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mardi 24 juin 2014

El derecho a decidir desde la distancia

Ignacio Oliveras

Publicado: 23/03/2014 10:56

Hace poco uno de los lectores habituales de este blog (es decir, un pariente) me pidió que escribiera algo sobre lo que está pasando en Cataluña, aduciendo que puesto que yo he viajado sería interesante saber lo que pienso sobre el asunto. El lector en cuestión, que por cierto vive hoy expatriado en Chile, es contrario a la independencia y creo que anticipa que porque yo he viajado lo soy también.

No se equivoca, aunque el hecho de haber viajado no presupone gran cosa -por no decir que nada- sobre la posición que pueda uno tener en este asunto. Por poner un ejemplo conocido, el escritor y periodista de La Vanguardia Quim Monzó, hijo como yo de una andaluza y que vivió en Nueva York en sus años mozos es un independentista sin matices, y hay otros tantos como él.

Hace casi un año y medio escribí ya algo sobre este tema y mi posición no ha cambiado sustancialmente. Además otros blogueros escriben muy bien y casi en exclusiva sobre el asunto, por lo que no hay mucho que pueda añadir yo. Acabo de pasar sin embargo un corto período de tiempo en Amberes, principal ciudad de Flandes, donde la cuestión de la independencia domina el debate político de forma similar a como ocurre en Cataluña, por lo que quizás pueda plantear algunos paralelismos no carentes de interés.

Aunque los porcentajes varían sustancialmente en función de cómo se realice la pregunta, parece que la mayoría de catalanes apoyarían la celebración de un referéndum de autodeterminación pero la cosa está bastante más reñida en lo que respecta a una pregunta que plantee directamente y sin ambigüedad la independencia de Cataluña. De hecho, si se celebrarse un referéndum con una pregunta clara probablemente éste se decidiera por el canto de un duro, como ocurrió en Quebec en 1995.

Los independentistas catalanes defienden que un referéndum de este tipo sería un ejercicio democrático innegable, y si uno escucha un debate en Catalunya Ràdio o medios por el estilo lo que se ha dado en llamar dret a decidir parece que sea una especie de ley natural e innegable, lo cual me resulta bastante irritante. El derecho a decidir es una metonimia del derecho de Cataluña a decidir ser independiente y que es usada interesadamente para intentar desacreditar no sólo a quiénes están en contra de la celebración de un referéndum, sino a quienes tenemos una opinión matizada con respecto al mismo como pueda ser mi caso: a todos se nos etiquetará como contrarios al derecho a decidir.

Sin embargo, yo estoy a favor del derecho a decidir (de las mujeres a interrumpir un embarazo durante las primeras 14 semanas) y no estoy a favor del derecho a decidir (de los ciudadanos de Solsona a reinstaurar la pena de muerte en su municipio). Que Cataluña deba pronunciarse mediante un referéndum sobre si debe ser independiente o no es una cuestión debatible y es perfectamente defendible, y los catalanistas que apoyan la moción lo hacen de forma pacífica por lo que recurrir a comparar a nacionalistas catalanes con los nazis como la caverna hace recurrentemente está fuera de lugar. La comparación con los nacionalistas eslovacos, quebequenses o flamencos es en cambio perfectamente pertinente.

Sobre la celebración de un referéndum el Gobierno apela a la Constitución, que en 1978 fue votada por los catalanes con tanto o más entusiasmo que por el resto del censo, si bien es cierto que en 2006 se votó en similar medida a favor de unEstatuto de autonomía que reclamaba mayores competencias y del que 14 artículos fueron declarados inconstitucionales. Mal que les pese por lo tanto a muchos catalanes, la Constitución en vigor dice que la soberanía reside en la Nación española.

El concepto de soberanía es posiblemente una ficción de un calibre semejante aldret a decidir, pero al contrario de éste tiene la virtud de ser reconocido internacionalmente. Estaría bien saber cómo regularía una hipotética Comisión Constitucional de Cataluña el derecho a decidir de una de sus partes (pongamos el Valle de Arán), pero no creo que fuera muy innovadora en ese sentido y probablemente dictaminara simplemente que la soberanía reside en la Nación catalana.

Siendo el marco legal actual el que es, el PP defiende que si se celebra un referéndum éste debe celebrarse en toda España. A los independentistas catalanes esto les parece un sinsentido, pero hoy por hoy es la única opción legal y esto es irrefutable. Además, no es en absoluto tal sinsentido; tomemos el ejemplo de Bélgica. Flandes, la región norte del país, puede esgrimir su derecho a la autodeterminación con tanta o mayor razón que los catalanes: tienen una lengua propia y una historia con agravios similares a los que los catalanes hemos sufrido -su lengua estuvo excluida de la educación secundaria y superior demasiado tiempo ya que durante la primera mitad de su existencia el francés fue la única lengua oficial en Bélgica, y los flamencos estaban sistemáticamente infrarrepresentados entre los altos funcionarios, etcétera-.

Existe una diferencia importante, sin embargo, entre Cataluña y Flandes: los flamencos son mayoritarios en Bélgica. Si transponemos la realidad belga a España sería algo bastante similar a que todas las comunidades del norte quisieran independizarse de Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia, Andalucía y Canarias, siendo Madrid una especie de ente intermedio. Si el norte decidiera independizarse por voluntad mayoritaria de sus ciudadanos, ¿sería ello un acto democrático o bien lo contrario? En mi opinión ello sería la imposición pura y dura de una mayoría sobre una minoría. La mayor parte de los flamencos, de forma pragmática, parecen entenderlo así también y descartan escenarios de ruptura unilateral.

Por cierto, aunque los independentistas están mucho más organizados y hacen oír mucho más su voz, tanto en Cuba como en Portugal existen movimientos reintegracionistas que proponen una reunificación con España, muy minoritarios pero que personalmente me despiertan simpatía.

En lo que se refiere a la celebración de un referéndum en Cataluña, como en otras tantas cosas, no coincido con el PP, y creo que sería bueno convocarlo. Y si Cuba o Portugal decidieran convocar un referéndum pro integración con España me parecería igualmente estupendo. Ahora bien, que dichos plebiscitos fueran vinculantes para España (o para el resto de España en el caso de un referéndum catalán) sin que la mayoría de españoles tuvieran nada que decir al respecto me parece tan poco razonable como que los flamencos decidieran independizarse unilateralmente.

Si en el último año y medio hay algo que ha quedado claro es que la UE no va a poner las cosas fáciles para la integración de una Cataluña independiente en su seno, lo que tiene todo el sentido del mundo puesto que el separatismo es contrario a los fines de la unión. Ante tal escenario, Mas podría admitir que la independencia bien vale una salida de la UE, pero no lo hace porque las encuestas indican que con una salida de la UE el no vencería, como parece que ocurrirá en Escocia.

Con una mala fe que me parece evidente, Mas pretende que es posible conseguir una doble pirueta: independizarse de España (unilateralmente) e integrarse en la UE (unilateralmente) como miembro de pleno derecho. Seriamente, ¿alguien se lo cree? En mi opinión, y con suerte, una Cataluña unilateralmente independientesería reconocida por Kosovo, Abjasia y un puñado de países más si la Generalitat mejora sus dotes diplomáticas.

Y mucho tendrían que mejorar, porque la lucha por la libertad de los catalanes no se parece en nada al movimiento por los derechos civiles de los años 50 liderado por Martin Luther King, una comparación de Mas que delata su falta de miedo al ridículo. Se parece, en cambio, y mucho, al nacionalismo flamenco liderado por el alcalde de Amberes, que saltó a la palestra política en 2005 orquestando una especie de performance al frente de un convoy de 12 camionetas que según él representaban los vehículos que serían necesarios para transportar en billetes de 50 euros las transferencias que Flandes realiza a Valonia cada año. La solidaridad internacional a la que Mas puede aspirar, lamentablemente para él, es más bien poca.

lundi 5 mai 2014

Las naciones de la América española hijas de una guerra civil

Las naciones de la América española son producto de las guerras civiles que se produjeron en la Monarquía Hispánica cuando Napoleón secuestró al Rey de España. De esas guerras civiles surgirán las repúblicas hispanoamericanas.

Tomás Pérez Vejo habla de su libro Elegía criolla. Una reinterpretación de las Guerras de Independencia Hispanoamericanas

vendredi 17 janvier 2014

Gordillo dice que "Andalucía no es España" y exige un proceso soberanista

El partido que lidera dice que Andalucía es "una de las naciones europeas más antiguas" y que "seguirá existiendo tras la caída del Estado español".

El Colectivo de Unidad de los Trabajadores-Bloque Andaluz de Izquierdas (CUT-BAI), formación integrada en IULV-CA que lidera el parlamentario Juan Manuel Sánchez Gordillo, celebra este domingo en Sevilla su IV Congreso, donde debatirá un documento político en el que reclama un "proceso constituyente" en Andalucía como "expresión política de independencia" porque defiende que "Andalucía no es España, existió antes de que se configurara el Estado español y seguirá existiendo tras su caída".
Doscientos delegados en representación de 3.000 militantes del CUT-BAI participarán en el cónclave que, bajo el lema "Andalucía, soberanía para la libertad", dará luz verde a un documento, consultado por Europa Press, en el que se define a Andalucía como "una de las naciones europeas más antiguas", se señala que "se configuró como estado independiente en varias ocasiones, destacando las etapas deTartessos y Al-Andalus", y se reivindica la "singularidad, historia y cultura común de muchos siglos legitiman al pueblo andaluz para ser sujeto político de su propia soberanía".
"No nos falta historia, nos falta conocimiento de nuestra historia. Andalucía no es España, existió antes de que se configurara el Estado español y seguirá existiendo tras su caída", añade el texto elaborado por el CUT-BAI, que lamenta que "la conquista española que duró ocho siglos truncó el renacimiento cultural andaluz y generalizó el latifundismo, que sigue representando hoy una de las grandes trabas para el progreso de Andalucía".

Andalucía, una "nacionalidad histórica"

Ya en referencia al siglo XX, el documento destaca que Andalucía es una "nacionalidad histórica como la que más" con base en el "andalucismo histórico" planteado desde la Asamblea de Córdoba de 1919, critica que la "identidad andaluza fue sustraída" tras la Guerra Civil "para asimilarla a la España nacional católica" y que con posterioridad Andalucía "fue víctima del apaño de la Transición donde las cúpulas de la izquierda reformista -PSOE, PCE, UGT y CCOO- pactaron con las residuos del franquismo la reforma del régimen".
"Andalucía ha llegado al siglo XXI como un territorio subdesarrolladoen lo económico, sometido a los poderes políticos de la UE y del Estado español y alienado en lo simbólico-cultural y no puede salir de la situación en la que se encuentra bajo el doble yugo de la UE y del Estado español", añade el CUT-BAI, que apuesta por "construir un futuro propio junto al resto de los pueblos del Mediterráneo por fuera del euro y de la UE, por fuera de la esclavización española y por ello exigimos el derecho de soberanía para que sean sólo y únicamente los andaluces los que en cada momento decidan su futuro".

lundi 2 septembre 2013

Vergüenza nacional

"Este país es nuestro porque nacimos en él y por esa razón tenemos derecho a dirigirlo de la manera que nos dé la gana sin que venga Madrid a meterse en nuestros asuntos. España nos roba."
 ¿Cataluña 2013?  No, Cuba 1895.

Las actuales tribulaciones a las que se enfrenta el ejecutivo (además de la de la crisis económica) con respecto a las veleidades independentistas de una parte del territorio nacional ya se produjeron antes en la historia reciente de este país. Resulta curioso como ningún sesudo analista "oficial" se ha percatado de tales similitudes que saltan a la vista.

Las razones de este olvido son evidentes. En 1898 los responsables del Desastre coincidieron ideológicamente con el análisis de los intelectuales de la época,* que llamando al “Regeneracionismo” de país, diluyeron la responsabilidad de unos pocos en la masa de la Nación. La suerte de este concepto, dentro y fuera de España, alentado ciertamente por grandes pensadores, pero animado y sostenido en su raíz por los medios de prensa que controlaban los verdaderos culpables, contribuyó, no sólo a una percepción errónea de las Guerra de Cuba durante la segunda mitad del siglo  XIX, sino al olvido posterior de aquellos hechos hasta el día de hoy.

En Cuba no todos los cubanos eran insurrectos. Una mayoría de ellos no creía en la solución independentista y abogó pacíficamente para que se introdujeran cambios que contentasen a todas las fuerzas políticas presentes dentro de la isla. Tampoco todos los peninsulares establecidos allí estaban por la asimilación completa, defendida por la oligarquía comerciante, reacia a compartir con los demás grupos, criollos y libertos principalmente, siquiera una parcela de su poder político y económico impuesto en 1824 por Fernando VII, cuando acordara a los capitanes Generales el poder omnímodo sobre la vida y hacienda de los residentes en las provincias ultramarinas.

El triunfo de los independentistas apoyados por los Estados Unidos cambió la injusta relación de fuerzas existente, pero no significó para nada un adelanto democrático para la isla. La creación de la República Mambisa impuso la dominación de una minoría (los insurrectos) sobre la mayoría (autonomistas, peninsulares no unionistas y otras minorías entre las que se encontraban los negros y los chinos). Todo el desparpajo republicano que se produjo hasta 1959, fue una causa directa de la “solución” impuesta por los Estados Unidos, responsables in fine del actual desastre cubano.

La guerra de Cuba no fue una guerra separatista, fue una guerra civil, en Cuba no había minorías originarias reclamando una nación oprimida. Allí vivían sólo españoles (incluyendo a los negros que poseían la nacionalidad de sus dueños hasta la abolición). No llamarla desde el comienzo una Guerra Civil, como las que se produjeron en la península, justificaba las atrocidades sin nombre, cometidas por los militares de carrera y voluntarios peninsulares contra sus pobladores, que como españoles al fin, tenían la potestad de reclamar, como lo hicieron muchos de ellos, pacíficamente, la igualdad de los derechos civiles que les negaban absurdamente otros españoles.** Una injusticia sin nombre que se cometió durante todo el siglo XIX hasta el 25 de noviembre de 1897, con el beneplácito de los dirigentes nacionales, que privilegiaron en todo y por la violencia institucional, los intereses de unas minorías, negando sistemáticamente los cambios políticos necesarios para garantizar la cohesión nacional y el bienestar de la mayoría.


 Si en Cataluña vencieran los separatistas (declarando unilateralmente la independencia, por ejemplo) se estarían reproduciendo exactamente los mismos hechos que en 1898; es decir, triunfaría en aquel territorio por medio de la violencia una parte de la población sobre otra. Más o menos como sucede actualmente con el idioma, pero esta vez sin la posibilidad de optar legalmente por otras soluciones comunicativas. Los perdedores quedarían sin recurso alguno y a la merced de las nuevas reglas que les impondrían los vencedores, tal y como ocurrió en Cuba.


Los actuales gobernantes deberían ponerse rápidamente a estudiar la historia de nuestra nación para con valentía, reorganizar el estado en consecuencia. Favoreciendo en primer lugar, la consulta plebiscitaria en Cataluña, el País Vasco y todos los demás “pueblos” españoles que así lo deseen; en segundo lugar, por equidad elemental y por Memoria Histórica, abrir la Federación española que resulte de ese plebiscito a Cuba y a Puerto Rico; que luego esos dos pueblos españoles (abandonados hace 115 años a su suerte, no como resultado de una derrota militar, como se nos ha hecho creer, sino por la desidia, la avaricia y la ceguera de los que hoy como ayer nos engañaron a todos), hagan lo que quieran con esa mano tendida. Al menos se haría justicia.

Notas: (todas las citas son del general Enrique Collazo)

Los escritores españoles han estado poco afortunados en sus trabajos, porque mientras más poderoso es el contrario, más disculpable es la derrota.

** Cuba era un Ingenio, donde venían a refaccionar sus fortunas los holgazanes de Madrid arruinados por el vicio.

samedi 24 août 2013

Crisis de identidad

PARIS, Francia, agosto, www.cubanet.org -La esquizofrenia cubana actual tiene su origen en lo desacertado e incongruente de su propuesta libertaria originada en 1868. Los actuales estudios históricos sobre la independencia de América, apuntan más a una confluencia de intereses económicos foráneos y privados locales que a sinceras reivindicaciones políticas.

El caso de Cuba es un ejemplo típico de coincidencias egoístas, de colusión, diríamos hoy, entre las élites de las dos orillas, encaminada a apoderarse del poder y, en consecuencia, de la riqueza nacional en su propio beneficio.

Sin ir más lejos, el “padre del patria” Carlos Manuel de Céspedes inicia su gesta de Yara cubierto de deudas. El negocio de la guerra de independencia resultó mucho más lucrativo para él y su familia que toda su capacidad empresarial; es conocido que el “impuesto revolucionario” (sin cuyo pago sus propiedades serían destruidas) exigido a los propietarios de la región Oriental, contribuyó enormemente al traspaso de la riqueza por medio de la violencia en aquellas regiones.

Fidel Castro no subvirtió el orden legal en 1959, ya se había hecho un siglo antes por lo primeros revolucionarios cubanos. La idea matriz de la rebelión de Yara consistía en afirmar que nacer en Cuba nos hacía diferentes de nuestros padres y, que por esa razón, más que merecerlo, teníamos derecho a crear un país diferente, no sólo no se sustenta desde el punto de vista lógico, sino que construye una verdadera aberración psicológica. El asesinato simbólico de la Madre Patria, perpetrado en 1868 trajo gravísimas consecuencias aún no resueltas en la estructura psíquica nacional. En Cuba no se decapitó a un Rey con nombre y apellidos, símbolo palpable de un orden odioso, se extirpó (o al menos eso se pretendía) de las conciencias la identidad española.

La actual crisis de identidad en España desencadenada por los nacionalistas catalanes se justifica con los dos mismos argumentos levantados en su día por los criollos cubanos: España nos roba y aquí somos catalanes y no españoles.

Si bien en el caso de Cuba la situación era más confusa, dada la realidad geográfica, la situación puede resumirse de la misma manera. La propaganda levantada en Cataluña para probar ambos argumentos y justificar la autodeterminación, se parecen punto por punto a los esgrimidos hace 115 años por los revolucionarios cubanos y tienen hoy la misma legitimidad que aquellos. Valga señalar que la estúpida respuesta del Estado español fue y sigue siendo la misma en ambos casos: la integridad del territorio nacional y la preservación de éste cueste lo que cueste.

De hecho a finales de 1898 “El PNV (Partido Nacionalista Vasco) observará la independencia cubana como el preludio de la desmembración hispana, incluso Arana felicita a EEUU por la victoria. En Cataluña, Prat de la Riba encabezará un movimiento tendente a obtener una Mancomunidad para Cataluña que desequilibrará la política de la Restauración de las primeras décadas del siglo XX.”

La gesta independentista criolla fue construida por los ganadores de la República Mambisa y sus ideólogos con el fin de justificar lo injustificable en el imaginario nacional. La culpabilización de la nación española en su totalidad por la llamada “Generación del 98” estuvo encaminada (y fue alentada) por los verdaderos culpables de la fragmentación del territorio, es decir los mismos que lucraron con la(s) guerra(s) y se beneficiaron durante años de las ventajas de un mercado cautivo en Cuba Puerto Rico y Filipinas para nada interesados en perder sus privilegios.

La situación de Cuba hoy no puede comprenderse a cabalidad sin hacer un trabajo serio de memoria histórica, los cubanos tenemos que poner las cosas en su sitio, en pocas palabras, salir de la dicotomía América o el caos, si deseamos de veras erigirnos algún día como nación independiente y soberana.