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jeudi 13 mars 2014

Los autonomistas y la guerra de Martí

Rafael E. Tarrago / El Nuevo Herald, marzo 17, 2003.

Desde hace años, la ideología y la actuación de los autonomistas que rechazaron la guerra en Cuba en 1895 decretada por Martí han sido reevaluadas positivamente por historiadores desapasionados. En 1971 Hugh Thomas publicó su libro sobre Cuba, en el que concluye que la autonomía concedida por España en 1898 hubiese sido la mejor vía para que Cuba llegase a ser verdaderamente independiente. Su tesis fue corroborada por J. M. Oglesby en artículo publicado por la revista The Americas en 1992. En Cuba ya Raimundo Menocal y Cueto había llegado a esa conclusión en 1947, cuando publicó en La Habana su obra de dos volúmenes Origen y desarrollo del pensamiento cubano, donde dice que las reformas descentralizantes concedidas a los cubanos en febrero de 1895 llamadas la Ley Abarzuza eran el principio del fin de la dominación española y hacían la guerra de Martí un conflicto innecesario. Desde 1878 Cuba no estaba bajo estado de sitio y para 1895 gozaba de libertades civiles como asociación, expresión y movimiento. La guerra de Martí cambió todo eso.

En un principio la rebelión de febrero de 1895 no encontró mucho apoyo, y los desmanes de los mambises en su invasión del occidente (como cantaban en su himno invasor, ''Cuba se acaba o redime, incendiada de un fin a otro fin'') causaron una reconcentración de campesinos antes de que el general Weyler fuese enviado como gobernador en 1896 con sus notorios bandos de reconcentración de los campesinos de occidente.
En su libro Facts and Fakes about Cuba (Nueva York, 1897), George Bronson Rea lo corrobora. El periodista afrocubano don Martín Morúa Delgado condenó en sus inicios la rebelión, negando el infundio de que era una guerra de negros en su periódico La Nueva Era el 6 de junio de 1895.

De los desmanes de los rebeldes sabemos por su propio testimonio. Ese es el caso con Aníbal Escalante Beatón, asistente del general Calixto García, quien ufano compara las hazañas de sus compañeros en armas a las campañas de Atila y sus hunos en el imperio romano en su libro de memorias de la guerra Calixto García: su campaña en el 95 (La Habana, 1946). En una carta al coronel Andrés Moreno desde Sancti Spiritus el 6 de febrero de 1897, Máximo Gómez, el Generalísimo, narra cómo durante su campaña de incendio y destrucción ''cuando la tea empezó su infernal tarea y todos aquellos valles hermosísimos se convirtieron en una horrible hoguera, cuando ocupamos a viva fuerza aquellos bateyes ocupados por los españoles, aquellas casas palaciegas, con tanto portentoso laberinto de maquinarias... hubo un momento que hasta dudé de la pureza de los principios que sustentaban la revolución... Mas... cuando puse mis manos en el corazón adolorido del pueblo trabajador y lo sentí herido de tristeza... tanta miseria material... entonces yo me sentí indignado y profundamente predispuesto en contra de las clases elevadas del país y en un instante de coraje... exclamé: bendita sea la tea''. (Máximo Gómez, Ramón Infiesta, p. 180).

El gobierno español perdió fuerza moral y provocó apoyo hacia los rebeldes con su represión bajo Weyler, pero autonomistas como Rafel Montoro tenían motivos para dudar que los rebeldes eran hombres capacitados para fundar una Cuba independiente que no fuera una copia de las repúblicas militares de Centro y Suramérica. Es probable que se dijeran que para militares bien se podían quedar con los españoles, a quienes siempre se podía sacar por medio del gobierno de Madrid. Y tenían razón, porque militares fueron tres de los cinco primeros presidentes de Cuba (José Miguel Gómez, García Menocal y Machado) y de los civiles el honesto Estrada Palma fue impuesto por el Generalísimo Gómez (y el gobernador angloamericano Leonardo Wood) y el presidente Zayas fue deshonesto a un grado mayor que sus predecesores o sus sucesores.

Es curioso que autonomistas como Montoro y Eliseo Giberga eran respetados en el campo rebelde. A Montoro no lo consideraba traidor a la patria el teniente coronel Villuendas, quien en su campamento de Las Villas en 1897 le dijo a Orestes Ferrara que Montoro sería uno de los hombres de importancia en la República por su talento y equilibrio mental. (Ferrara: Mis relaciones con Máximo Gómez, 1942). Eliseo Giberga fue diputado a la convención que redactó la primera constitución. Intelectuales separatistas como Sanguily y Varona mostraron el mayor respeto por su integridad y patriotismo, quizás porque sabían que en 1895 la idea de una república independiente estaba representada en menos de la tercera parte de la población (así era en 1898, como Frank Fernández dice en La sangre de Santa Agueda, Miami, 1994).

El hecho es que en octubre de 1897 Weyler fue relevado de su mando y el mes siguiente Cuba recibió la autonomía y se estableció en ella el sufragio universal masculino. En su artículo Race, Labor, and Citizenhip in Cuba: A View from the Sugar District of Cienfuegos, 1896-1909, revista HAHR, 1998 (pp.687-728), Rebecca Scott admite que hubo participación popular en las elecciones del gobierno autonómico cubano en abril de 1898. En 1905 el veterano del Ejército Libertador Enrique Collazo decía en Los americanos en Cuba que el gobierno autonómico había sido un ensayo beneficioso para Cuba y los hombres que lo plantearon hicieron cuanto bien pudieron. En palabras de Collazo, "la guerra en el intervalo de su mando cambió de aspecto, humanizándose todo lo posible... los reconcentrados encontraron en ellos verdaderos protectores... y al volver a sus hogares, en su mayoría pobres, pudieron tener la satisfacción del deber cumplido''.

Desafortunadamente, Máximo Gómez y Calixto García, en vez de pactar en 1898 con sus compatriotas autonomistas, cooperaron con el gobierno de los Estados Unidos en su guerra contra España. Así se dio el caso irónico de que la guerra que Martí organizó y comenzó para obtener la independencia completa de Cuba causó la destrucción y la enajenación que tres años más tarde entregaron ésta atada de pies y manos a los Estados Unidos.

Bibliotecario iberoamericanista de la Universidad de Minnesota, Minneapolis.

mercredi 12 mars 2014

Contra la Historia de Cuba: la politización del autonomismo

Desde hace ya algún tiempo, el autonomismo, corriente política de la centuria decimonónica cubana, se ha convertido en un tema de interés en la producción historiográfica española, y también ha pasado a ser tópico predilecto para algunos elementos hostiles al proceso revolucionario cubano actual. Sin embargo, entre los primeros y los segundos existen diferencias marcadas, pues en los autores españoles, a pesar de que podemos discrepar con muchas de sus hipótesis, y percibir en algunos de sus criterios cierta carga política adversa al sistema político de la Isla, se observa seriedad investigativa, nada comparable con los epidérmicos y extremadamente politizados análisis de ciertos detractores de la Revolución Cubana.

mardi 3 décembre 2013

Rafael de Labra y l´autonomía cubana

Un periódicu de la isla ofrecía: "Por saca-y los güeyos, 100 pesos; por parti-y el corazón d'una puñalada, 500"

07.11.2013 | 01:42
Rafael de Labra y l´autonomía cubana
Rafael de Labra y l´autonomía cubana

Rafael María de Labra Cadrana nació en L'Habana'l 12 de setiembre de 1841. Yera fíu de Ramón María, natural de Cangues d'Onís, y de Rafaela, natural de Xixón. So güelu maternu yera militar en Cuba y la familia marcha a la mayor de Les Antilles. Siendo ñeñu vien a Cádiz y Madrid, en cuya Universidá se llicencia en Filosofía y Lletres, y n'Uviéu de Derechu, siendo abogáu en 1860. Destaca pola so oratoria, y escribe "n'El Contemporáneo" y "La Discusión", y collabora na revista "Hispanoamericana", onde propón l'autonomía de Cuba.
Fue un gran activista de la Sociedá Abolicionista Española, fundada en 1865 por un grupu de peninsulares y antillanos, siendo presidente de la entidá ente 1868 y 1876; disolviose definitivamente en 1888 cuando se llogró erradicar la esclavitú n'España. Esta actitú clara que mantuvo en relación al abolicionismu tréxo-y grandes enemistaes en Cuba, inclusu un periódicu integrista abrió una soscripción pa premiar a quien llograse aniquilalu primero: "Por saca-y los güeyos, 100 pesos; por parti-y el corazón d'una puñalada, 500; por arrastralu, 1.000".
En 1871 fue escoyíu diputáu a Cortes por Infiestu, sin pertenecer a nengún partíu políticu, lo que-y permite actuar con gran independencia y llibertá, y consigue que s'apruebe nada menos que la llei d'abolición de la esclavitú por aclamación. En 1876 ye un de los fundadores de la Institución Llibre d'Enseñanza, de la que llega a ser reutor.
Labra defínese como republicanu independiente y, sobre tou, como autonomista, si bien darréu ingresó nel Partíu Centralista Republicanu, dirixíu por Salmerón.
Fue representante de Cuba nuna dómina difícil de tensiones y guerres. En 1871, cuando preparaba la so candidatura pa les nueves elecciones per Asturies, recibe la invitación de los reformistes portorriqueños qu'acepta deseguida. La carencia de representantes cubanos y la consideración de que les tesis portorriqueñes conveníen a la causa cubana emburriolu a presentase a les elecciones d'ultramar, siendo xefe de grupu nuna etapa hiperactiva.
Durante los próximos años el marxen de maniobra de los reformistes y lliberales ye escasu. Tres el tensu períodu de paz que trae'l Tratáu de Zanjón, cuyos acuerdos defende sin munchu ésitu Labra -lo que-y creó la enemistá con la mayoría conservadora cubana-, ingresa nel Partíu Autonomista, que col tiempu llamose Partíu Lliberal Autonomista.
Esti partíu plantea la idea autonomista como forma de resolver el conflictu en base a una modificación llegal que-y diese un ciertu autogobiernu al territoriu, y una serie de midíes aduaneres fundamentales que-y quitaría a España la supremacía nel comerciu cola isla.
Cuando n'España la guerra de 1895 a 1898 los autonomistes yeren verdaderos apestaos y les sos files menguaron enforma: unos incorporáronse a la nómina independentista, otros marcharon al exiliu... y dalgunos resistieron. A Rafael María de Labra vinieron-y delles de les mayores crítiques de los sos compatriotes asturianos, asina'l carlista Nicolás Rivero acusábalu de vender a España naquella dómina clave de Cuba, y Carlos Ciaño Canto, na so obra "Tipos y topos", ataca a Labra pola so postura sobre la esclavitú:
Labra, don Rafael María de
Le dieron los esclavos buen dinero,
y cuando el mundo entero
lanzó, lleno de enojo, el grito santo,
contra tanto baldón y escarnio tanto,
dijo alzando la cruz de la conquista:
"Soy abolicionista
porque es la libertad del hombre encanto.
¡Muera la esclavitud, viva el progreso!"
(Éste se comió el pan... y saca el queso).
Sin embargu, ente los españoles de la dómina Ciaño ve a una xente que ta a l'altura de los acontecimientos:
Arcos, don Ángel
Voluntarios: nuestra enseña
es noble, gloriosa, santa...
Si alguien el grito levanta
no andar con reparos, ¡leña!
A los autonomistes temíalos el "apóstol" de la revolución cubana, José Martí, y a ellos fueron bona parte de los esfuerzos. Resaltó Martí que los autonomistes qu'ingresaron nes llistes de la independencia, pero nun dixo nada de los miembros del Exércitu cubanu que se pasaron a la parte española: el brigada de Trinidá, Juan Masó Parra, los tenientes coroneles Benito Socorro y Rosendo García y los comandantes Victoriano Gómez, Marcelino Díaz y José Sánchez Agromonte y otros de menor graduación. Tamién volvieron exiliados cubanos en distintos países.
N'octubre de 1897 les autoridaes españolas piden al Partíu Autonomista que forme Gobiernu. Establezse rápidamente, siendo José María Gálvez el presidente, y la nueva Constitución autonómica aparez na "Gaceta" de L'Habana el 20 de diciembre. Labra nesi momentu representaba l'autonomía en Madrid.
En menos d'un añu foron munches les decisiones autonómiques averaes a los intereses cubanos, pero llegó tarde: en 1898 acabábase la guerra y los sos esfuerzos quedaron en nada. Rafael de Labra -que sería acusáu de ser un mal español- rechazaría una invitación de los cubanos pa dir a la isla d'esta manera:
"Por español fui autonomista; quixi evitar a la mio patria un gran dolor; tolos mios esfuerzos fueron inútiles (...). Yo nací español y español morreré".
En 1913 fue nomáu fíu adoptivu d'Uviéu, ciudá na que vivió -concretamente n'Abuli-, onde mandó construir una magnífica quinta d'indianos, tresformada un sieglu dempués en lluxosu restaurante que lleva'l so apellíu De Labra.
Morrió en Madrid el 16 d'abril de 1918, mientres ocupaba la presidencia del Atenéu.