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jeudi 19 mars 2015

¡Aumenta la población española en 2014!

Aumenta la población española en México en 2014
El INE indica que al 1 de enero de 2015 vivían en México 115 mil 620 ciudadanos españoles, frente a los 108 mil 314 del 1 de enero de 2014
La población española residente en México aumenta en 2014 en un 6.8 por ciento. ESPECIAL / exteriores.gob.es
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El alza es de 6.8 por ciento, equivalente a siete mil 306 ciudadanos
El INE indica que al 1 de enero de 2015 vivían en México 115 mil 620 ciudadanos españoles, frente a los 108 mil 314 del 1 de enero de 2014
MADRID, ESPAÑA (18/MAR/2015).- La población española residente en México aumentó en 2014 en un 6.
8 por ciento, equivalente a siete mil 306 ciudadanos que se registraron el año pasado, informó el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El organismo indicó en un comunicado que al 1 de enero de 2015 vivían en México 115 mil 620 ciudadanos españoles, frente a los 108 mil 314 del 1 de enero de 2014, por lo que figura entre los principales países con población española residente en el exterior.

El número de personas con nacionalidad española que residen en el extranjero alcanzó los dos millones 183 mil 43 al 1 de enero de 2015, que es un incremento del 6.1 por ciento (124 mil 995 personas) respecto al 1 de enero de 2014.

Los países extranjeros en los que residían más personas de nacionalidad española al 1 de enero de 2015 son Argentina (423 mil seis); Francia (223 mil 636); Venezuela (190 mil 601) y Alemania (130 mil 279).

En términos absolutos los mayores incrementos en 2014 se registraron en Argentina (18 mil 895 más); Cuba (10 mil 804); Estados Unidos (10 mil 28); Reino Unido (nueve mil 797); Ecuador (siete mil 778); Francia (ocho mil 453); Alemania (siete mil 703) y México (siete mil 306).

dimanche 30 mars 2014

El embajador de España en Cuba se reunió con la colectividad española en la provincia de Sancti Spiritus

Fancisco Montalbán Carrasco, embajador de España en Cuba, se desplazó el pasado 12 de marzo a la ciudad de Sancti Spiritus acompañado por el consejero, José Luis Martín Yagüe, y la cónsul, Laura López García.

La visita tuvo como objetivos fundamentales reunirse con la colonia española residente en el territorio, representada por los presidentes de las sociedades que radican en el mismo, así como con religiosos españoles que hacen su labor pastoral en esta zona del país.

Durante la estancia fueron atendidos por Augusto Blanco Ugarte, vicecónsul honorario de España en la región central del país. El encuentro se realizó en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Entre los diversos temas tratados estuvieron los relacionados con la marcha en Cuba del proceso de implementación de la Ley 52/2007 (Ley de Memoria Histórica), las ayudas asistenciales, orientaciones sobre el trabajo consular, el desarrollo de la cultura española, así como también la atención a los nuevos españoles y su incorporación a las sociedades en la isla.

En la reunión, el embajador expresó su interés de transmitir un mensaje de solidaridad y apoyo a todos sus compatriotas. En esta región del país residen miles de españoles, tanto emigrantes como ‘dobles nacionales’, por lo que hace que esta zona sea de suma importancia para profundizar y potenciar la presencia hispánica en la misma.

Al finalizar el acto, se presentó una actividad cultural con artistas que interpretaron canciones y músicas tradicionales espirituanas con gran influencia española así como una muestra del tejido canario traido a la Isla por los emigrantes de esa parte de España, fundamentalmente en los siglos XIX y XX y que aún se perpetúa por sus descendientes para mantener vivo ese arte en la actualidad.

samedi 8 février 2014

¡Viva España, coño!

Los gobiernos españoles desde hace muchos años (siete siglos por lo menos) dan pruebas infinitas de su profunda y recurrente sabiduría. Esta últimanoticia de EFE es la prueba absoluta.

Se trata como lo indica el despacho de subsanar "lo que sin duda había sido uno de los errores históricos más importantes" en la historia de España, es decir, restablecer el derecho a la nacionalidad española a los judíos expulsados en 1492.

A nadie se le escapa de que hablamos de un asunto de vital y capital importancia en el actual panorama político de la península, pues el reclamo de los expoliados ya alcanzaba proporciones inquietantes que amenazaban el orden público y la unidad territorial.

Como se sabe, desde hace meses los miembros del 1492-M ocupan la plaza del Sol, sin duda alguna, sus espectaculares y multitudinarias manifestaciones en Cataluña el pasado 11 de septiembre y en el País Vasco, tras la liberación de sus militantes el mes pasado, hacían impostergable esta sabia decisión.


Como lo afirma el presidente del gobierno, y hasta el mismo Monarca, la crisis económica ya ha quedado atrás, el empleo ha vuelto y los casos de corrupción están prácticamente resueltos. Nada más justo entonces que acceder al reclamo de este simpático colectivo. La reparación de los errores históricos es justa y necesaria, sobre todo para estos pobres españoles que lo necesitan urgentemente, abandonados y desperdigados por el mundo como se encuentran desde hace cinco siglos, sin un Estado digno de ese nombre, sólido y respetado que los proteja y defienda. 

En cambio, los españoles musulmanes, expulsados en 1609, no precisan del apoyo de España, pues como se sabe, por allá abajo reinan por igual la armonía, el sosiego y la prosperidad; sin olvidar que los que aún residen en países libres, en paz y dichosos como Túnez Egipto y Siria, tampoco les interesaría ser españoles, pues a nadie hoy en el mundo le importan las bondades de la social democracia europea; y no mencionemos el caso de los felicísimos ex súbditos españoles del Sahara occidental, que viven sonrientes en el paraíso marroquí.

Para concluir y hablando de errores pasados, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ha destacado en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, que tampoco se consideró en el orden del día, el caso de las antiguas provincias españolas de Cuba y Puerto Rico, pues como se sabe, los españoles de Cuba, viven en democracia desde hace 55 años y actualmente sus descendientes, son respetados y tratados con los mismos derechos que cualquier ciudadano español peninsular por la empresas españolas allí instaladas. Por eso una vez más aplaudimos, aprobamos y gritamos emocionados ¡Viva España, carajo!

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  • http://www.lavanguardia.com/politica/20140207/54400938718/judios-sefardies-nacionalidad-espanola-acreditar-condicion.html

mercredi 29 janvier 2014

La marcha de las antorchas

No cabe duda que las reformas en Cuba están dando los resultados esperados

martes, enero 28, 2014 | Fernando Nuñez |
marcha-antorchas-2014PARIS, Francia, enero -No cabe duda que las reformas en Cuba están dando los resultados esperados. No podía resultar de otro modo, pues el acercamiento pragmático, es decir económico, a los difíciles acertijos que impone el arte de vivir en sociedad, ha resultado a través de la historia el más adecuado.
Por ejemplo, la Unión Europea comenzó siendo un acuerdo comercial, firmado en la primavera de 1951 titulado Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) y que agrupaba en sus inicios a sólo seis países del continente, separados todos por irreconciliables y mortíferas querellas durante siglos. Hoy el éxito de la eurozona es una evidencia como prueba el interés por la adhesión al Eurogrupo de países tan improbables como Turquía.
Mientras que dentro y fuera de la isla los contendientes de siempre, de espaldas a las realidades económicas se siguen dando puñetazos y puñaladas traperas, poco a poco se está levantando un incipiente sector empresarial, que si bien resulta pequeño por el momento, proyecta absorber para 2016 el 40 % del sector productivo  y que hoy ya casi emplea a 300 mil personas. Según los criterios marxistas, la base de la sociedad define la superestructura de la misma, en consecuencia, podemos imaginar sin dificultades que si este camino, al parecer irreversible, continúa como hasta ahora, emergerán en breve tiempo hombres afirmados por el trabajo libre, que irán abriendo nuevos espacios políticos necesarios para su propio desarrollo.
No es la primera vez que esto sucede en la Historia. Los españoles de Cuba atravesaron el Atlántico para hacer América y los que decidieron por diversas razones instalarse en la Isla, lo hicieron porque a pesar de las dificultades del momento (todo el mundo se marchaba hacia el dorado del Continente) creyeron en las ilimitadas posibilidades de fortuna personal que brindaban sus características geográficas, climáticas y geológicas.
Hay dos Historias que han convivido ignorándose mutuamente a lo largo del tiempo y, como ya ocurrió antes, a los cubanos los salvará la economía y no la política. Antes de la toma de La Habana por los ingleses, en Cuba se desarrolló la industria naval más importante del imperio español. Hoy ese hecho ignorado y casi olvidado dice mucho de la clase de personas que fabricaron aquel país. Luego cuando le llegó el turno al azúcar no sólo se experimentaron en Cuba, las tecnologías más avanzadas de la época, sino que se logró alzar dicha producción al primer nivel mundial. El secreto: la libertad de comercio y la liberalización de los sectores productivos.
Una vez conseguida la relativa estabilidad política de la península, a la que no poco contribuyeron ingenuamente las fortunas cubanas. El restablecimiento del absolutismo de Fernando VII trajo aparejado un control más estricto de la riqueza generada, con un aumento impositivo exponencial de las exportaciones, sin olvidar la creación de un mercado cautivo para las incipientes producciones textiles catalanas y mineras vascas. Pero fue la creación del Banco Español de la Habana, y la centralización de las relaciones comerciales por parte del Estado a través de un Banco Central, las que terminaron provocando la pérdida de influencia primero y la ruina después, sobre todo en la parte oriental de la Isla, de una gran parte de aquella oligarquía criolla industriosa que se financiaba principalmente con capitales foráneos en Londres y en Nueva York.
Algún día se escribirá una Historia económica de la isla de Cuba y podrán distinguirse claramente estos tres momentos fundamentales, el primero, que se terminó con el fracaso de la Junta de Información en 1867, pues allí se puso claramente en evidencia que ya los criollos no eran los dueños de la finca; el segundo, cuando esos mismos criollos ganaron ayudados por Estados Unidos la Guerra Civil contra España. Para aquel sector de la sociedad cubana, 1902 supuso una momentánea restauración de sus fueros históricos mantenidos durante siglos. El restablecimiento de la plaza como principal productor de azúcar en tan breve plazo la década siguiente, no podría explicarse racionalmente sin las competencias y experiencias acumuladas el siglo anterior.
Fidel Castro representa el último movimiento de esta historia, la revancha en suma de los modestos inmigrantes españoles que vinieron a Cuba buscando fortuna y que perdieron en la Guerra Civil. No hay que hacer un gran esfuerzo de imaginación para imaginar a Angel Castro inculcando a su progenitura el odio a aquella oligarquía criolla tradicional impermeable, responsable no sólo de acaparar ilegalmente las riquezas nacionales, sino haciéndola gestora de la ruina de España. En consecuencia, contra ella valían todos los recursos incluyendo el de la expoliación. Por esa razón, la destrucción definitiva de la riqueza acumulada por la antigua oligarquía antes y sobre todo durante la República Mambisa, era legítima ante los ojos de los españoles recién llegados y cuyos descendientes no lo olvidemos apoyaron masivamente a Castro en 1959. Para ellos fue muy fácil favorecer el discurso de un Mesías que prometía por fin justicia para todos y al mismo tiempo cerrar los ojos contemplando con entusiasmo como se desarticulaban las estructuras productivas, las redes sociales y la industria creada por los ganadores del 98.
Los lazos económicos entre España y Cuba nunca se rompieron definitivamente y hoy sin el engorro de tener que administrarla directamente España le saca todavía bastante provecho, o lo que es lo mismo: España perdió la batalla del 98 pero por causas ajenas a su voluntad ha terminado ganando la guerra. Si los cubanos no pueden ver hoy esta realidad es porque durante más de 100 años, historiadores de aquel grupo oligárquico se fabricaron a la medida una historia que impide por el momento atar los cabos sueltos. Desde esta perspectiva se explican muchas cosas, incluyendo el cambio de la Posición Común.
Cuba nunca fue una colonia como las otras. En lo inmediato la Península no va a pasar de repente al primer plano pero su hora llegará. La colonia española en la isla está llamada a crecer exponencialmente (sobre todo si se extiende la ley de abuelos), tampoco sus miembros a pesar del tiempo perdido en experimentos revolucionarios han olvidado que una vez sus antepasados cruzaron el Atlántico para hacer América. Ahora sólo les falta reclamar el poder político que les corresponde.

lundi 20 janvier 2014

Cónsul español en La Habana pide a sociedades hispanas en la Isla acoger a los nuevos cubano-españoles

“En un par de años la colonia (española en Cuba) se va a incrementar probablemente a unos 300.000 miembros”, dijo el diplomático Tomás Rodríguez-Pantoja. “La fuerza que tenemos ahí es muy importante”, añadió.


El cónsul general de España en Cuba, Tomás Rodríguez-Pantoja, sostuvo recientemente un encuentro con directivos de las sociedades hispanas en la Isla, a quienes indicó que “uno de los retos más importantes que tenemos, y que os pido que os toméis con el máximo cariño, es integrar en nuestras sociedades a todo este ingente número de españoles nuevos o viejos, renovados, que son los cubanos españoles que, a través de la Ley de la Memoria Histórica, van a recuperar la nacionalidad de sus ancestros”, informó este lunes Crónicas de la emigración.

Rodríguez-Pantoja explicó, durante su intervención, que actualmente, cuando quedan pendientes de concluir cerca de 140.000 expedientes de solicitudes de nacionalidad, otros 70.000 cubanos han recibido la ciudadanía española.

Al cierre de 2011, en otra entrevista publicada en el sitio —que recoge información sobre la colectividad española en el mundo—, el Cónsul explicaba que tras la entrada en vigor de a Ley de Memoria Histórica se habían concedido “algo más de 65.000 nuevas nacionalidades”. Antes de la aplicación de esta ley eran solo 28.000 los españoles radicados en Cuba, dijo en esa ocasión el Cónsul.

Así, “en un par de años la colonia se va a incrementar probablemente a unos 300.000 miembros”, añadió en la reciente reunión que sostuvo con los directivos.

Según la información de Crónicas, el diplomático afirmó que estas personas “que están recuperando la nacionalidad de sus ancestros no tienen todavía el sentimiento español (…) no sienten el país ni están pegados a nuestra realidad, pero son tan españoles como nosotros”.

El Cónsul pidió entonces a las comunidades españolas asumir “la responsabilidad de integrarlos en el espíritu de España”, ya que algunos de los cubanos nacionalizados “no saben siquiera distinguir entre comunidades”. “Sobre todo aquí en Cuba, pensad que al final ahora tienen futuro. La fuerza que tenemos ahí es muy importante”, añadió Rodríguez-Pantoja.

La integración de los cubanos nacionalizados, aseguró el diplomático, puede redundar en beneficio de todos, indicó el portal.

De acuerdo con la nota, el Cónsul señaló que, de las asociaciones comunitarias hispanas en la Isla, la Casa Canaria es la más conocida entre los cubanos. De otras “ni se saben que existen y no tienen ni sede”, añadió.

Rodríguez-Pantoja ofreció el apoyo del Consulado en la identificación de las personas que han solicitado la ciudadanía española, pero indicó que éstas deben sentirse “acogidas con los brazos abiertos en las comunidades de sus orígenes” porque “eso es una fuerza que de cara al futuro puede ser muy importante, subrayó. “Tanto para la propia identidad cultural nuestra, como para la penetración económica en nuestras empresas, eso es muy importante”, añadió.

El Cónsul, en su discurso, pidió a los directivos de las sociedades hispanas en la Isla “comprensión y paciencia” hacia las gestiones que realiza el Consulado en La Habana en la tramitación de los expedientes de nacionalidad, y concluyó: “os pido que abráis más las actividades culturales hacia los nuevos cubanos-españoles, pues yo creo que eso va ser una excelente guía para integrarnos más”.

La Ley de Memoria Histórica permite a los hijos de españoles obtener la nacionalidad de origen aunque hayan nacido en otro país, con independencia de su edad y al margen del lugar de nacimiento de los padres. En el pasado, la nacionalidad solo se transmitía si el padre o la madre eran nativos de España y si los hijos eran menores de 18 años.

samedi 16 novembre 2013

Castro: Tengo todos mis derechos en España.

Una entrevista de 1984 a Fidel Castro donde reivindica "sus derechos" españoles, incluyendo la posibilidad de votar en las elecciones.




Entrevista completa aquí. el tema español a partir del minuto 47.

jeudi 18 juillet 2013

"Quiero morirme español"

Antonio alega que sus padres nacieron en la isla caribeña en 1896, cuando aún era territorio de España

JOSE MANUEL CALVO ROY Washington 20 FEB 2006


"Lo que quiero es morirme español. No quiero ser un americano enterrado en España". Antonio Díaz Florido cumplirá 85 años el 15 de abril. Nació en 1921 en Puerto Rico, igual que sus padres. La diferencia es que ellos -Antonio Díaz y Concepción Florido- nacieron en 1896, cuando la isla era aún una de las provincias de ultramar y cuando, según el artículo I de la Constitución de 1876, eran españoles "las personas nacidas en territorio español" y "los hijos de madre o padre españoles, aunque hayan nacido fuera de España".

Antonio llegó a Madrid en 1954 "para hacer la base de Torrejón", porque era "ingeniero de construcción. Después, por quererme quedar, seguí aceptando trabajos. Y tenía tantos amigos españoles en las Fuerzas Aéreas que un día me llamó un general y me dijo: quiero que seas el enlace mío. Así que fui enlace entre americanos y españoles en Torrejón. Y allí estuve trabajando, hasta que me jubilé".

Hace dos años, Antonio quiso nacionalizarse. Consultó con un amigo de la familia, el abogado David Vidal, que le aconsejó acogerse a lo previsto en el Código Civil, reformado en 2003 y cuyo artículo 20.1.b establece que podrán optar a la nacionalidad "las personas cuyo padre o madre hubiera sido originariamente español y nacido en España". Para preparar el escrito, Vidal habló con el consulado en San Juan de Puerto Rico. "¿Entienden que, a efectos del 20.1.b, los nacidos en Puerto Rico antes de 1898 eran españoles? ¿Ha habido casos similares que se han acogido a ese derecho? La respuesta a ambas preguntas fue afirmativa".

Pero no lo vio así el juez que, en abril de 2004, decidió que "no cabe considerar que el territorio de Puerto Rico, por más que se encontrara bajo dominio español en 1896, pueda ser incluido dentro de la exigencia contemplada en el artículo 20 del Código Civil".

"Si mis padres no eran españoles, ¿qué eran?", se pregunta Antonio, que recurrió en abril de 2004 ante Registros y Notariado diciendo que "negarme el derecho de ciudadanía equivale a decir que España se desentiende de su pasado". Ante la ausencia de respuesta, envió cartas, en mayo de 2005, a la Secretaría de Estado de Inmigración y a la Subdirección General de Nacionalidad y Estado Civil: "Ninguno ha hecho caso. Yo creo que lo que está pensando alguno es: éste tiene ya 84 años, entrando en 85, ya se va a morir pronto, vamos a dejarlo que se muera. Yo me moriría más tranquilo siendo español, pero ellos no piensan de esa manera".


Si Antonio pudiera hablar con el juez le diría: "Mire, yo tengo casi 85 años de edad. ¿Qué voy a ganar por ser español o ruso o lo que sea? Pero llevo muchos años aquí, cincuenta y pico... Todos mis amigos son españoles. Tengo mucho que agradecer a España, que ha sido muy buena conmigo. Y me gustaría, porque me van a enterrar aquí, pertenecer aquí".

"¿Eran españoles los nacidos en Puerto Rico antes de 1898? ¿Nacían en España los que nacían allí antes de esa fecha? La legislación decía que todos los nacidos en la isla antes de esa fecha eran españoles, y era una provincia española". Por tanto, "creo que es indiscutible que sus padres eran españoles y que cuando nacieron, nacieron en España. Decir lo contrario sería reescribir la historia", señala Vidal.

En Puerto Rico, Gabino Iglesias, cónsul en funciones, está al tanto de dos o tres casos similares. "Hay que ver qué nacionalidad tenía el padre cuando él nació, pero nuestra filosofía en casos que son sobre todo sentimentales es abierta, de ayudar". Iglesias contesta "sí" a la doble pregunta de si eran españoles los nacidos allí antes de 1898 -"eso está claro"- y de si ha habido casos de puertorriqueños que han recuperado la nacionalidad española porque sus padres eran españoles.

mercredi 10 avril 2013

¿Por qué siguen siendo españoles los cubanos?

Con la firma del Tratado de París de 1898, España cedía o vendía los últimos pedazos de su otrora imperio, donde en tiempos de Carlos V “nunca se ponía el Sol.” Este tratado, como ya ha sido probado por Pedro Albizu Campos, tenía varios defectos legales que lo hacían inválido. Curiosamente, ningún político español ha utilizado estos argumentos para  solicitar su impugnación pura y simple. Esto se debe a dos factores principales, el primero, la ignorancia y el segundo, de igual peso, el de la realidad: España no está hoy, como no lo  estaba hace 115 años en condiciones de oponerse a la “Pax americana”.


Sin embargo esta fisura legal adquiere hoy una dimensión inesperada. España por distintas leyes, decretos y circulares, ha decidido restablecer los derechos de nacionalidad para muchos de sus antiguos ciudadanos que la perdieron por diferentes motivos  el siglo pasado (e incluso antes, como es el caso de los judíos sefardíes). Este buen camino con el tiempo va resultando parcial e incompleto pues van apareciendo abismos insondables de injusticia. No vamos a aludir la notoria iniquidad de conceder la nacionalidad sólo a los descendientes de los inmigrantes de sexo masculino, ni a detallar tampoco las numerosas tretas legales de las que se valen los funcionarios en el exterior para retardar o entorpecer las suplicas de los interesados, que no siempre pudieron tener acceso a los documentos necesarios para hacer valer sus derechos.

Concerniendo a cubanos y puertorriqueños nacidos en Ultramar el Tratado los desposeía pura y simplemente de su condición de españoles, quedando a disposición de las nuevas autoridades como si se tratase de propiedades materiales de la Corona cedidas o vendidas en virtud de aquel acuerdo. Algo que estaba en franca contradicción con el Derecho de gentes, es una de las razones por las que dicho tratado nunca fue ratificado por las Cortes del Reino hasta hoy.

Pocos se levantaron en aquel momento para denunciar tamaña injusticia, llevada hasta las Cortes por el Almirante Cervera. Más adelante se publicó un real decreto en el Manual de Clases pasivas y Militares que les declaraba extranjeros. Sin embargo, según la Constitución vigente, el Registro Civil del Reino, era el único organismo habilitado para reconocer legalmente (una vez que se hubiese procedido a la inscripción) la pérdida de la nacionalidad de aquellos españoles y esto nunca ocurrió.  
Al no asentarse debidamente en los registros civiles del Reino de España la nueva situación administrativa de los naturales de la isla de Cuba, estos siguieron conservando de facto la nacionalidad española.  
La creación de la República de Cuba no resolvió tampoco este problema legal, puesto que la Constitución cubana establecía que aquellas personas debían “optar” por la nueva nacionalidad cubana, algo que en la práctica –y de toda evidencia- también resultó difícil de aplicar. Los que no lo hicieron,  así como sus descendientes, siguieron conservando de facto su condición de españoles al menos hasta 1940. 
En consecuencia, sus descendientes siguen siendo españoles y podrían reclamar esta condición actualmente en los registros civiles de la Península. 
En 1940 la nueva Constitución, decretó por “ius solis,” la condición de cubanos a los nacidos en Cuba, con lo que los españoles que no “optaron” en aquel momento por seguir conservando la nacionalidad terminaron perdiéndola, así como sus descendientes.

Ahora bien, la nacionalidad española no depende de la nacionalidad cubana ni viceversa. Cada estado soberano decide por sí mismo quienes son sus ciudadanos. España no puede impugnar el Tratado de París pero sí hacer justicia a los descendientes de aquellos españoles, reconociendo su derecho a la nacionalidad. Nada lo impide y sería un acto de justicia elemental. Las recientes decisiones del Tribunal Supremo negando la condición de españoles a los nacidos en los Territorios de Ultramar, son una vergüenza y una aberración del Derecho. Dada la actual coyuntura política internacional, abrir la nacionalidad a todos aquellos descendientes de españoles que lo soliciten, abre perspectivas insólitas, – trascendentales- para la causa de la hispanidad. 

Sólo un ciego no sabría verlas.

En inglés: Blog, Translating Cuba.

Why Do Cubans Continue To Be Spaniards?

14ymedio, Ferrán Nuñez, Paris, 21 February 2015 — With the signing of the Treaty of Paris of 1898, Spain ceded or sold the last pieces of its former empire where, in the time of Carlos V, “the sun never set.” This treaty, as has already been proven by Pedro Albizu Campos, had several legal defects that made it invalid. Curiously, no Spanish politician has used these arguments to challenge it outright. This is due to two main factors: The first, ignorance, and the second, of equal weight, reality. Spain today, as it has been for the last 115 years, is not in any shape to oppose the “Pax Americana.”
However, today this legal fissure acquires an unexpected dimension. Spain, through various laws, decrees and circulars, has decided to re-establish the rights of nationality for many of its former citizens who lost their nationality for different reasons in the last century (and even earlier, as is the case of the Sephardic Jews). Over time this worthwhile path is going to turn out partial and incomplete because unfathomable depths of injustice are appearing. We are going to neither allude to the notorious inequality of conceding nationality only to descendants of male immigrants or detail the numerous legal ploys that officials abroad use in order to retard or delay the petitions of the interested parties, who could not always access to the documents necessary for validating their rights.
The Treaty of Paris completely dispossessed Cubans and Puerto Ricans born overseas of their status as Spaniards, leaving them to the disposition of the new authorities as if it were dealing with material property of the Crown ceded or sold by virtue of that agreement. Something that was in frank contradiction of the rights of peoples and is one of the reasons that the said treaty was never ratified by The Cortes – the Spanish Parliament – until today.
Few rose then to denounce such injustice, carried to The Cortes by Admiral Cevera, among others. Later a royal decree was published in the Manual of Military and Civil Classes, which declared them foreigners. Nevertheless, according to the current Constitution, the Civil Registry of the Kingdom was the only agency authorized legally to recognize (once registration had proceeded) the loss of nationality of those Spaniards, and this never occurred.
By not duly settling in the Kingdom of Spain’s civil registry the new administrative status of the natives of the island of Cuba, they continued to maintain de facto Spanish nationality.
The creation of the Republic of Cuba did not resolve this legal problem either, given that the Cuban Constitution established that those people had to “opt” for the new Cuban nationality, something that in practice – and from all the evidence – also turned out difficult to put into practice. Those who did not do it, as well as their descendants, kept their de facto status as Spaniards at least until 1940. As a result, their descendants continue to be Spanish and could demand that status currently in Spain’s civil registries.
In 1940, the new Constitution decreed by ius solis (birthright through parentage) Cuban status to those born in Cuba so that Spaniards who did not “opt” at that moment to keep their Spanish nationality ended up losing it as did their descendants.
However, Spanish nationality does not depend on Cuban nationality or vice versa. Each sovereign state decides for itself who are its citizens. Spain cannot impugn the Treaty of Paris but it can do justice to the descendants of those Spaniards, recognizing their right to nationality. Nothing prevents it and it would be an act of basic justice. The recent decisions by the Supreme Court denying Spanish status to those born in overseas territories are a disgrace and a legal aberration. Given the current international political environment, offering nationality to all those descendants of Spaniards who seek it opens unusual prospects – transcendental – for the cause of Hispanic heritage. Only a blind man would not know how to see them.
Translated by MLK


vendredi 7 décembre 2012

Devaneos de una cubano-española

Días atrás leí una nota publicada por la Redacción de Cubaencuentro, fechada en Madrid el 30 de octubre bajo el título “Cónsul español en La Habana pide a sociedades hispanas en la Isla acoger a los nuevos cubano-españoles”, la cual me ha producido cierta perplejidad. Además de ofrecer algunos datos interesantes, el texto merece una lectura cuidadosa: muchas veces lo esencial está en los detalles, sobre todo cuando se trata de un discurso diplomático, lleno de omisiones y medias verdades.
El tema de los cubanos que han abarrotado la sede del Consulado Español en La Habana con el objetivo de acogerse a la nacionalidad de sus ancestros en virtud de la Ley de Memoria Histórica, resulta un signo elocuente de lo depreciada que se encuentra la condición de los nativos de la Isla. Basta consultar las cifras para tener una idea aproximada de la movilización que se desató por parte de centenares de miles de descendientes de españoles que en el transcurso de los tres últimos años han aspirado a recuperar la ciudadanía de sus abuelos.
Según la citada nota, por declaraciones del propio cónsul general de España, Tomás Rodríguez Pantoja, al cierre de 2011 se habían concedido en Cuba 65 000 nuevas nacionalidades y en la actualidad son 70 000 los cubanos que la han obtenido, mientras quedan todavía pendientes 140 000 expedientes de solicitudes. Si a esto se añaden los 28 000 españoles radicados en Cuba antes de la aplicación de la referida Ley, se puede concluir con facilidad que la cantidad de ciudadanos de ese país (es decir, los neo-españoles caribeños) surgidos en pocos años casi supera el total de inmigrantes españoles que arribaron a la Isla en todo el primer tercio del pasado siglo. En esas cifras no se incluyen las decenas de miles de cubanos de ascendencia española que por diversas causas se han visto imposibilitados de obtener la documentación imprescindible que se requiere para la obtención de la nacionalidad –como, por ejemplo, las certificaciones de nacimiento de los abuelos– y, en consecuencia, ni siquiera han presentado sus solicitudes ante las oficinas del Consulado.
En reunión sostenida con los directivos de sociedades españolas en Cuba, el señor cónsul expresó que “uno de los retos más importantes que tenemos, y que os pido que os toméis con el máximo cariño, es integrar en nuestras sociedades a todo este ingente número de españoles nuevos o viejos, renovados, que son los cubanos españoles que, a través de la Ley de la Memoria Histórica, van a recuperar la nacionalidad de sus ancestros”, y pidió a las comunidades españolas asumir “la responsabilidad de integrarlos en el espíritu de España”, debido a que algunos de los cubanos nacionalizados “no saben siquiera distinguir entre comunidades”. Anteriormente había afirmado en otro espacio que estas personas “no tienen todavía el sentimiento español (…) no sienten el país ni están pegados a nuestra realidad, pero son tan españoles como nosotros”.
Como cubana-española reciente, debo reconocer que en buena medida el señor cónsul tiene razón: aquí no tenemos ni la más peregrina idea de lo que pueda ser “sentirse español”, al menos no como parece considerarlo el diplomático. Somos, simple y puramente, cubanos, sin importar la cantidad y variedad de ciudadanías o pasaportes que llegaríamos a atesorar si nos fuera posible. No es un secreto, ni siquiera para el cónsul, que la abrumadora mayoría de quienes se han acogido a la ciudadanía española lo ha hecho con la esperanza de emigrar. Por cierto, el pasaporte español ni siquiera tiene tanta demanda como una visa norteamericana.
Y aquí quiero subrayar que soy una excepción en la regla: no tengo el menor interés en escapar de Cuba, ni en establecerme en España (ni en ningún otro país) y si decidí acogerme a la ciudadanía de mi abuelo, un vasco nacido en Busturia, es porque me corresponde tal derecho y porque si alguna vez tengo la posibilidad de visitar España sería preferible hacerlo en condiciones de ciudadana de ese país, con un pasaporte que me abriría las puertas que me cierra el cubano. Soy en definitiva una incurable adicta a los derechos. Tampoco me interesa “solicitar ayuda” para parasitar sobre el erario público que se sostiene sobre los impuestos de los españoles que aportan a él con su trabajo y su esfuerzo. No tengo espíritu de holgazana ni de mendiga.
En lo personal, no tengo idea de qué definiría el cónsul como “sentimiento español”. No creo que se precise de algún sentimiento nacionalista para experimentar una emoción profunda ante la historia y la cultura españolas. Los grandes maestros de su pintura; sus artistas; los innumerables genios de su literatura, en particular de su poesía, de los cuales Antonio Machado sigue siendo mi favorito; la fuerza y peculiaridad de su música y sus danzas; la riqueza y variedad de sus tradiciones; la fascinación de su rica historia cargada de luces y sombras, que en buena medida encierra las claves del propio devenir de la historia de mi patria, Cuba, y que también explica la idiosincrasia de mi propia nación e identidad, son elementos suficientes para comprender la singular empatía entre cubanos y españoles.
España me resulta más cercana, además, desde que comenzó a producirse la migración al revés: las décadas de dictadura han coadyuvado al desplazamiento de miles de cubanos que se han hecho de España su patria adoptiva. Muchos de ellos no tienen la nacionalidad española y una parte considerable no ha obtenido siquiera la residencia, pero hacen lo posible por sobrevivir en condiciones de desventaja y en medio de una prolongada y severa crisis económica. Quiero más a España desde que se ha convertido en el hogar de tantos compatriotas míos y desde que en el transcurso del último lustro he recibido el apoyo y las muestras de simpatía de españoles que me escriben y son seguidores de mi bitácora digital. Porque, aunque esto no resulte de interés para el señor cónsul, entiendo que el gobierno español pudiera no haber hecho una buena adquisición al otorgarme la ciudadanía: soy una disidente impenitente y me opongo a cualquier autoridad que coarte mis derechos. Como cubana disiento del gobierno de la Isla, y como española quisiera que, discursos condescendientes aparte, el Cónsul, representante en Cuba del gobierno de mi otra nación, me aclarase algunas dudas.
Me interesaría saber, digamos, de qué manera el Consulado piensa ayudar a que los cubanos que están recuperando la nacionalidad de sus ancestros “sientan el país (España)” o “se peguen” a la realidad española. Pongamos por caso, la sede diplomática de España en La Habana podría comenzar por introducir prácticas que reconozcan a los cubano-españoles los mismos derechos que a los españoles de nacimiento, ya que hasta ahora el trato que se otorga a unos y otros es marcadamente diferenciado, como lo demuestra el detalle de que cualquier nativo de España solo tiene que presentar su pasaporte comunitario o su DNI español para acceder a la sede diplomática, en tanto los cubano-españoles están obligados a utilizar su carné de identidad cubano para ello, aunque posean el pasaporte español. ¿Somos españoles de segunda categoría, ciudadanos sin pedigrí, españoles amateur?
El pasaporte es otro punto neurálgico. Es casi tan engorroso acceder al pasaporte español como al cubano. En mi caso, recibí la comunicación de otorgamiento de la ciudadanía en octubre de 2011 y más de un año después no he podido confeccionar mi pasaporte, ignoro por qué. Muchos cubanos que han obtenido la ciudadanía después que yo, ya lo poseen. Ante la falta de respuestas, he solicitado el trámite en varias ocasiones, sin éxito. Estoy inscrita en el registro consular de La Habana, pero soy una “española indocumentada”, sin saber qué ineptitud burocrática (si lo fuera) me impide acceder al documento que me identifica como ciudadana de España. ¿Será que el pasaporte español es tan selectivo como el cubano y ciertos elementos no tenemos derecho a él?
No conozco ningún nuevo cubano-español que haya sido invitado a las celebraciones por el Día de la Hispanidad que se celebra cada 12 de octubre, ni he tenido noticias de que el consulado tenga alguna propuesta de atención para este sector de sus “nacionales”. Por ejemplo, a pesar de las conocidas limitaciones de los cubanos para acceder a Internet, todos los trámites consulares requieren de citas previas que deben solicitarse por correo electrónico. No obstante, el consulado no ha tenido a bien habilitar una sala de acceso a la red de redes, ni siquiera para el uso de los cubanos que ya han obtenido su documentación como españoles. Tampoco se ofrece ese servicio en las sociedades culturales españolas. ¿No sería esta una forma efectiva de demostrar la buena voluntad del gobierno de Madrid y una vía para que los nuevos españoles estén mejor informados y conozcan más sobre su nación adoptiva? ¿No son las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones el medio más expedito para el libre intercambio cultural en la llamada aldea global?
Tampoco sé de cubano-españoles que sean libremente contratados y considerados como tales por las firmas comerciales de España que han invertido capitales en la Isla. ¿Qué impide que éstos sean contratados como españoles de ultramar y que gocen de los mismos beneficios salariales y los derechos laborales de cualquier otro español? Similares exclusiones se extienden a quienes han decidido independizarse del empleador oficial —el gobierno cubano— tras obtener la ciudadanía española. Conozco casos de cubanos que mientras fueron contratados a través de una bolsa empleadora oficial de la Isla pudieron ejercer su profesión en España sin que para ello les exigieran titulación de ese país. Sin embargo, al pretender emplearse como ciudadanos españoles en el mismo desempeño ahora se les exige documentación de centros de estudios españoles. ¿Es que acaso existe un acuerdo con el gobierno cubano para limitar los derechos de los españoles de ultramar? ¿Cómo se puede consolidar de esa manera el “sentimiento español”, cómo explicaría el cónsul semejante discriminación y cómo supone que estos nuevos españoles tengan la posibilidad de “penetrar” en la economía de sus empresas cuando en principio se encuentran marginados de ellas?
No me parece que el señor cónsul tenga muy claro que la integración no se puede sostener sólo sobre los “intercambios y actividades culturales”. Es decir, las panderetas, gaitas y castañuelas me parecen muy bien, pero como “derechos” resultan insuficientes. El gobierno de España podría hacer muchísimo más por los españoles de esta ínsula y también por su propia nación si concibiera políticas eficaces que estimulasen a éstos a permanecer en Cuba y que a la vez aportasen beneficios a la economía española. De hecho, aportar a España fue lo que hicieron hombres como mi abuelo vasco y centenares de miles de españoles que como él llegaron a esta Isla cargados de esperanzas para trabajar, prosperar y ayudar a los suyos en la patria lejana. No se trata aquí de ofrecer limosnas, sino de trazar estrategias de beneficio mutuo. Ojalá los hacedores de la política española en Cuba fuesen hoy tan determinados, creativos y auténticos como aquellos inmigrantes que antaño partieron de sus playas para recalar en las nuestras.
Miriam Celaya
La Habana

lundi 22 octobre 2012

La que se avecina: El españolazo

Todos de plácemes, los Castro aflojan la cuerda del ahorcado. Titulares de la noticia recorren las páginas de los principales diarios digitales en Europa y América. ¡Qué buenos son los nuevos líderes insulares! Ahora sí, a falta de poder construir el comunismo, los cubanos van a ser felices pudiendo salir libremente de su país. ¡Cómo si la emigración fuera el problema crucial que aquejara la nación! 

El castrismo tiene la facultad de fabricar una noticia donde en realidad no la hay. Acordar la libertad de viajar es una cosa, asegurar que esta pueda ser efectiva, otra bien diferente. Primero, porque un pasaporte cuesta en Cuba alrededor de 60 dólares. Lo que significa que si se toma en consideración el elemento fundamental para el cálculo, -el salario promedio de un cubano, que es de 19 pesos convertibles-, es fácil de comprender lo difícil que va a resultar para el ciudadano común reunir ese dinero, sobre todo, cuando se deben hacer frente a otras necesidades más urgentes como la alimentación de cada día. 

Pero esta no es la principal dificultad que deberán enfrentar los cubanos que deseen viajar. Más complicado va a ser reunir la plata necesaria para comprar el billete de avión, por las mismas razones antes expuestas. Veamos un ejemplo práctico. Si nuestro cubano tipo desea viajar a México utilizando patrióticamente la compañía nacional Cubana de Aviación, deberá desembolsar 396 cuc (tarifa vigente); es decir, para que se comprenda mejor lo que estamos hablando, esta cantidad representa veinte veces el salario medio de un cubano, suponiendo que se dedique a ahorrar todo lo que gana durante casi 24 meses, algo que resultaría imposible hasta para la más ahorrativa de las hormigas. 

Pero seamos optimistas, supongamos que una persona quiere un pasaporte y dispone de un trabajo (pagado con divisas convertibles) que le permita reunir el dinero necesario para sobrepasar las dificultades antes mencionadas. No lo tendrá tan fácil como podría parecer a primera vista ya que, según el texto de ley publicado ayer, no le otorgarán el documento, si no ha cumplido con el Servicio Militar Obligatorio (SMO), que como ya hemos denunciado repetidamente, es el último vestigio de la esclavitud que queda en Occidente; tampoco se le acordará dicho certificado de viaje, cuando “Razones de Seguridad Nacional así lo aconsejen”. Una disposición lo bastante vaga como para justificar cualquier negativa ¿Cuáles son éstas razones? ¿Quién las determina? ¿Ante cuál autoridad pueden apelar en caso necesario? 

Otro punto excluyente es sin dudas este: “Que carezcan de la autorización establecida, en virtud de las normas dirigidas a preservar la fuerza de trabajo” Básicamente esto significa que el candidato debe disponer de la autorización inicial de su jefe y luego, la de su ministro de tutela, un trámite que dura años y con el que se obtienen resultados más que aleatorios según los que lo han sufrido.
Esta medida, la justifica el texto de la resolución, por la agresividad de los Estados Unidos, quienes, -según el credo sostenido por la ideología imperante-, anhelan con febrilidad enfermiza a todos los profesionales cubanos preparados gratuitamente por la Revolución para darles casa, auto y trabajo. Un discurso manido que no resiste al más mínimo análisis lógico, pues tras más de cincuenta años de castrismo, pocos son los profesionales cubanos capaces de enfrentarse de manera competitiva a una economía de mercado como la norteamericana.
Como en Cuba casi todo el mundo posee un título universitario, de más está decir entonces que dichas autorizaciones se darán con cuentagotas. Cada funcionario habilitado para ello tendrá que cumplir la “meta” establecida en su sector y estas cifras no aparecen por ninguna parte en la resolución. ¿Cuántos médicos por año? ¿Cuántos ingenieros se autorizarán? Misterio en la noche. 

Por último el demandante deberá ser del agrado de las autoridades porque tampoco podrá viajar “Cuando por otras razones de interés público, así lo determinen las autoridades facultadas” esto significa que, sin apelación posible, podrían privarlo por tiempo indefinido de la llave de los sueños a la que tanto aspira. 

En resumen, esta medida es como de costumbre, hueca palabrería, un hatajo de tonterías, destinadas a alcanzar dos objetivos fundamentales. Primeramente, mostrar al mundo (que por desgracia sólo retiene los efectos de anuncio y no lee la letra pequeña de los documentos oficiales) que el régimen evoluciona positivamente y segundo, ha sido creada de manera expresa y premeditada para facilitar la rápida salida del país de los 160 mil nuevos españoles (y de sus familas, claro) que viven en Cuba actualmente. 

Como sabe cualquiera que se interese en le tema cubano, los Castro abren la válvula de la emigración para calmar las tensiones sociales cada cierto tiempo. Ocurrió en los años ochenta del pasado siglo con el éxodo del Mariel, en los noventa tras el Maleconazo y ahora en los 2000 con el Españolazo que se prepara discretamente con el contubernio de las autoridades de la península, incapaces no sólo de aprovechar el momento histórico que se les ofrece hoy  para reincorporar la isla dentro de una Federación Española, sino de refundar un proyecto nacional que brinde a sus propios ciudadanos un poco de esperanza y de ilusión. 



ACC, 17 de octubre de 2012