Affichage des articles dont le libellé est Máximo Gómez. Afficher tous les articles
Affichage des articles dont le libellé est Máximo Gómez. Afficher tous les articles

vendredi 27 février 2015

Un “mercenario” desinteresado

Réplica al artículo “Las grandes mentiras de nuestra historia común” –publicado en Cubanet–, que afirma que en Cuba “no hubo guerra de Independencia”, califica a Máximo Gómez de “mercenario” y dice que “los cubanos construyeron una República cimentada en la mentira”

maximo-gomez-revolucion-cubanaLA HABANA, Cuba.— Con motivo del Aniversario 120 del 24 de febrero, “Fernando Núñez” ha publicado en CubaNet un trabajo titulado “Las grandes mentiras de nuestra historia común”. No sé si el nombre es real o un simple seudónimo. El sitio-web no divulga la imagen del personaje, ni tampoco una biografía que nos diga —al menos— dónde nació.
Por el contenido de su artículo, cabe barruntar que se trate de un peninsular. De manera paladina afirma que “no hubo guerra de Independencia”; da por indiscutible que el conflicto “empezó en el poblado de Baire”. Es evidente que desconoce los estudios más serios sobre este tema, como también el trabajo divulgativo recién publicado en este mismo órgano por el abogado Roberto de Jesús Quiñones Haces, quien de manera argumentada alude al “mal llamado Grito de Baire”.
El autor, al referirse a la efeméride, menciona la existencia de una supuesta “euforia patriótica” en la Isla (que yo, por desgracia, no he percibido en parte alguna) y alude a “la apatía española”. Aparte de hacer una serie de afirmaciones muy discutibles como ésas, emplea un calificativo que —debo confesarlo— jamás esperé ver en un órgano cubano (como sin dudas lo es CubaNet). Afirmo esto porque Don Fernando tuvo la increíble desfachatez de tildar ¡nada menos que de “mercenario”! a Máximo Gómez.
Me pregunto: ¿En base a qué elementos emplea ese término peyorativo? ¿Qué fundamento tiene para hacer una calificación tan negativa? No se tienen noticias de que el ilustre dominicano haya cobrado un solo centavo por los destacadísimos servicios que prestó a su patria adoptiva (que es lo que justificaría insultarlo de ese modo). Si algo pudo recibir como pago por sus esfuerzos fue lo que le auguró el Apóstol Martí: “la ingratitud probable de los hombres”.
La falta de ambiciones mezquinas del General en Jefe del Ejército Libertador, se pone de manifiesto en un hecho irrebatible. En las elecciones de 1901 nadie hubiera podido discutirle la Presidencia de la República. Los autores de la Constitución incluyeron en ésta un precepto consagrado a permitirle aspirar a ese alto cargo. Pero el “mercenario” del que habla Núñez demostró su desinterés al no codiciar la elevada investidura.
El autor afirma que “los cubanos construyeron una República cimentada en la mentira”. Como argumento, cita la supuesta anécdota —que varios historiadores impugnan— de que “en Baire no hubo ningún grito de independencia”, pues allí se enarboló la bandera autonomista. Este hecho apócrifo basta a Núñez para hacer una afirmación tajante: “En consecuencia, aquello no fue una Guerra de Independencia sino una Guerra Civil”.
Quiere decir, que según la fabuladora interpretación de este señor, los cubanos que de manera masiva abandonaron casas y haciendas para lanzarse a la aventura incierta de la guerra, serían una especie de aberrados o dementes. Si no aspiraban a desligarse de la Metrópoli, ¿cuáles fueron entonces las motivaciones que los condujeron a tomar una decisión tan riesgosa y radical!
Cualesquiera que hayan sido las simpatías políticas de los hermanos Lora, lo que no cabe poner en duda es la vocación decididamente independentista de los grandes jefes: Martí, Maceo y el mismo “mercenario Máximo Gómez” del que habla el autor. Tampoco la de los otros alzados del 24 de febrero: Bartolomé Massó, Guillermón Moncada, Juan Gualberto Gómez y hasta el guantanamero Pedro Pérez (pese a que, irónicamente, éste había sido “guerrillero” integrista durante la Guerra Grande).
Los delirios de Núñez lo llevan a calificar a Cuba como “un país inventado por los intelectuales autonomistas para justificar la secesión de una provincia que, desde el punto de vista legal, era igual que Andalucía o Galicia”. No opinaré sobre estas zonas periféricas de España, pero sí debo decir que nuestra Isla, bajo el dominio ibérico, era un territorio ocupado, que los peninsulares venían a explotar y esquilmar a su gusto. Este despojo inicuo exacerbó las ansias libertarias de nuestros compatriotas.
Núñez afirma que Cuba “era (y es) cultural e ideológicamente española”. Una afirmación tan arbitraria e infundada como ésta es la que me hace sospechar su condición de peninsular. ¿Pensará lo mismo de mexicanos, argentinos o colombianos! En esto nos queda el consuelo de que también los colonialistas galos —y en fechas muchísimo más recientes— pensaban que Argelia era una parte de Francia.
Al periplo supersónico que hace Don Fernando por la historia de Cuba republicana no vale la pena prestarle demasiada atención. Aunque sí tiene algo de razón cuando, refiriéndose al país, critica “las turbulencias revolucionarias que lo llevaron a entregarse a Moscú en 1959”.
En resumen: creo que, antes de publicar un texto tan polémico como el aludido, sería aconsejable valorar si sus tajantes afirmaciones tienen o no un fundamento siquiera mínimo.

vendredi 23 mai 2014

José Martí no era una mansa paloma.

Al contrario, su locura secesionista terminó en un baño de sangre y en la actual ruina de Cuba.


A continuación presentamos una de las circulares emitida por José Martí y Máximo Gómez desde los campos de Cuba en plena Guerra de Independencia. Esta circular fue escrita el 26 de abril de 1895 en el campamento de Igunabo y ordenaba fusilar a todos aquellos que se opusieran a la guerra.


Cuartel General en Campaña.


La Isla de Cuba, en virtud del trabajo general y respetuoso que inició el Partido Revolucionario Cubano se ha levantado de su libre voluntad después de largo y previo acuerdo, con el apoyo ordenado del exterior, para conquistar, con una guerra enemiga de la devastación innecesaria y de la violencia inútil, su independencia absoluta de la dominación española.

Jamás la revolución que ha estallado en Cuba pensó en admitir ni oír siquiera, -por la incapacidad radical de España y por la insuficiencia patente para Cuba del mayor extremo de libertad española, proposición alguna de España, directa o indirecta, que tendiese a abatir las armas cubanas con algo menos que con el reconocimiento de la independencia del país.

Cuantos brazos se han alzado para extirpar el gobierno extranjero, han firmado antes la obligación de sustentar, hasta caer, la guerra por la independencia definitiva.

Un pueblo americano como Cuba, con carácter y elementos de vida propios, capaz de gobernarse por la cultura y laboriosidad de sus hijos, y unificados después de la esclavitud en el sacrificio de la guerra, no puede continuar en la servidumbre innecesaria de un pueblo lejano como el español, de espíritu diverso, abocado a una división próxima y cuya viciosa existencia nacional depende principalmente de la explotación pública y secreta de nuestra Isla.

Meros cambios del nombre de los Consejos españoles del gobierno en Cuba, ni ninguna otra reforma, pueden mudar el hecho innegable de la absoluta ineptitud de España para privarse de los recursos pingües que por vías públicas o individuales, tan corrompidas como corruptoras, deriva de la Isla.

La ayuda lamentable de un grupo escaso de cubanos al propósito español de reducir o localizar la guerra suponiéndola, por labios serviciales de hijos del país, tendencias locales o de otra especie indignas de refutación, y radicalmente diversas del espíritu vasto y grandioso que le conocen de sobra los que de público lo niegan, no es más que un error tan punible como será oportuno el arrepentimiento de él, o la resistencia natural, y siempre arrollada, de los hombres tímidos al sacrificio, y de los hombres egoístas a los deberes de la humanidad.

Ni el gobierno de España, ni nadie en su nombre, puede ofrecer sinceramente a Cuba concesiones que España por su Constitución nacional, no puede confirmar, que en su mayor extensión no bastaría a las dotes superiores y al grado de desarrollo del país, y que sólo con indignación, y como insulto verdadero, puede oír la dignidad cubana.

La guerra por la independencia de un pueblo útil y por el decoro de los hombres vejados, es una guerra sagrada, y la creación del pueblo libre que con ella se conquista es un servicio universal. El que pretende detener con engaño la guerra de independencia, comete un crimen.

En esta virtud, la Revolución, por sus representantes electos, vigentes hasta que ella se dé nuevos poderes, en descargo de su deber intima a Vd. que en el caso de que en cualquier forma y por cualquier persona se le presenten proposiciones de rendición, cesación de hostilidades o arreglo que no sea el reconocimiento de la independencia absoluta de Cuba, -cuyas proposiciones ofensivas y nulas no pueden ser más que un ardid de guerra para aislar o perturbar la Revolución,- castigue Vd. sumariamente este delito con la pena asignada a los traidores a la Patria.

Saludan a Vd. y a las fuerzas a su mando en Patria y Libertad.


El Delegado                                                                         El General en Jefe
José Martí                                                                           Máximo Gómez

samedi 12 avril 2014

Eféméride: 11 de abril, desembarco de Máximo Gómez y José Martí en Cajobabo

Playa de Cajobabo 
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - Amanecer nublado de viernes. En medio de una suave brisa, el astro Rey se anuncia en el horizonte caribeño con sus primeros rayos de luz. Es día de marejadas en la Playita de Cajobabo , sitio ubicado a unos 100 kilómetros deGuantánamo, donde decenas de personas conversan, hacen fotografías, selfies, y de vez en cuando dirigen sus miradas hacia el inmenso mar, como quienes esperan un acontecimiento muy importante.

Poco a poco se congregan allí los pobladores del lugar, los miembros de la Sociedad Cultural José Martí, historiadores de todo el país, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio del Interior, Tropas Guardafronteras, pioneros, estudiantes, jóvenes, mujeres, y trabajadores que acuden a ese sitio sagrado de la Patria, tras las huellas del Héroe Nacional a su paso por tierras del Alto Oriente cubano.

De pronto, la atención se concentra en un pequeño bote que navega en dirección a la orilla, cargado de ocho jóvenes, quienes portan la enseña nacional y las banderas del Movimiento 26 de julio y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) .

Plenos de energía y entusiasmo, reeditan lo ocurrido allí el 11 de abril de 1895, fecha del desembarco del Apóstol y el Generalísimo Máximo Gómez, junto a los brigadieres Francisco Borrero y Ángel Guerra, el coronel Marcos del Rosario y el capitán César Salas, para incorporarse a la Guerra Necesaria
.

samedi 25 janvier 2014

Un contacto con la historia de Máximo Gómez

La isla de Amapala fue el hogar del libertador dominicano durante el inicio de la Reforma Liberal.

TEGUCIGALPA,Honduras La isla de Amapala destaca como la perla del sur, en el Golfo de Fonseca, por su belleza escénica y un pasado histórico que sigue vivo. 


La paradisíaca isla se registra en los libros de historia como uno de los principales puertos del país, como centro del comercio durante la reforma liberal que inició en este lugar en 1876 con Marco Aurelio Soto. Fue precisamente en esta época de gran revolución en el país que el libertador dominicano Máximo Gómez llegó tras una intensa guerra contra la dominación colonial española en Cuba, invitado por el presidente Soto. 

Hasta hoy está historia desconocida por muchos hondureños sigue vigente en el puerto y una muestra de ello son los diferentes recintos que dan fe de este acontecimiento que hoy Lugares y Gente presenta para que las nuevas generaciones puedan conocerlo.En el centro de la ciudad de Amapala aún está de pie la casa en la que vivió el general y en la cual alberga un altar y una placa alusiva que fue colocada en 1994, esta fue puesta por sus hijos y nietos y desde entonces es objeto de atención de los lugareños y visitantes que llegan a la isla. 

Asimismo, llama la atención que los gobiernos de República Dominicana y Cuba, a través de sus respectivas embajadas, con cierta frecuencia realizan actos conmemorativos en este lugar para recordar la memoria del general Máximo. 

Por su parte el actual alcalde de Amapala, Alberto Cruz, ha propuesto denominar la avenida donde se encuentra la casa con el nombre de República Dominicana o al menos colocar un busto de Máximo Gómez para llamar la atención de los turistas. “Nosotros como hondureños y amapalinos hemos dejado pasar por alto esta historia, es por ello que es importante recuperarla para motivar a los dominicanos y cubanos para que puedan venir acá a hacer turismo”, comentó el edil ante las autoridades de la embajada de Dominicana en una oportunidad.

La historia 

Debido a las divisiones internas en el ejército, Máximo Gómez tuvo que abandonar Cuba poco antes de firmarse la Paz de Zanjón en 1878. Jamaica fue el primer punto del exilio político del general independentista, pero no el único. En aquella tregua de 17 años posteriores a la primera etapa de la guerra de la independencia cubana (conocida como la “Guerra de los 10 años”), el revolucionario residió durante un lustro o sea cinco años en Amapala, según una monografía de Rafael Leiva Vivas, embajador de Honduras en República Dominicana entre 1975-1980, titulada “Presencia de Máximo Gómez en Honduras”.

Publicado en 1978 por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, el texto relata los acontecimientos que rodearon la vida del héroe de la independencia cubana mientras estuvo en Honduras, un episodio muy poco conocido por los dominicanos, pero que para la comunidad de Amapala reviste gran importancia.

En 1878, las condiciones económicas de Máximo Gómez en Jamaica eran tan precarias que no podía ni siquiera atender a la invitación del presidente Soto, por lo que su gobierno aprobó un donativo de cinco mil pesos para facilitar su llegada a Honduras junto a otros patriotas cubanos.

En aquel contingente que llegó al país a través de las gestiones de José Martí, también iba José Dolores Pérez Gómez, un sobrino de Máximo Gómez, quien se radicó en San Pedro Sula. Ante la ausencia de un ejército organizado, el gobernante hondureño nombró a Máximo Gómez como “General de división del Ejército”. 

Poco después le asigna el mando de la plaza militar de Amapala, donde el oficial dominicano establece también una empresa agrícola. 

Legado 

Aunque hoy los amapalinos celebran con orgullo la presencia del histórico oficial dominicano en su localidad, lo cierto es que su paso por Honduras, si bien constituyó una tregua antes de regresar a la guerra definitiva por la libertad de Cuba en 1884, no fue una estancia del todo apacible. También aquí estuvo rodeado de fracasos en sus empresas agrícolas, y en más de una ocasión a punto de sucumbir a la miseria. 

A pesar de ello, según el escrito de Rafael Leiva Vivas, en algún momento declaró tener tres patrias. “Así lo dijo para mostrar la magnitud de su agradecimiento por la hospitalidad que, en días aciagos, le dispensó el presidente de la República de Honduras (Marco Aurelio Soto), al declarar que amaba a este país “tanto como a Santo Domingo y a Cuba”. 

En los últimos años, personal diplomático de Cuba y Dominicana han buscado descendientes de Máximo Gómez en el país, los cuales se presume que viven en San Pedro Sula, lo que no ha dado resultado alguno.

lundi 13 janvier 2014

Silencios de un diario

Por Ondina León ©, Blog Guitáfora

Como dijo o hubiera podido decir el otro José, Lezama Lima, “Martí es un misterio que nos acompañará siempre”. Verdad como un templo. Porque la vida y la obra de este hombre tienen múltiples vericuetos, recodos, meandros y oscuridades, que son un desafío para cualquiera que aspire a conocerlo a profundidad. Y tal es el caso de sus diarios, sí, en plural, porque a pesar de que el “Diario de campaña” es el más conocido, Martí escribió otros dos diarios, hasta donde se sabe: uno íntimo de adolescencia, en el que se trataba de perfilar como ser humano y en el que hasta intentaba explicar las razones de su intento de suicidio. Este diario, literalmente, se lo llevó a la tumba Micaela, la esposa deRafael María de Mendive, su querido maestro, al ser enterrada con él en un extraño ritual. El otro es uno que escribió durante un viaje a Guatemala, la tierra de “la niña” con la que sostuvo un tórrido romance que, como una gran ópera, terminó en tragedia y muerte. Excepto especialistas martianos, pocos conocen de estos dos diarios del hombre más extraordinario que ha dado Cuba. 

Su “Diario de campaña”, por otra parte, es uno de los grandes monumentos históricos y literarios de la nación. Como obra de letras, sorprende por su absoluta modernidad y el ritmo vertiginoso de su prosa poética, escrita de prisa y a la intemperie, en la que el enorme talento de Martí no sólo pinta y describe personajes de su inmediatez, desde un general hasta un humilde campesino, sino también traza un cuadro único del paisaje cubano oriental y su naturaleza más salvaje y deslumbrante. Aunque se ha puesto su traje de guerrero, Martí no renuncia a su pluma de poeta. 

Escrito entre el 9 de abril y el 17 de mayo de 1895, este diario es, sobre todo, el registro telúrico de los últimos días de un político atormentado por el parto de una guerra necesaria para alcanzar la independencia de la metrópolis y fundar una república ―“Escribo poco y mal, porque estoy pensando con zozobra y amargura”. Es el testamento de un alma en pena que se está jugando el todo por el todo en una lucha consigo mismo, con sus compañeros de armas y con el futuro “en la soledad en que voy”. Martí sabía muy bien que todo lo que dijera en sus páginas tendría una repercusión histórica y política y, como buen conspirador que era ―abogado y político, al fin y al cabo―, dijo y dejó de decir lo que su luz natural de estratega le permitió, de acuerdo con sus precisos intereses políticos y humanos.
Sin embargo, al margen de sus silencios elegidos, este diario fue mutilado y faltan en él varias páginas clave. El dedo acusador de la historia señala a Máximo Gómez Báez como el gran inquisidor que arrancó estas páginas y nos privó de la versión de Martí sobre los dolorosos hechos del encuentro en "La Mejorana”, el 5 de mayo, entre Antonio Maceo, Gómez y el autor de "Versos sencillos". 

¿Qué decían estas páginas? Mucho se ha especulado, pero, a ciencia cierta, nadie sabe su contenido. Según algunos, probablemente contenía un desglose de fondos financieros y sus destinatarios, entre los que estaba Gómez, que en público afirmaba no querer ni necesitar dinero para su esposa y familia, pero que entre bambalinas exigía que ellos recibieran ayuda, que habría sido canalizada a través de Estrada Palma, desde Nueva York a República Dominicana. Otros especulan que Martí habría narrado con detalles la violencia desbordada de un Maceo soberbio, que incluso le habría propinado, en el paroxismo de su ira de caudillo, una sonora bofetada a Martí. Todo esto y mucho más se podrían barajar como motivos que llevaron a Gómez a mutilar, alevosamente, para la posteridad las páginas de este diario.

El hecho es que esta obra es el registro de una verdadera tragedia que marcó el curso de la historia de Cuba. Tragedia porque los tres grandes líderes de la emancipación era tres hombres con sus respectivas razones para parapetarse en sus principios, convicciones y estrategias de cómo llevar a cabo la guerra: eran tres hombres que no se querían, pero que tenían un fin en común. ¿Se admiraban? Tal vez. Gómez y Maceo, por una parte, con un espíritu militar y caudillista, y Martí, en su soledad abismal, con un espíritu civilista. “Todo hombre es la semilla de un déspota”, había sentenciado Martí, quien sabía perfectamente que aquella reunión era el encuentro de tres déspotas, aunque él era el ilustrado, cosmopolita y visionario, y los otros dos, los reyes de la testosterona aguerrida, machete en mano y a la carga. 

En “La Mejorana” Gómez estaba obsesionado con la idea de lograr, como Mayor General del Ejército Libertador, la obediencia y el respeto de Maceo, que estaba capeando por su cuenta, luego de que lo sometieran a Flor Crombet, y también de darle un carácter marcial a la contienda, lo que lo lleva a nombrar Mayor General a Martí, es decir, lo hace otro militar más ―a Gómez le repugnaba que le dijeran “Presidente” a Martí. Maceo, con su visión militarista y su arrojo pragmático ―¡todo el poder a los generales! ―, quería imponer su estrategia de primero alcanzar la independencia de España para luego crear un país, que no existía. Y Martí estaba poseído por el afán de hacer una guerra justa y con los principios civilistas de la república y, desde entonces, necesitaba inventar un país que tenía que existir, pero que sólo estaba en su alma. Los tres tenían razones que chocaban abiertamente entre sí, de ahí la tragedia. 

Años antes, Martí había tenido que decirle a Gómez, que además era extranjero: “Un pueblo no se funda, general, como se manda un campamento militar”. Desde entonces, comenzaron a crecer las raíces de muchos males que ha padecido y padece aún Cuba, incluido el castrismo, la más aberrante expresión socio-histórica de aquel caudillismo y de aquellos fulanismos extremos y teatrales ―“Maceo, en un caballo dorado, en traje de holanda gris: ya tiene plata la silla, airosa y con estrellas”, escribió Martí en su diario de prisa, sin más comentarios.

La última página del diario está escrita el 17 de mayo. El 19 de mayo de 1895 caía en dos Ríos, desde su caballo “Baconao”,José Martí. “Por la causa de Cuba me dejaría clavar en la cruz”, había dicho, y lo crucificaron balas españolas. Pero, ¿quiénes apretaron el gatillo? 

“La muerte de Martí no tuvo beneficio para la patria ni gloria para él”, dijo Máximo Gómez. ¿Es justa esta afirmación? Su país inventado, hoy una realidad trágica, algún día podría dar una respuesta definitiva… Mientras tanto, sirva este texto para rendirle homenaje, por otro 28 de enero, a quien nos inspira perturbadoramente desde sus palabras y desde sus silencios.

lundi 18 février 2013

Más se perdió en Cuba

Ramón Blanco y Erenas, Marqués de Peña Plata (San Sebastián, 1833 – Madrid, 1906). En 1897 es nombrado por Sagasta Capitán General de Cuba, por segunda vez, sustituyendo Valeriano Weyler, estableciendo la autonomía. Le tocó enfrentar tanto a los insurrectos criollos como la invasión norteamericana a la isla la cual tuvo que entregar e los Estados Unidos acatando órdenes de Madrid. Foto: Archivo Nacional de la República de Cuba


¡ Ay, las madres! ¡ Cuanta sangre y cuántas lágrimas se va a derramar en esta revolución a que voy a lanzar a mi país!
José Martí

¿A quién debe Cuba su separación de España?


La cuestión podría ser respondida de manera sencilla: a la incapacidad que tuvo España de tratar a Cuba como a sí misma. Pero el sentido de este título es otro: es conocer cual fue el factor determinante y de última hora en la perdida de la soberanía española en Cuba.
La intervención norteamericana en la guerra cubano-española deja sentada una pregunta la de sí, la isla caribeña, le debía su independencia a los Estados Unidos, a la que el nacionalismo cubano ha tratado de dar una respuesta tajante desde hace tiempo.
Para aclarar el acertijo no nos podemos acercar al tema de la manera dogmática y estrecha que nos imponen las ideologías de estado.
Al responder la interrogante no puede pasarse por alto que el ejército cubano hizo armas en toda oportunidad que tuvo junto al norteamericano. El independentismo hizo coso omiso al armisticio unilateral decretado por Ramón Blanco y Erenas el 10 de abril del 98.
Y repudió llamado hecho por el último gobernador español del al isla, en su carta del 5 de Marzo 1898, al General Máximo Gómez, buscando la una alianza entre cubanos y españoles contra las fuerzas interventoras enviadas por McKinley.

Señor:
Con la sinceridad que siempre ha caracterizado todos mis actos, me dirijo a usted, no dudando por un momento que su clara inteligencia y nobles sentimientos, los que como enemigo honrado reconózcole, harán acoger mi carta favorablemente.
No puede ocultarse a usted que el problema cubano ha cambiado radicalmente. Españoles y cubanos nos encontramos ahora frente a un extranjero de distinta raza, de tendencia naturalmente absorbente, y cuyas intenciones no son solamente privar a España de su bandera sobre el suelo cubano, por razón de su sangre española. El bloqueo de los puertos de la Isla no tiene otro objeto. No sólo es dañoso a los españoles, sino que afecta también a los cubanos, completando la obra de exterminio que comenzó con nuestra guerra civil.
Ha llegado, por tanto, el momento supremo en que olvidemos nuestra pasadas diferencias y en que, unidos cubanos y españoles para nuestra propia defensa, rechacemos al invasor. España no olvidará la noble ayuda de sus hijos de Cuba, y una vez rechazado de la Isla el enemigo extranjero, ella, como madre cariñosa, abrigará en sus brazos a otro nueva hija de las naciones del Nuevo Mundo, que habla en su lengua, profesa su religión y siente correr en sus venas la noble sangre española. Por todas estas razones, General, propongo a usted hacer una alianza ambos ejércitos en la ciudad de Santa Clara. Los cubanos recibirán las armas del Ejército español y, al grito de ¡viva España! Y ¡ viva Cuba!, rechazaremos al invasor y liberaremos de un yugo extranjero a los descendientes de un mismo pueblo”.


Su afectísimo servidor,

Ramón Blanco ErenasCapitán General


La alienación de los independentista con los norteamericanos, a pesar que tanto su presidente en funciones, como el predecesor nunca reconociera al gobierno de la república cubana en armas. Queda manifestada no solo en acciones sino en documentos como la carta de respuesta que da Máximo Gómez Blanco, ese mismo día, 5 de Marzo 1898


Sr. General Don Ramón Blanco
Señor:
Me asombra su atrevimiento al proponerme otra vez términos de paz, cuando sabe que españoles y cubanos jamás podrán vivir en paz en el suelo de Cuba. Usted representa en esta Cuba una monarquía vieja, desacreditada, y nosotros combatimos por un principio americano, el mismo de Bolívar y de Washington.
Usted dice que pertenecemos a la misma raza y me invita a luchar contra un extranjero; pero usted se equivoca otra vez, porque no hay diferencias de sangre y raza. Yo solo creo en una raza, la Humanidad, y para mí no hay sino naciones buenas o malas. España ha sido, hasta aquí, mala, cumpliendo en estos momentos los Estados Unidos hacia Cuba un deber de humanidad y civilización. Desde el atezado indio salvaje hasta el refinado inglés un hombre es para mí digno de respeto, según su honradez y sentimientos, cualquiera que sea el país o raza a que pertenezca o la religión que profese.
Así son para mí las naciones, y hasta el presente sólo he tenido motivos de admiración para los Estados Unidos. He escrito al presidente McKinley y al general Miles. No veo el peligro de exterminio por los Estados Unidos a que usted se refiere en su carta. Si así fuere, la Historia los juzgará. Por el presente sólo tengo que repetirle que es muy tarde para inteligencias entre su ejército y el mío”.


Su afectísimo servidor, Máximo Gómez Báez

Carlos Manuel Estefanía

mardi 29 janvier 2013

Deshaciendo mentiras: ¿Cómo se fabricó la identidad nacional cubana?

Cuba fue el último país de América hispana a obtener su independencia. Las razones fueron numerosas y aún no están todas perfectamente elucidadas. Como lo han señalado ya cuantiosos historiadores, salirse de la historia oficial resultaba complicado a principios de siglo. El análisis marxista que se impuso luego de 1959, acabó por reducir la historia oficial a una gesta ininterrumpida de cien años, que culminó en 1968 con el afincamiento de la nueva sociedad que se pretendía construir sobre bases sanas y posmodernas. En todo caso, algunos no dudan de tildar este proceso de trágico, pero lo cierto es que una sociedad sana no se construye, no puede construirse sobre mentiras.

Lo vemos en España, donde cada vez que se pretende hurgar en la memoria del pasado, la mayor parte del tiempo, no para hacer justicia, sino para comprenderlo mejor; se alzan los escudos del presente y la gritería vana. Pero por lo menos aquí se avanza, con encontronazos, resquemores, urticaria, pero se progresa. En Cuba en cambio, la doxa mantiene una férrea tenaza sobre las conciencias, para que la gente continúe pensando bobadas y pueda seguir manipulada al antojo de los que escriben la historia como una película americana o un cuento de hadas.

El leyenda de unos buenos patriotas abnegados, sacrificándolo todo por la patria resultaba indispensable, porque cuando se bajó la estatua de Isabel II fue necesario poner otras estrellas en la constelación de la nación nueva. Para ello, tras tantos años de agitación sobraban héroes. No hay mejor patriota que patriota muerto.

Pr Félix Varela
La historia es de todas las materias la más subversiva, porque de su interpretación y enseñanza no depende la verdad de los hechos sino toda la estructura de la conciencia nacional. Veamos lo que dice M. Iglesias Utset en un reciente artículo “la época se caracterizó por la participación activa de una élite de intelectuales, que colaborando con las autoridades de ocupación o enfrentándolas, auspició el debate público y la socialización de nociones e imágenes de pertenencia nacional[i] Construida pues y a sabiendas. La pregunta que se puede hacer entonces es ¿Qué parábola se introdujo en las conciencias y con que objeto?

La ocupación norteamericana aniquiló desde el principio el sueño independentista. Puesto que como se sabe, los cubanos quedaron excluidos cuando se zanjó la cuestión en París. No había que ser un perito para darse cuenta de este acto marcaba el final de la creencia, si es que alguna vez aquellas personas la tuvieron de verdad, de una Cuba independiente. 


José Antonio Saco
Expongamos rápidamente las razones de las dudas que expreso sobre la sinceridad de los actores de este "drama" que se jugó a puertas cerradas en 1899. Antonio Saco, a mediados de siglo, incómodo contra el anexionismo ambiente había claramente advertido refiriéndose a los norteamericanos “dentro de poco tiempo nos superarían en número, y la anexión, en último resultado sería absorción de Cuba por los Estados Unidos[ii]
 
Más claro ni el agua, ¿no? A finales del siglo XIX la inteligencia cubana estaba haciendo frente a la materialización de la cruda realidad vista por Saco tres décadas antes. Todas las advertencias de los intelectuales cubanos empezando por Félix Varela[iii]  se habían concretado “Los enormes gastos y lo que es más, el sacrificio de hombres que necesariamente ha de hacer la nación invasora, necesitan una recompensa, y una recompensa que la necesidad y la gratitud llevarán mucho más allá de los límites de la obligación” 


Los próceres reunidos en Asamblea debían haber consultado antes los documentos que contenían las palabras del a quel hombre de certero juicio, que sostenía en 1824 “El pueblo de la Isla de Cuba, en caso de ser independiente, debe constituirse. ¿Y lo hará mientras pise el territorio un corto número de soldados a quienes se les dará el nombre de ejército extranjero? La Constitución se dirá que es hija de la fuerza, que está formada bajo el influjo extranjero”.[iv]


Todas aquellas personas en lucha sabían entonces lo que sucedería y sin embargo no dudaron en favorecer la intervención. No sin mal aprobaría la Asamblea Constituyente la Enmienda Platt: 15 delegados se opusieron y dieciséis la aprobaron. Más tarde en 1902 el Tratado de Reciprocidad Comercial consolidó la dependencia económica de Cuba por los Estados Unidos.

El general Máximo Gómez  que fue el encargado por el ocupante de arriar la bandera en 1902, escribía en su diario de campaña “Nadie se explica la ocupación. Así como todo espíritu levantado, generoso y humano se explicaba y aun deseaba, la intervención[v]

Hubiera continuado peleando, digo yo si tan mal le sentaba tal estado de cosas, ya que disponía de un ejército que lo adoraba y se hubiera muerto por seguirle en la contienda. Pero esto no sucedió.


Debemos pensar que todos aquellos próceres aplicaron la quijotesca máxima de “lo mejor es no meneallo, Sancho” para que las cosas siguieran el cauce deseado, es decir el mejor para los negocios. Un reciente estudio de José Antonio Piqueras muestra con toda claridad lo que en realidad sucedió “Otros como Máximo Gómez, austero pero en absoluto instalado en la "honda miseria" que le atribuía el pueblo, entraron en un cómodo retiro[vi]

Con los haberes percibidos, los generales y jefes del Ejército Libertador restablecieron sus antiguas propiedades agrícolas o las fundaron. Sin embargo el procedimiento más frecuente para vincular a los jefes y generales pasó por el donativo de los hacendados y de las compañías azucareras extranjeras[vii]

En resumen, una gran parte de aquella gentuza vendió la patria por dinero. Veamos como lo demuestra implacable Piqueras: “De los 84 generales y coroneles del Ejército Libertador de la provincia de Oriente sobre los que se tiene noticia, en 36 casos se dedicaron a negocios agrícolas después de 1899[viii].

Sin embargo, una solución de consenso, que de haber funcionado, hubiera evitado la invasión existía en aquel entonces. 

Los decretos de noviembre de 1897, acordaban la autonomía a la isla de Cuba y a Puerto Rico. El gobierno autonómico se puso a trabajar el 1 de enero de 1897, pero desde el principio se enfrentó al rechazo de las fuerzas rebeldes que esperaban “y aun deseaban la intervención” según palabras de Máximo Gómez, el Generalísimo. Una intervención que conduciría a la ocupación, como ya se ha demostrado sobradamente en este artículo.


La concesión de la autonomía tuvo una gran influencia entre las filas rebeldes, de hecho el general Calixto García la tildaba de "ponzoña", reconociendo que “llegó a producir sus efectos malsanos hasta en los mismos campos libres de Cuba[ix] Para contrarrestarla no encontraron nada mejor que poner de nuevo en vigor el decreto Spotorno -promulgado durante la Guerra de los Diez Años- que establecía la ejecución sumaria de aquellos emisarios españoles o cubanos que hicieran ofertas de paz.

el Presidente de los EE.UU McKinley
Pero nuestros “patriotas”  que “deseaban”  tanto la intervención, desoyendo los consejos de la razón, no fueron los únicos responsables. Los españoles del Casino agrupados en el partido Unión Constitucional, conociendo  perfectamente las intenciones de los Estados Unidos, también se opusieron, clavándole a aquel gobierno una puñalada mortal, pues los disturbios en la capital del 12 de enero entre integristas peninsulares y oficiales del ejército español, impulsados por ese poderoso grupo de influencia, acabaron desacreditándolo. Este fue precisamente el pretexto que estaba buscando el presidente norteamericano McKinley para enviar un barco de guerra a La Habana, el Maine. 

El resto ya es historia.

La identidad cubana no existe, es un engaño, una ficción colectiva fabricada a principios del siglo XX. Si los insurrectos y los españoles unionistas hubiesen apoyado al gobierno autonómico, en Cuba no habría tenido lugar nada de lo que ocurrió después y por supuesto, el castrismo simplemente no hubiera existido jamás.



[i] Cultura política popular, « choteo » y nacionalismo en  tiempos de la primera intervención norteamericana en Cuba. Cuba in the world, the world in Cuba. Firenze University Press. 2009.
[ii] Ideas sobre la incorporación de Cuba en los Estados Unidos. José Antonio Saco. Documentos para la historia de Cuba. Hortensia Pichardo. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1977
[iii] Paralelo entre la revolución que puede formarse en la Isla de Cuba por sus mismo habitantes, y la que se formará por la invasión de tropas extranjeras. El Habanero. Papel político científico y literario. Filadelfia, 1824.
[iv] idem
[v] P. 537, ibidem
[vi] Sus haberes de guerra ascendían a 20.000 pesos, según la listas reproducidas por Robert P. Porter, Report on the comercial and industrial condition. Sociedad civil y poder en Cuba José A. Piqueras, siglo XXI, 2004.
[vii] Obra citada. P.284.
[viii] Jorge Ibarra, Cuba : 1898-1921. Partidos políticos y clases sociales, p. 194.
[ix] Agustín Sánchez. Entre la espada y la pared. Revista Mexicana del Caribe, vol VIII, número 016. pp 7-41