primero y esconderse después


Libro de primer grado en Cuba


¿Cómo conseguirlo? 


Negándolo primero y más tarde, diabolizando a España. 
Ambas cosas tenían que enseñarse en las escuelas desde la infancia. 
Aquí proponemos algunas muestras sacadas de los libros de primer grado de los niños cubanos y puertorriqueños.


Adoctrinamiento en vena: Aprendiendo a leer y a odiar al mismo tiempo


Utilizando la leyenda negra que enseña una visión falsa de los hechos realmente ocurridos. En la América española no hubo una exterminación deliberada de los habitantes originales de América, como sí ocurrió en la América inglesa.


El exterminio



Exterminio de nuestros indios

Hatuey fue quemado por los españoles


La insurrección


No hubo tal, se trató en realidad de una guerra civil entre españoles y ocurrió sólo en Cuba, en Puerto Rico no pasó nada.

¡El Gobierno Español aplasta la insurección! 

¡Hasta donde llegan los inventos! Fueron un grupo de milicianos y civiles puertorriqueños quienes hicieron retroceder como cobardes a los invasores del Grito de Lares. Nunca pudieron tomar al pueblo del Pepino. Tan cobade fue el venezolano Manuel Rojas que al ver sólo 25 soldados regulares se escondió lejos del lugar. Eso fue el Grito de Lares, nunca pasararon de 30 locos organizados y llegados desde fuera de Puerto Rico.
¿Patriotas organizan el Grito de Lares? Sí, tan patriotas que su líder fue el venezolano Miguel Rojas, también entre los rebeldes estaba su hermano igualmente venezolano.



¿Qué sucede con los pueblos que se dejan arrebatar su propia historia? Pues sucumben a los cantos de sirenas del primer Mesías que les promete un mundo mejor. 


¿Todavia lo duda porque le tiene respeto por prestigio a lo que le enseñaron en la escuela?

¡Pues infórmese! Hoy la información está al alcance de cualquiera.

¡Cuba sí, españoles no!

En manos buenas el fusil es bueno


¿Solución?


La Constitución Española reconoce en su articulado como Comunidad Autónoma aquellos territorios con particularidades históricas por lo que Puerto Rico y Cuba podrían ser perfectamente Comunidades Autónomas sin alterar lo más mínimo la Constitución.  No hablamos de anexión, hablamos de volver a lo que éramos en 1898. Cuando decimos anexión ensuciamos lo bonito de reclamar nuestro derecho inalienable de ser españoles, lo que éramos antes del tratado de París. Fuimos, somos y seremos españoles de Cuba y Puerto Rico.




Todo el libro de primer grado aquí

Cuando México fue mejor que Alemania


“a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Alexander von Humboldt (…) dejó muy claro que México estaba mejor que Alemania”


Artículo de Isaac David publicado en el sitio web mexicano Mitófago el 11 de julio de 2014.
HUMBOLDT, Alejandro de, "Mapa de Mégico y de los Paises confinantes situados al Norte y al Este reducido de la grande mapa de la Nueva España de Mr. A. de Humboldt", en HUMBOLDT, Alejandro de, Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, México, Ed. Porrúa, Col. "Sepan Cuantos...", N. 39, 1973, 696 p., 3 planos y 2 mapas.
Imagen titulada “Mapa de Mégico y de los Paises confinantes situados al Norte y al Este reducido de la grande mapa de la Nueva España” incluido en “Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España” de A. Humboldt (1811).
No se debe tomar totalmente literal la frase claro, pues México en ese entonces era la Nueva España y Alemania, el Sacro Imperio Germánico, dos épocas distintas. Sin embargo, a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Alexander von Humboldt, el geógrafo alemán que visitó nuestro país, dejó muy claro que México estaba mejor que Alemania.
¿Qué fue lo que documentó?
- “El agricultor indio es pobre pero libre. Su situación es mucho mejor que la de los campesinos del norte de Europa, en especial rusos y alemanes. El número de esclavos es prácticamente cero.”
- “¡Esto debe saberse en Europa! Los mineros mexicanos son los mejores pagados del mundo, ellos reciben de seis a siete veces más salario por su labor, que un minero alemán.”
Los elogios no paran.
Ausencia de esclavitud: “La Nueva España tiene una ventaja notable sobre los Estados Unidos, y es que el número de esclavos, así africanos como de raza mixta, es casi nulo. El número de esclavos africanos en los Estados Unidos pasa de un millón, que es la sexta parte de su población.”
Prosperidad económica: “Entre todos los reinos (de España en América) México ocupa actualmente el primer lugar, tanto por sus riquezas territoriales como por lo favorable de su posición para el comercio con Europa y Asia.
Avances científicos: Ninguna ciudad de América, sin exceptuar las de Estados Unidos, puede exhibir tan grandes y solidas instituciones científicas como la Ciudad de México. La capital y otras ciudades de México, tienen establecimientos científicos que llevará a una comparación con las de Europa.
Sí, Humboldt en un solo documento desmiente muchas de las mentiras de la SEP. Alguien podría decir que “mentía”. Pues Humboldt era alemán y protestante, por lo que es ilógico que tuviese una inclinación especial a hablar bien de los españoles católicos y sus reinos.
No se trata de idealizar ese pasado, sino aprender de él, y que los mexicanos nos podamos dar cuenta que “sí se puede” si alguna vez se pudo. Podemos salir adelante aprendiendo de nuestra historia, la historia que tristemente, no conocemos.
Fuente:
- Humboldt von Alexander (1811). Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España

mardi 24 juin 2014

Gerardo Machado: ¿fue realmente el Asno con Garras?

Advirtió el peligro del comunismo. Batista, Grau y Prío surgieron de la revolución. Fidel, el epílogo
En el Cementerio Norte del Parque Woodlawn, de Miami, yacen los restos del expresidente cubano Gerardo Machado y Morales (1869-1939), quien fue el político que más obras construyó durante la República, y también fue el primero que se opuso a la influencia internacional del comunismo.
A Machado, la nueva historiografía lo simplificó en una caricatura: “el asno con garras”, y como todo aquello que no le convenía, dejó su imagen, sola y deforme, rodeada por un mar de silencio, en el que sólo se escuchaba el murmullo de los comunistas.
¿Que fue un dictador? Sí. ¿Que indujo una reforma en la Constitución de 1901, para gobernar durante 10 años? Sí, pero fue sumamente adulado, en una época tan convulsa. ¿Que cerró la Universidad de La Habana, en 1930? Sí, pero hizo construir su escalinata, y los actuales edificios de la Colina –incluyendo la Escuela de Ingenieros y Arquitectos, que hoy está en ruinas. ¿Que suspendió las garantías constitucionales? Sí, pero el terrorismo se apoderaba de las calles, y las negociaciones con los grupos opositores no existían. ¿Que hubo asesinatos políticos y torturas? Sí, pero no tantos como después de 1959. Según Ramiro Guerra, unos 5 mil revolucionarios fueron recluidos provisionalmente, y Juan Clark afirma en su libro Mito y realidad (1990), que “los prisioneros fueron usualmente tratados correctamente, disfrutando de privilegios carcelarios y de amnistías que les devolvían la libertad tras una corta estancia en presidio”.
Su legado de modernidad
Con todos sus defectos –de represión y ansias de prolongar su mandato– su gobierno defendió los intereses nacionales, y construyó en Cuba, como nunca antes se había hecho. Por sólo mencionar algunas obras, durante los ochos años de su gestión económica se construyeron:
– la Carretera Central (con sus 1,144 kilómetros), que hasta hoy no ha sido superada, en cuanto a proyecto de integración vial de las provincias.
– el Capitolio Nacional (1929), que sigue siendo el edificio paradigmático de la arquitectura cubana, y el más lujoso del país.
– importantes plazas (Parque de la Fraternidad), paseos (la Avenida de las Misiones, frente al Palacio Presidencial), y avenidas (Quinta Avenida, de Playa). Además, se remodeló el Paseo del Prado.
– edificios importantes, como el Hotel Nacional, el Centro Asturiano (hoy Museo Nacional de Bellas Artes), el Bacardí, el López Serrano, el hotel Presidente del Vedado.
– obras públicas: la ya mencionada Universidad de La Habana, la Escuela Técnica Industrial, de Boyeros, el Malecón de Matanzas, el Palacio de Justicia de Santa Clara, el Presidio Modelo de Isla de Piños, entre muchas otras.
Incrementó la recaudación fiscal, aprovechando que la Ley de Obras Públicas imponía un recargo del 10% sobre todos los artículos de importación considerados suntuarios y otro del 3% sobre todos los productos de procedencia extranjera, excepto los alimentos. Esto hizo bajar las importaciones, y desarrolló la industria nacional, creando fábricas de pintura, zapatos, fósforos, y de productos no vinculados a la caña de azúcar y el tabaco.
Y en 1927 aprobó una nueva Ley de Aduanas y Aranceles, para proteger y estimular la producción agrícola e industrial. Era la primera vez que Cuba independiente tenía su propia tarifa aduanal, de tipo moderno y elaborada para defender sus propios intereses. La producción de aves, huevos, carnes, mantequilla, queso, cerveza y calzado aumentó notablemente. Así mismo, Cuba concertó varios tratados comerciales (España, Portugal, Japón, Chile) de manera completamente independiente.
Machado fue un presidente popular, durante su primer mandato. En abril de 1927 viajó a Washington, y le pidió al Presidente Coolidge un tratado para eliminar la Enmienda Platt. En el acto de inauguración de la VI Conferencia Internacional de Estados Americanos, en enero de 1928, se emitió “un voto de gratitud y aplauso en favor del Excelentísimo señor general Don Gerardo Machado”. Y el 1 de noviembre de ese año, en las elecciones celebradas bajo la Ley de Emergencia electoral, Machado se presentó como único candidato y fue reelegido sin oposición de los otros partidos, para un mandato que debía terminar el 20 de mayo 1935.
Los enemigos de Machado
El descontento hacia Machado tuvo sobre todo raíces económicas. La Gran Depresión –que se inició con el crack bancario de octubre de 1929, y que sólo comenzó a paliarse a mediados de los años 30– desató una gran animosidad popular contra su gobierno y los miembros de su administración. La paralización casi total del comercio, la devaluación abrupta de los precios del azúcar (que alcanzó su precio tope en 1927), la falta de trabajo, y la reducción y el atraso de los pagos del Estado, sumieron al país en un estado de miseria de la noche a la mañana, que alcanzó su grado máximo en el verano de 1933.
El segundo obstáculo de su gobierno fue el comunismo internacional. Casi tres meses después de ocupar la presidencia, se fundó en La Habana el primer Partido Comunista de Cuba, el 16 de agosto de 1925. La nueva ideología, que se guiaba por el ideal soviético, utilizó métodos que eran desconocidos hasta esa época. El terrorismo de las bombas en las ciudades fue introducido en Cuba por emigrantes catalanes.
En el VI Congreso Mundial de la Internacional Comunista (entre julio y septiembre de 1928), que se efectuó en Moscú, se aprobó la consigna de “clase contra clase”. Decenas de extranjeros fueron expulsados del país, por dedicarse a “la propagación del comunismo”.
Machado trató de frenar el descontento; pero ni la suspensión de las garantías constitucionales (en junio de 1930), ni la implantación de la ley marcial (con el uso de tribunales militares en lugar de los tribunales civiles), ni la censura a la prensa, ni el asesinato y encarcelamiento de los opositores pudieron frenar la campaña de terrorismo de los revolucionarios, encabezados por el ABC, la Unión Revolucionaria, de Guiteras, el Ala Izquierda Estudiantil y el Directorio Estudiantil Universitario.
Estados Unidos seguía con preocupación la situación política de Cuba, hasta que el 8 de agosto de 1933 el embajador de ese país, Summer Welles, se presentó en Palacio con una carta del Presidente de los Estados Unidos Franklin Roosevelt en la que exigía su renuncia, y con ello se aceleró el fin.
La incipiente libertad de prensa también conspiró contra Machado, ya que los periodistas no escribían a favor de un gobernante, si no eran subvencionados o recibían una “botella” –que podía rondar los 500 pesos. Machado se negó a darle “botellas” a la prensa, a diferencia del gobierno anterior de Zayas.
Pero su mayor enemigo fue la veleidad e inmadurez del pueblo cubano, que al igual que en 1959, se dejó cegar por ilusiones mesiánicas que prometen el cielo en la tierra. La revolución del 30 produjo a Fulgencio Batista, que arrastraría multitudes en 1940, con el apoyo de los comunistas. Luego, a líderes estudiantiles como Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás, que gobernarían en nombre de la revolución.
La revista Bohemia, en octubre de 1933, publicó un escrito del derrocado presidente, en el que reflexionaba: “Durante un tiempo fui el Hombre Dios, el Nuevo Mesías, el Hombre Antorcha, que todo lo podía, y que tiempo después, por los mismos que antes me ensalzaron, fui Satán, Moloch, Marte redivivo. // Así toda es Cuba: el país que parece hecho con las aspas de un molino de viento”.
La historia de los conflictos políticos no se divide en buenos y malos, sino se define por las relaciones de los grupos sociales en torno a una hegemonía. Unos matan en nombre de la Ley, otros en nombre de la Revolución. Pero algunos construyen, y dejan un legado de modernidad, como Gerardo Machado, mientras otros vacían la historia, y lo destruyen todo a su paso, como Fidel Castro.

Nota de la Redacción: David Canela es un periodista independiente, colaborador habitual de Cubanet, que se encuentra de visita en Estados Unidos.

lundi 21 avril 2014

Enseñar mejor la Historia, clave en la formación en valores

estudiantes-secundaria.jpgEnseñar la Historia de Cuba de manera crítica y amena es una herramienta clave en el proceso de formación moral de las nuevas generaciones, coincidieron hoy los especialistas asistentes al I Taller Nacional de Formación en Valores que concluye hoy en esta capital.
Respecto a las dificultades presentes al impartir esta asignatura, Eduardo Torres Cuevas, presidente de la Academia de la Historia de Cuba, señaló que las mayores problemáticas se concentran en los hechos más recientes, cuyo análisis carece de la profundidad requerida y que aún no están recopilados y sistematizados.
Esto es paradójico -comentó-, porque son precisamente las décadas de 1960 y 1970 los que de manera más directa influyen en nuestro presente, y las que constantemente le estamos pidiendo a los jóvenes que aprecien, por constituir los años fundacionales de la Revolución, ¿pero cómo apreciar lo que no se conoce?
Si se imparten los mismos contenidos a todos los niveles, si se le ponen los mismos adjetivos a todos los héroes, y si la visión del cubano se reduce a un toque de tambor, es imposible que las nuevas generaciones se identifiquen con su pasado, y desde donde primero tenemos que empezar a enseñar es desde la empatía y el sentimiento, resaltó.
Por su parte, Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2006, llamó a revisar los libros de texto de Historia de Cuba, ya que a menudo repiten errores heredados de la historiografía burguesa, y advirtió que, si se asumen pasivamente, convierten al sistema educativo en una vía de colonización en lugar de un instrumento de emancipación.
En este proceso, el maestro juega un papel fundamental, apuntó, porque tiene que ser capaz de discernir qué valores son eternos y trascienden las fronteras de los países y cuáles deben ser renovados para construir una sociedad revolucionaria, porque nadie fue más transgresor de la moral y la política coloniales que nuestro Héroe Nacional José Martí.
El I Taller Nacional de Formación en Valores cuenta en su clausura con la presencia de Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro, y con la asistencia de Fernando Rojas, vicetitular del Ministerio de Cultura y Graziella Pogolotti, presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura.
Este evento ha abarcado temáticas tales como el fortalecimiento de la identidad nacional, la comunicación entre las entidades estatales y el pueblo trabajador, y el papel de la escuela y la familia en la formación de las nuevas generaciones.

vendredi 4 avril 2014

¡Ultima hora! ¡República Dominicana pide su reintegración al reino de España!

reunificación

CUANDO LA REPÚBLICA DOMINICANA QUISO VOLVER A SER ESPAÑA

Tal acto de anexión, como se especifica en la Exposición a su Majestad que acompaña al Real Decreto de Incorporación á la Monarquía Española la República de Santo Domingo, resultaba único:

«Un acontecimiento fausto, altamente honroso para España, y pocas veces visto en la historia de los pueblos, ha ocurrido recientemente en una de las antiguas posesiones de la Monarquía. La Isla Española, la primera que ocupó el gran Colón, la predilecta de la inmortal Reina á cuya inspiración sublime se debió el descubrimiento de un Nuevo Mundo, dueña de su independencia, arbitra de sus destinos, invoca el nombre augusto de España y pone á Vuestros Reales pies la misma soberanía que Vuestra Majestad reconoció hace pocos años»

El 4 de abril de 1861 y de forma unilateral, después de varias negociaciones en Madrid y Cuba, Pedro Santana, el primer presidente constitucional de la república independiente, declara la anexión a España, la cual sería oficial por Real Decreto de Aranjuez el 19 mayo de 1861. Según el Artículo 1º, de dicho documento, «El territorio que constituía la República Dominicana queda reincorporado a la Monarquía».

«En la muy noble y muy leal ciudad de Santo Domingo á los 18 días del mes de Marzo del año de 1861. Nos, los abajo firmados, reunidos en la sala del palacio de justicia de esta capital declaramos: que por nuestra libre y espontánea voluntad, en nuestro propio nombre y en el de los que nos han conferido el poder de hacerlo por ellos, solemnemente proclamamos como Reina Señora á la excelsa Princesa Doña Isabel II en cuyas manos depositamos la soberanía que hasta ahora hemos ejercido como miembros de la República Dominicana. Declaramos igualmente que es nuestra libre y espontánea voluntad así como la del pueblo á quien por nuestra presencia en este lugar representamos, que todo el territorio de la República sea anejado á la Corona de Castilla á que perteneció antes del tratado de 18 de Febrero, de 1855, en que S. M, la Reina reconoció como Estado soberano al que hoy por espontánea voluntad de todos los pueblos, le devuelve esa soberanía y como va dicho, la reconoce por su legítima soberana. En fe de lo cual lo firmamos y rubricamos con nuestras propias firmas-Pedro Santana -general Antonio Alfau -ex-ministro Felipe Dávila- F. De Castro -ex-ministro Jacinto de Cristian Castro Oficial».

Gregorio Luperón, uno de los líderes de la segunda independencia, escribió: «España no tiene hoy enemigos en las naciones que fueron sus colonias de América, sino hijos emancipados que son para los españoles verdaderos hermanos».

jeudi 20 mars 2014

Funestos récords cubanos

Dictadores por 55 años. (LEGOBLOGGER.COM)
De sus casi 112 años de república, Cuba ha estado gobernada 73 años por dictaduras militares. Ha sufrido al dictador que más tiempo ha gobernado en la historia moderna, y hace 66 años que no elige jefe de Estado.
Igualmente impresionante es la plusmarca impuesta por Fidel Castro, a quien varios de los presidentes presentes en la Cumbre de La Habana fueron a rendirle pleitesía. El achacoso comandante aparece ya como el dictador que más tiempo ha gobernado en toda la historia moderna: 52 años y tres meses (enero de 1959 a abril de 2011). Por si fuera poco, los cubanos tenemos otro record continental imbatible: hace 66 años que no elegimos a nuestro jefe de Estado.Algo que los gobernantes latinoamericanos debieron tener en cuenta antes de acudir a la última Cumbre de la CELAC y darle un espaldarazo a la única dictadura militar del continente, fue que en materia política y social, Cuba es un funesto recordista internacional. De sus casi 112 años de república independiente, durante 73 de ellos ha estado sometida por tiranías. No hay ni siquiera un caso parecido en todo el hemisferio occidental.
Lo cierto es que durante dos terceras partes del tiempo transcurrido desde que Cuba dejó de ser colonia de España (406 años) y territorio ocupado por Estados Unidos (1898-1902), ha sufrido bajo las botas de cuatro dictadores: Gerardo Machado, Fulgencio Batista (dos períodos diferentes), Fidel y Raúl Castro.
De esas plagas, las tres primeras (18 años) fueron dictaduras "normales" —como las tantas habidas en Latinoamérica—, pero la cuarta ha sido un cataclismo socioeconómico y humano que devastó la sociedad. Algo único en las Américas.
En el otro tercio de vida republicana hubo ocho presidentes electos democráticamente, cinco de ellos antes de 1929, y tres entre 1940 y 1952. Los últimos comicios presidenciales tuvieron lugar en 1948.
'Chispazos' de democracia
Los períodos o "chispazos" de democracia en Cuba suman 36 años. Los otros tres años que completan los 112 corresponden a una intervención de Washington de 1906 a 1909. Gobernaron la Isla William Taft (más tarde presidente de EEUU), por unos días; y luego Charles Magoon, hasta enero de 1909, fecha en que entregó el poder a José Miguel Gómez, general de la Guerra de Independencia, electo Presidente en septiembre de 1908.
Después fueron electos Mario García Menocal (1913-1921), también general de la Guerra de Independencia, por los dos períodos consecutivos que permitía la Constitución de 1901; Alfredo Zayas (1921-1925); y otro general independentista, Gerardo Machado, en 1925.
En el gobierno constitucional de este último se realizaron importantes obras, incluyendo la Carretera Central (que con 1.139 kilómetros de largo sigue siendo hoy la única que une el occidente con el oriente del país), el Capitolio Nacional, acueductos y hospitales, mientras la economía avanzaba aceleradamente.
Machado
Pero al cumplir su mandato de cuatro años, en 1929, Machado se negó a entregar el poder y estableció la primera dictadura, caracterizada por la represión, el asesinato de opositores políticos y una gran corrupción, en medio de una profunda recesión derivada del desplome del precio del azúcar con motivo de la crisis económica internacional y la Gran Depresión en EEUU.
Ante la rebelión popular encabezada por sindicatos y organizaciones revolucionarias, y las presiones de Washington apoyadas por el general Alberto Herrera, jefe del Ejército, Machado huyó. El 12 de agosto de 1933, con el país paralizado por una huelga general iniciada una semana antes, el dictador viajó a Bahamas. Se dice que al subir al avión, expresó: "Después de mí, el caos".
Efectivamente, hubo un caos político y social —con saqueos y hasta linchamientos— de tres semanas, y el 4 de septiembre de 1933 el sargento Fulgencio Batista tomó el poder al frente de una sublevación de suboficiales a la que se unieron luego unos 100 oficiales del Ejército. Fue designada una pentarquía de gobierno que Batista, ya ascendido a coronel, no quiso integrar para ostentar el verdadero poder político como Jefe del Ejército. La presidencia colegiada duró seis días y el 10 de septiembre quedó como único Presidente uno de sus integrantes, Ramón Grau San Martín.
Batista
El gobierno de corte socialdemócrata y nacionalista de Grau duró 127 días. En enero de 1934, con el apoyo de EEUU, Batista forzó la renuncia de Grau. Comenzó la segunda dictadura cubana, aunque Batista era ya el "número uno" desde septiembre. Durante más de seis años el golpista de hecho dirigió el país, aunque las apariencias fueron cubiertas con el nombramiento o la elección de seis presidentes de la República (Carlos Hevia, Manuel Márquez Sterling, Carlos Mendieta, José A. Barnet, Miguel Mariano Gómez y Federico Laredo Bru), todos subordinados, de una manera u otra, al "hombre fuerte" de Columbia.
En 1940 Batista fue electo presidente democráticamente con una plataforma populista y el apoyo del Partido Unión Revolucionaria Comunista (luego llamado Partido Socialista Popular). Dos dirigentes comunistas, Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez, fueron nombrados ministros sin cartera.
En 1944, Batista le entregó el poder a Grau, electo presidente, su enemigo político. Carlos Prío ganó las elecciones en 1948. Fue el último presidente legítimo de Cuba. El 10 de marzo de 1952, a tres meses de unas elecciones en las que el candidato Batista iba detrás en las encuestas, y nuevamente con el apoyo de Washington, este dio un golpe de Estado e inició su segunda dictadura —y tercera del país—, que duró seis años y nueve meses.
El día de Año Nuevo de 1959, acosado por una rebelión nacional, y ya sin el apoyo de EEUU —que le decretó un embargo de armas a su gobierno—, Batista abandonó el país. Tomó el poder Fidel Castro, jefe del Ejército Rebelde, quien lejos de convocar elecciones como había prometido desde la Sierra Maestra asumió todos los poderes públicos el 16 de febrero de 1959.
Aquel día de febrero fue equivalente al 18 de Brumario (9 de noviembre de 1799), el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte que liquidó al Directorio, el gobierno de la Revolución Francesa. El Bonaparte caribeño estableció la cuarta dictadura militar cubana, que dura hasta hoy.
El diluvio castrista
El daño causado a Cuba y los cubanos por el régimen castrista semeja los efectos catastróficos de un diluvio bíblico letal. Por eso muchos en la Isla incluso "perdonan" a Machado y Batista, con el razonamiento de que los dos fueron sangrientos y represivos, pero no controlaron la vida de cada ciudadano, no empobrecieron al pueblo ni asfixiaron el desarrollo del país. Además, en derramamiento de sangre los Castro fueron más lejos que sus dos colegas.
Sumados los opositores políticos fusilados con los caídos en combate en África, Medio Oriente y Latinoamérica, y los miles de balseros devorados por tiburones o ahogados en el estrecho de la Florida, son decenas de miles las víctimas mortales del castrismo. Machado y Batista mataron y pisotearon los derechos humanos, pero no tocaron a la gallina de los huevos de oro que crea las riquezas en este mundo: el sector privado y la libertad económica de los ciudadanos. Y Cuba progresó.
Los Castro también matan y violan los derechos humanos, pero encima implantaron el comunismo, borraron del mapa al sector privado, expulsaron de la Isla el know how y el capital humano más capacitado, y han destruido el aparato productivo nacional. Para colmo, al retirarse por enfermedad, Fidel no convocó elecciones, sino que le entregó el poder a un hermano.
Continúa así el castrismo, que ha hecho miserable la vida de un pueblo que en 1958 tenía uno de los más altos niveles de vida en Latinoamérica y hoy es uno de los más pobres. No hay nación en Occidente que haya sufrido un desastre socioeconómico, político, tecnológico, humano, cultural, ético y antropológico, como Cuba en el último medio siglo.

mardi 4 mars 2014

El catedrático Piqueras ingresa en la Academia de Historia de Cuba

José Antonio Piqueras

Es catedrático de la Universidad Jaume I de Castellón


El profesor José Antonio Piqueras, catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat Jaume I, ha sido elegido miembro de la Academia de Historia de Cuba en el apartado de académicos correspondientes en el extranjero. La dirección de la academia ha destacado que con este nombramiento «se reconocen las importantes contribuciones a los estudios historiográficos, particularmente en cuanto al conocimiento de la historia de Cuba» del profesor Piqueras.
En octubre de 2010, el Consejo de Estado de la República de Cuba acordó el restablecimiento de la Academia de la Historia de Cuba (AHC), una institución que en su anterior existencia llegó a tener 52 años desde su creación en 1910. La Academia de la Historia de Cuba, como máxima autoridad en la investigación, estudio y promoción de la historia de este país, tiene como objetivo y misión fundamental salvaguardar el legado histórico cubano y para ello cultiva, fomenta, promueve, divulga y verifica el estudio de la historia de Cuba.
José Antonio Piqueras dirige el Grupo de Historia Social Comparada (Unidad Asociada del CSIC) y codirige la revista Historia Social. Es especialista en historia de las relaciones sociales y ha sido profesor en universidades e instituciones españolas y latinoamericanas. Entre otras publicaciones, es autor de Cuba, emporio y colonia. La disputa de un mercado interferido (1878-1895). Sus últimos libros son Bicentenarios de libertad. La fragua de la política en España y las Américas (Península, 2010) y La esclavitud en las Españas. Un lazo transatlántico (Libros de La Catarata, 2012). El año pasado fue elegido presidente de la Asociación de Historia Económica del Caribe (AHEC).

mercredi 5 février 2014

La verdadera cara de Ghandi: bisexual, xenófobo y cruel

Una nueva biografía desvela la cara menos conocida de Mahatma Gandhi... enamorado del arquitecto judío alemán.


El ganador de un Pulitzer Joseph Lelyveld se planteó descubrir quién era la persona que se escondía detrás del personaje de Gandhi. Y desde luego, lo ha conseguido. En el libro Great Soul (Gran alma) indaga en la vida privada de ese pacifista indio al que le gustaban más los judíos alemanes que las mujeres desnudas. En concreto, su gran amor fue el arquitecto y fisioculturista alemán, Hermann Kallenbach


El Wall Street Journal presenta a Gandhi como "un bicho raro sexual, políticamente incompetente, de ideas implacablemente racistas, e incesante promotor de sí mismo". The New York Times concede gran credibilidad a su autor, ya que :"Lelyveld está especialmente calificado para escribir sobre la carrera de Gandhi a ambos lados del Océano Índico. Él cubrió Sudáfrica para The New York Times, y pasó varios años en la década de los 60 reportando desde la India. Él tiene el sano escepticismo de un reportero".

En definitiva, el libro de Lelyveld viene a confirmar que Gandhi era el arquetipo del intelectual progresista del siglo XX. Que profesaba su amor por la humanidad como concepto pero, en realidad, despreciaba al ser humano como individuo.

Lo más jugoso llega al revelarse algunas de las frases que el pacifista le dedicaba a su amante, al que conoció en Sudáfrica y del que se enamoró perdidamente. Tanto, que llegó a abandonar a su esposa en 1908. No obstante, su amor no llegó a buen puerto: Kallenbach y Gandhi vivieron juntos dos años en Sudáfrica, pero se vieron obligados a separarse a causa de la Segunda Guerra Mundial. Gandhi regresó a la India y a Kallenbach se le negó la entrada al país por el conflicto bélico.

La biografía cuenta que, a pesar de todo, siguieron en contacto por carta, donde el pacifista le confesó que consideraba a su ex esposa "la mujer más venenosa que he conocido".

En otro fragmento del libro, le escribe: "Tomaste completamente posesión de mi cuerpo. Esto es una esclavitud vengativa". Según el autor, Gandhi se había rebautizado "Cámara Alta" y a Kallenbach le decía la "Cámara Baja", y le había hecho prometer al fisicoculturista que no "mirara a ninguna mujer con lujuria". "No puedo imaginar una cosa tan fea como la relación de los hombres y las mujeres", dijo una vez a Kallenbach.
Pero hay otra relación aún más turbia, que narra el libro: la mantenida con su sobrina, de 17 años, cuando él sumaba 70. Él, desnudo, la abrazaba todas las noches.

Todo ello, en contradicción directa con la historia oficial. Esta cuenta que Gandhi se convirtió en un 'brahamachari' (célibe) cuando tenía 36 años. Como brahamachari, que normalmente se esperaba que evitaran todo contacto con las mujeres, sin embargo dormía con ellas. Entre los que dormían con él siempre se ha mencionado a Sushila Nayar, Kriplani Sucheta, Abha y Manu. 

Por otro lado, el libro de Lelyveld, también siembra dudas sobre el humanismo de Gandhi al subrayar sus comentarios xenófobos durante sus años en Sudáfrica a comienzos del siglo XX.

"Podíamos entender no estar clasificados con los blancos, pero situarnos al mismo nivel que los nativos sudafricanos era permitir demasiado. Kaffirs (como llama a los nativos de color de Sudáfrica) son por norma incivilizados. Son problemáticos, muy sucios y viven como animales", reseña Lelyveld en su biografía.