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lundi 4 mai 2015

Deshaciendo mentiras: Julio Sanguily era un agente doble y no un patriota

Sus relaciones con el rebelde Carlos Agüero y, especialmente, con Manuel García Ponce; su forma de vida, bastante desordenada, y, sobre todo, sus contradicciones personales, le llevaron a ejercer un doble juego como agente de la Capitanía General y como «padrino» o protector de los bandoleros-insurrectos, en quienes tenía no sólo una baza para la empresa revolucionaria, sino, también, un medio para financiar su desproporcionado tren de vida.


Lea la investigación de Manuel de Paz aquí:

y si quiere hacerse daño, el artículo de Angel Santiesteban Prats titulado "Julio Sanguily, el gran traidor".

La Historia la hacen los hombres y mujeres, luego, es recogida por los historiadores, basándose en documentos probatorios que testifican los hechos.
ignacio agramonte y loynaz¿Para qué cubano no fue un orgullo aquel rescate que hiciera el general Ignacio Agramonte, cuando le arrebató a las tropas españolas al apresado oficial Julio Sanguily, pasando a ser una batallas épica –digna de las de Ulises y recogidas en La Odisea– por el derroche de valentía, sentimientos nobles y generosidad que solo podía causar aquel posible suicidio, dada la superioridad numérica de las tropas enemigas?
Manuel SanguilySin embargo –hace aproximadamente diez años– se han descubierto los pagos del gobierno español a su espía Julio Sanguily. Se asegura que también era agente del gobierno norteamericano y recibía su precio en oro. Consta que en varias ocasiones, Julio Sanguily recibió dinero y lo usó para propósitos personales. El más doloroso –a mi entender, pues no soy historiador, solo un consumidor constante de las investigaciones de los autorizados en la materia– es aquel dinero enviado por José Martí para el comienzo de la guerra de 1895, pensada y concertada por el Apóstol, y que recibiera Sanguily, y fuera malgastado sin que diera el paso del alzamiento. Su hermano Manuel sí se mantuvo en una posición coherente y vertical con la lucha de los buenos cubanos.
A pesar de las grandes heridas recibidas en combate por Julio, el dinero fue su ceguera, o, viendo su cuerpo tan sacrificado, decidió cambiar el sacrificio por placer, algo repetido por una especie de cubanos a través de los tiempos. Esta realidad también ha sido tratada con secretismo, aunque ya fue recogida por algún historiador, precisamente por aquel que encontró los documentos de pago en los archivos de la península.
firma-3
Ángel Santiesteban-Prats
Prisión asentamiento de Lawton. Junio de 2014
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mercredi 22 avril 2015

Efeméride: comienza la guerra hispano-norteamericana.

  • Viajamos a ...abril de 1898
  • Sagasta: 'Frente a USA, guerra o deshonor'

Eduardo García Serrano

El progresista presidente español Práxedes Mateo Sagasta apeló al Honor para ir a la guerra contra EE.UU, en Cuba. Años después, Churchill hizo lo mismo frente a Alemania.
Hundimiento del acorazado Maine.

Un viejo aforismo universal dice que "si la Filosofía se escribe en griego y el Derecho en latín, el Honor se escribe en español". Hasta un progresista como Práxedes Mateo Sagasta apeló al Honor cuando en abril de 1898 Estados Unidos le declaró la guerra a España. "Guerra o deshonor", clamó Sagasta desde la presidencia del Consejo de Ministros ante el desafío militar arrojado como un guante al rostro de España por los Estados Unidos. ¡Ojo!, advertencia previa imprescindible para todos los progres (que no progresistas), herederos de Sagasta, que creen que el Honor es bisuteria moral propia de la carcundia del viejo bunker de la derecha calderoniana: varios años después de 1898, cuando Europa contempló impasible cómo la Alemania nazi invadía los Sudetes, Churchill pronunció una frase equivalente a la de Sagasta "habéis preferido el deshonor a la guerra, y ahora tendréis las dos cosas", dijo el viejo león inglés para denunciar la cobardía europea ante el expansionismo germánico.

Todo comenzó con la explosión, todavía hoy sin aclarar, del crucero norteamericano Maine, con 260 muertos entre sus tripulantes. El buque estalla en las cercanías de las costas de la provincia española de Cuba, de donde Estados Unidos quería expulsar a España por considerar que era una zona geopolítica que debía estar bajo la hegemonía y tutela norteamericana. Ni España ni su guarnición militar cubana tuvieron nada que ver con la explosión del Maine. Es más, los españoles pusieron a disposición de los supervivientes del buque su logística de rescate, refugio y atención médica. No sirvió de nada, exactamente igual que el informe oficial elaborado por las autoridades españolas que demostraba que España nada tuvo que ver con la explosión del crucero estadounidense. La prensa norteamericana, con su célebre consigna "Remember the Maine", clamaba a favor de la guerra contra España. Tal fue el éxito de esa campaña periodística que, finalmente, el presidente norteamericano McKinley firmó la declaración oficial de guerra, después de que España rechazara la última oferta de paz del embajador norteamericano en Madrid consistente en el pago de 100 millones de dólares por la isla, más otro millón para el político o diplomático español que cerrase la operación. España consideró deshonrosa la oferta y EE.UU. consiguió lo que buscaba: la guerra.

"Guerra o deshonor", clamó Sagasta y la inmensa mayoría de la sociedad española le apoyó. La infantería española destrozó, literalmente, a la infantería norteamericana que, henchida de su propia propaganda, no sabía a quien se enfrentaba: a la mejor infantería del mundo, heredera de las Falanges griegas, de las Legiones romanas y de los Tercios del Gran Capitán. Pero todo se perdió en el mar. Todo, menos el Honor. La flota española, fondeada en puerto, se encontró bloqueada por la escuadra norteamericana, sin poder salir de la bahía sin una acción disuasoria de las baterías de costa. En España nadie entendía que la flota permaneciese amarrada en puerto. En un acalorado debate sobre el honor y el coraje, el Congreso dio la orden de que saliese a mar abierto a combatir. El almirante Cervera, que sabía lo que les esperaba, cumplió la orden política del Congreso y con la proa del buque insignia, el Infanta María Teresa, abrió un  pasillo hacia la muerte de sus hombres y de sus buques. La boca de la bahía era demasiado estrecha y el fuego enemigo se desplegaba en abanico en mar abierto. Los barcos españoles no pudieron salir en formación de combate. Abandonaron el puerto de uno en uno ofreciéndose a la artillería naval norteamericana. Habían aceptado el sacrificio porque el Congreso así lo había ordenado para salvar el Honor de la Patria. En menos de cuattro horas la flota española fue masacrada en aguas cubanas. En La Paz de París, firmada en diciembre de 1898, España lo perdió todo, menos el Honor. La derrota en la que perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas fue responsabilidad de los políticos, la salvaguarda del Honor se la debemos a los soldados que se batieron contra USA desde Cuba a Baler.  

mardi 24 février 2015

El mal llamado Grito de Baire

El inicio, 120 años atrás, de la Guerra Necesaria, no ocurrió exclusivamente en la localidad santiaguera

Roberto A. Quiñones. Cubanet
foto de Internet
GUANTÁNAMO, Cuba. -Este 24 de febrero del 2015 se cumplen 120 años del inicio de la “Guerra Necesaria” convocada por José Martí, fecha que todavía se recuerda con el nombre de “Grito de Baire”, un título que desvirtúa el carácter simultáneo del levantamiento y distorsiona la verdad histórica.
foto de InternetEn el libro titulado “Dos fechas históricas: 10 de octubre de 1868 y 24 de febrero de 1895”, publicado por la editorial Ciencias Sociales en 1989, de los historiadores Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, esta última señaló: “Los dirigentes patrióticos de este lugar (se refiere a Baire) -que ha ganado merecido sitio imborrable en la historia de Cuba por haber sido escenario de uno de aquellos levantamientos dignificadores con que se acudió al llamado que Martí, con sobrada autoridad política y moral, hizo en nombre de la patria-no fueron los primeros en lanzarse al campo de combate, y tampoco fueron sus fuerzas las primeras en atacar al ejército del colonialismo español ni en derramar su sangre en la nueva contienda” (1).
Y también consignó lo siguiente: “Hacer del heroico Baire el centro aislado o principal del levantamiento, sería desconocer que el 24 de febrero de 1895, como resultado de una sabia orientación táctica de Martí, lo que tuvo lugar fue-aunque no en la escala prevista y necesitada por el proyecto martiano- un levantamiento simultáneo…” (2).
¿Quiénes se levantaron en armas el 24 de febrero de 1895?
En la zona occidental de Cuba hubo levantamientos armados en Ibarra, provincia de Matanzas, liderado por Juan Gualberto Gómez; en Jagüey Grande, Matanzas, liderado por Martín Marrero y en Los Charcones; Aguada de Pasajeros, comandado por los habaneros Joaquín Pedroso, Alfredo Arango y Charles y Jorge Aguirre, pero en ninguno de estos lugares hubo acciones militares ese día ni otras significativas en los siguientes. Todos estos alzamientos fracasaron y los sublevados se entregaron al gobierno español para acogerse al indulto ofrecido por éste.
En Oriente hubo levantamientos en Santiago de Cuba, con el general Guillermo Moncada al frente; en Bayate, distrito de Manzanillo, bajo el mando del general Bartolomé Masó; en Bayamo, dirigido por los coroneles Joaquín Estrada Castillo, Esteban Tamayo y José Manuel Capote; en Baire, con Saturnino Lora al frente, en Jiguaní, comandado por el coronel Fernando Cutiño Zamora y en Guantánamo, bajo el mando del general Pedro “Periquito” Agustín Pérez.
Foto cortesía del autor
Solamente en Guantánamo hubo acciones militares significativas ese día cuando el coronel Enrique Tudela, cumpliendo órdenes de “Periquito” Pérez atacó y tomó el fuerte español en Jatibonico, causándole dos bajas al ejército colonial e hiriendo a tres soldados. Además obtuvo armas y municiones. Ese mismo día Tudela atacó el fuerte El Toro pero no pudo tomarlo. Esas fueron las primeras y únicas acciones militares realizadas el 24 de febrero de 1895.
Fue en Guantánamo, además, donde se realizaron más de doce acciones combativas entre el inicio de la gesta independista y el 31 de marzo de ese año, algo que no ocurrió en ningún otro lugar del país.
Baire y Guantánamo: La verdad histórica
Ni Hortensia Pichardo ni Fernando Portuondo mencionan en el libro de su autoría el texto “El 24 de febrero de 1895”, del poeta, periodista, abogado, profesor e historiador guantanamero Regino E. Boti, precisamente el ensayo histórico que le sirvió para formalizar su ingreso ante la Academia de la Historia de Cuba y la primera investigación que develó la verdad sobre lo ocurrido ese día.
Foto cortesía del autorEl libro, publicado en 1923 y reeditado en el 2008, constituye un exhaustivo análisis en el que Boti afirma que en Baire lo que hizo Saturnino Lora fue descargar los seis tiros de su revólver en la plaza del pueblo y marchar con una bandera española con franjas blancas (la de la Autonomía) hacia la finca donde estableció su campamento.
Reflexionando sobre la magnitud de los acontecimientos Boti concluyó que fue Guantánamo la región que tuvo la participación más activa y destacada ese día y lo definió así: “¿Qué es dar el grito? Si por tal se toma la extensión de un documento el grito se dio en Manzanillo y Guantánamo, dándole, provisionalmente, todo valor cronológico a la proclama de Masó. Si por tal se toma emitir protestas o lanzar vítores, se dio en Guantánamo, Ibarra, Jiguaní y Baire. Si por tal se entiende disparar el arma, se dio en Baire. Si por tal se entiende combatir, matar, aprisionar y despojar al enemigo de pertrechos y posesión, se dio en Guantánamo. Guantánamo es el lugar que suma mayor número de circunstancias” (3).
El 24 de febrero de 1895 Guantánamo era la zona del país mejor preparada para el levantamiento, no sólo porque desde octubre de 1894 Pedro Agustín Pérez estaba alzado en la manigua sino porque existían núcleos patrióticos en más de nueve localidades y cada una de ellas contaba con uno o dos jefes. Lo ocurrido entre ese día y el 31 de marzo de 1895 lo demuestra. No en balde Antonio Maceo y José Martí escogieron esta zona para desembarcar.
NOTAS:
  • 237 del libro “Dos fechas históricas: 10 de octubre de 1868 y 24 de febrero de 1895”, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1989, de Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo.
  • “El 24 de febrero de 1895”, Regino E. Boti, Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo, 2008, ps.98 y 99.

Acerca del Autor

Roberto Jesús Quiñones Haces
Roberto Jesús Quiñones Haces
Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado. Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009.

vendredi 23 janvier 2015

El problema cubano

Grupo de guerrilleros cubanos a caballo
Época: Restauración
Inicio: Año 1895
Fin: Año 1898

Antecedente:
La crisis de fin de siglo

(C) Carlos Dardé

La Restauración heredó, junto con la guerra carlista, otra guerra en Cuba, iniciada en octubre de 1868, la que sería conocida como guerra de los Diez Años. Cuando Cánovas se hizo cargo del poder, las fuerzas independentistas cubanas se encontraban profundamente debilitadas. A pesar de que España, sumida en graves problemas, sólo había prestado una atención secundaria al conflicto antillano, siete años no habían bastado para extender la guerra más allá del Oriente de la isla -la zona más pobre y atrasada, donde había comenzado-; las divisiones internas entre civiles y militares impedían el máximo aprovechamiento de los recursos disponibles, los fondos proporcionados por los exiliados cubanos estaban agotados, y la estricta neutralidad de los Estados Unidos les privaba de la esperanza en la única ayuda que podría desequilibrar la balanza a su favor. Por eso aceptaron la generosa oferta de paz, con promesas de amnistía y reformas políticas, que en 1878 les hizo un nuevo Capitán General, Arsenio Martínez Campos, quien, por otra parte, contaba con más soldados, disponibles tras la terminación de la guerra carlista en la Península. La paz se firmó en la aldea de Zanjón.

La guerra de los Diez Años -y la guerra chiquita que se libró a continuación, hasta 1880- tuvieron dos consecuencias fundamentales: dieron un gran impulso al nacionalismo cubano, y favorecieron la penetración económica de los capitalistas de Estados Unidos en la isla. Respecto a lo primero, según Luis E. Aguilar, "la vaga sensación de identidad colectiva, surgida a comienzos del siglo XIX", se convirtió en un sentimiento ardiente y profundo. Aunque el racismo persistió -las advertencias españolas de que una lucha anticolonial sería el detonante de una guerra racial semejante a la de Haití- tendría poco peso a partir de entonces, dado que los negros se habían unido a los blancos en su combate contra España. "El recuerdo de los héroes cubanos y de sus victorias -y el de la brutalidad española (...)- despertaba emociones patrióticas que hacían extremadamente difícil una completa reconciliación".

La inversión de capitales norteamericanos estuvo unida a la reconstrucción del Oriente cubano devastado por la guerra, pero también se extendió al resto de la isla. Fue una ocasión aprovechada por las tendencias expansionistas de la industria azucarera para llevar a cabo una profunda modernización del sector: mecanizarlo, sustituyendo al trabajador esclavo negro por el asalariado blanco, y aumentar la escala de producción. Además de proporcionar el capital, Estados Unidos se convirtió en el mercado por excelencia de los productos cubanos y, especialmente, del azúcar. A comienzos de la última década del siglo, el valor de las exportaciones cubanas a España era de 7 millones de pesos, por 61 millones a los Estados Unidos. En estas circunstancias, el gobierno norteamericano estuvo en condiciones de imponer las condiciones que quiso. En 1892 entró en vigor un nuevo Arancel que establecía la entrada libre en los Estados Unidos del azúcar cubano a cambio de abundantes concesiones a las manufacturas norteamericanas en el mercado antillano. Eminentes economistas de la época consideraron este momento como el de la anexión económica de Cuba a los Estados Unidos. No obstante, los textiles catalanes, en particular, siguieron teniendo en las Antillas un destino privilegiado.

La paz de Zanjón estableció la asimilación de Cuba con la metrópoli, como si fuera una provincia más. Cuba, igual que Puerto Rico, eligió diputados al Congreso de Madrid. Se formaron dos partidos políticos: la Unión Constitucional o partido conservador, y el Partido Liberal, que pronto tomó el nombre de Autonomista. En el primero se integraron fundamentalmente los peninsulares, aunque también contó con algunos destacados criollos, partidarios del completo control sobre la colonia y enemigos de toda concesión o reforma. El partido Autonomista estaba compuesto sobre todo por criollos que querían obtener por medios pacíficos y legales unas instituciones políticas particulares para la isla, en las que ellos pudieran participar. En 1878 se liberó a los esclavos que hubieran luchado en alguno de los dos bandos; la abolición definitiva de la esclavitud llegó en 1886. El proceso de adaptación no fue nada fácil para una gran mayoría de las personas negras liberadas.

Acostumbrados al tópico de la suicida pasividad política del gobierno español en Cuba, entre la paz de Zanjón y el grito de Baire -con el que daría comienzo la guerra de 1895-, resulta sorprendente leer en el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals, la existencia de dos estrategias españolas con las que contrarrestar el independentismo cubano: al afán por lo que llamaron ganar a los negros, y una política oficial de hispanización de la sociedad cubana. Las autoridades fueron plenamente conscientes de la importancia del problema negro en Cuba, y llevaron a cabo una extraordinaria labor de promoción cultural hacia los negros y contra la discriminación racial; fueron suprimidos todos los impedimentos para la asistencia a cualquier centro de enseñanza -primaria, secundaria o universitaria-, o cualquier tipo de segregación en transportes o locales públicos. "Lo increíble es que estas disposiciones se comenzaron a poner en vigor cuando aún no se había abolido la esclavitud (...) Ninguna otra metrópoli en el mundo ha mantenido una actitud político-racial semejante". El principal medio por el que se intentó españolizar la isla fue la política inmigratoria, que aprovecharon, sobre todo, gallegos -nombre que se da en la isla a todos los españoles- y asturianos. Entre 1868 y 1894 llegaron a Cuba 708.734 inmigrantes (417.624 civiles y 291.110 soldados y oficiales) para una población que, en 1868, era de 1.500.000 personas.

Lo que el gobierno español no hizo, desde luego, fue introducir reformas políticas ni conceder la autonomía a Cuba; el último intento, fracasado, fue el de Antonio Maura en el ministerio liberal de 1893; las reformas del ministro Abárzuza fueron demasiado tímidas y llegaron demasiado tarde. Para muchos historiadores esta cerrazón -que ciertamente llevaría a los cubanos a la guerra como única forma de obtener su independencia-, o bien es incomprensible, o sólo puede explicarse por la influencia de unos pocos potentados peninsulares, atrincherados en sus privilegios. La política española en Cuba, sin embargo, tenía lógica -Cánovas no estaba ciego, precisamente en este asunto, y era clarividente en todos los demás-, y estaba determinada por otros móviles, además de satisfacer los intereses de unos cuantos.

Como señala Javier Rubio, "la gran mayoría de los dirigentes políticos de la época contemplaban la autonomía (...) como una expeditiva fórmula mediante la cual los separatistas encubiertos conseguirían una rápida independencia". El exministro liberal de Ultramar, Víctor Balaguer, lo expresaba claramente: "por muchos caminos se puede ir a la separación, pero por el camino de la autonomía las enseñanzas de la historia me dicen que se va por ferrocarril". Es decir, pensaban -y con razón- que los intereses cubanos y los españoles eran contrapuestos, por lo que una Cámara autonómica adoptaría medidas que un gobierno español no podría tolerar, y el conflicto terminaría en el enfrentamiento y la independencia.

Moreno Fraginals ha expuesto con toda claridad la raíz del problema cubano para España: "La crisis del sistema de gobierno español en Cuba tenía su razón de ser en la inadecuación de la relación metrópoli/colonia". España carecía de los medios técnicos y económicos para encauzar tanto la realidad como las posibilidades productivas cubanas. Cuba, en una serie de aspectos, desbordaba a la metrópoli. Esto la sabían muy bien los gobernantes españoles y especialmente Práxedes Sagasta y Antonio Cánovas del Castillo. Es absurdo afirmar que España se empeñaba en mantener una política anacrónica e irracional respecto a Cuba: Sagasta y Cánovas eran demasiado inteligentes para implantar, sin razones, un sistema incoherente. Su política respecto a Cuba fue la única posible para una metrópoli situada a 9.000 kilómetros de distancia, que sólo consumía, comercializaba y transportaba el 3, 7 por 100 de la producción colonial, mientras más del 90 por 100 lo hacía Estados Unidos, a sólo 120 kilómetros de sus costas. La política española era de supervivencia dentro de un sistema en el cual no actuaba como metrópoli económica que dirige la vida de un país, sino como extraña mezcla de parásito que extrae riquezas y centro que aporta su cultura.

Si se quería mantener la soberanía española, la política respecto a Cuba fue la única posible. La pregunta correcta, por tanto, -de acuerdo con el análisis acertado que los políticos hacían de la cuestión- no es por qué éstos no dieron la autonomía a Cuba, sino por qué no le dieron la independencia, como francamente recomendaba el general Polaviejaen 1879. Y la respuesta debe tener en cuenta los diversos factores -de distinta naturaleza, económicos, políticos, culturales- que aparecen implicados en toda empresa colonial y no sólo en la cubana. Con relación a los factores económicos, es evidente que existía un importante grupo de presión -propietarios y beneficiarios de concesiones del Estado- favorable al mantenimiento de la situación; representantes de intereses cubanos habían ayudado financieramente a la empresa de la Restauración, y ocupaban puestos clave en el sistema: Romero Robledo y el marqués de Comillas, por ejemplo. Pero había también otros intereses, no tan individuales, que no podían sacrificarse fácilmente; según la relación de Earl R. Beck, de acuerdo con Javier Rubio, "los fabricantes de harinas, que temían la pérdida del mercado cubano, los productores peninsulares de azúcar, amenazados por las importaciones de las Antillas, los armadores que se beneficiaban de las tarifas diferenciales en los fletes bajo pabellón español, los industriales catalanes, que se amparaban en la protección del mercado cubano". Es decir, una buena parte del aparato productivo español, para quienes en palabras de un agricultor castellano, en 1897, Cuba ya no suponía ríos de oro como antaño, pero sí un lugar donde aún se vende mucho.

El problema se complicaba por su dimensión nacionalista. Todas las colonias, pero Cuba especialmente, eran parte del territorio de la nación, que los políticos debían conservar en su integridad. Headrick ha señalado que Cuba fue paraCánovas lo que Portugal para el conde-duque de Olivares. En 1865, Cánovas alabó a los diputados sitiados en Cádiz, en 1811, que rechazaron un tratado para "proveerse de subsistencias con tal de que cedieran los presidios de África", dispuestos a perecer antes que abandonar la parte más mínima del territorio de su patria. En aquella misma ocasión, reconocía que "e(ra) preciso corregir un poco a esta nación, un tanto llena de sus blasones, (...) de su hidalguía de conquistadora, de su gusto por la guerra, de su placer por las aventuras. Pero eso sólo podía conseguirse lentamente, porque las tendencias históricas de la nación española (...) son superiores a todos los gobiernos (...) a todos los individuos. No se cambia la naturaleza de un país en un día; no se le dice a una nación antigua y de viejos blasones (...) (que) es preciso abandonar en un instante todos los estímulos, toda la poesía que llevan consigo el honor y la gloria".

La cuestión efectivamente se planteaba en términos de honor y gloria, tanto por la inmensa mayoría de los políticos como por las masas urbanas, progresivamente receptivas al discurso nacionalista. Es preciso no olvidar, por último, que las últimas décadas del siglo XIX fueron la época del imperialismo, una época en las que las potencias europeas tomaban colonias, no las dejaban. Cánovas -y en éste como en otros temas es preciso citarle porque, además del poder de decisión que tenía, intentó en todo momento dar y darse la razón de sus actos- contempló entusiasmado el colonialismo europeo, que juzgó como una nueva cruzada, una misión divina, que las naciones cultas y progresivas tenían que cumplir para "extender su propia cultura y plantear por donde quiera el progreso, educando, elevando, perfeccionando al (...) hombre". El lugar de España en esta empresa estaba "entre las naciones expansivas (...) ese corto número de naciones superiores aunque", decía, "limitadas (deben ser) nuestras aspiraciones, cuando lo están nuestras fuerzas". Ya que no era posible ganar mucho, se trataba al menos de no perder lo que se tenía.

La guerra de Cuba se produjo por los intereses bursátiles de Wall Street

Cuba siempre fue la base desde la que se enviaron expediciones españolas a la conquista de América. Realmente, su economía siempre fue muy modesta y no se dedicaron al tema del azúcar, ya en serio, hasta que la conquistaron los británicos y, tras la independencia USA, para exportar hacia allá casi toda su producción, pues esas colonias USA no podían comprar ese producto a otras colonias del Imperio Británico.
En Cuba, como en el resto de Latinoamérica, el deseo de la emancipación o independencia vino, sobre todo, porque en la península no se fiaron nunca de los criollos, y no les quisieron dar ningún cargo de importancia, por la negativa de la península a que rompieran su monopolio comercial (lo mismo hacían los británicos y nadie se ha quejado por ello) y porque a los USA les interesaba tener esa isla en su poder.
En tiempos de la Guerra de Cuba, el Ejército y la Armada USA eran una birria. Se cree que sólo había unos 40.000 hombres en el Ejército USA, lo que pasa es que, tras ver tantas películas del Oeste, parece que eran más.
La guerra de Cuba se produjo por los intereses bursátiles de Wall Street. Hay constancia documental de ello.
La burguesía cubana no era tan conservadora. La primera línea ferroviaria de España se instaló en Cuba. Mucho antes que la Barcelona-Mataró.
En Madrid eran antiesclavistas. Los que estaban a favor de la esclavitud eran los terratenientes y hombres de negocios cubanos.
Precisamente, como la I República española estaba a favor de liberar a los esclavos, esos cubanos financiaron durante muchos años a las tropas carlistas. Hay constancia de ello.
Por otra parte, ¿no se ha dado cuenta de que, nada más llegar Cánovas y Alfonso XII al poder, acabaron las guerras carlistas? Pues, le puedo decir al respecto que, casualmente, el mayor financiero de los carlistas eran el presidente del Banco de la Habana, que, también, casualmente, era un hermano de Cánovas.

Sin olvidar que los industriales catalanes siempre se opusieron a la independencia y ni siquiera admitieron nunca dar una autonomía a Cuba, porque en esa isla hicieron muchos de sus grandes negocios. Aquí le pongo un enlace, escrito por el catedrático Carlos Dardé.

Comentario de Aliado, Amantes de la historia

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/7127.htm

Aquí le dejo otro enlace, donde habla del escritor Clarín y su opinión sobre ese tema:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/espana-ante-la-guerra-colonial-de-1895-a-1898-leopoldo-alas-clarin-periodista-y-el-problema-cubano/html/b5c63b96-749f-449d-8f78-2f18568179e7_12.html

vendredi 19 décembre 2014

El amigo americano de Cuba

Carta de J.C. Brenckenridge al Teniente General N. A. Miles, DEPARTAMENTO DE GUERRA, OFICINA DEL SECRETARIO, WASHINGTON D.C.

La isla de Cuba, con mayor territorio, tiene mayor densidad de población que Puerto Rico, y está desigualmente repartida; a pesar de ello, constituye el núcleo de población más importante de las Antillas. Su población la constituyen las razas blanca, negra, asiática y sus derivadas. Sus habitantes son por regla general, indolentes y apáticos. En ilustración se hallan colocados desde la más refinada hasta la ignorancia más grosera y abyecta. Su pueblo es indiferente en materia de religión, y por lo tanto, su mayoría es inmoral, como es a la vez de pasiones vivas, muy sensual; y como no posee sino nociones vagas de lo justo y de lo injusto, es propenso a procurarse los goces no por medio del trabajo, sino por medio de la violencia; y como resultado eficiente de esta falta de moralidad, es despreciador de la vida.
Claro está que la anexión inmediata a nuestra federación de elementos tan perturbadores y en tan gran número, sería una locura, y antes de plantearla debemos sanear ese país, aunque sea aplicando el medio que la Divina Providencia aplicó a Sodoma y a Gomorra.
Habrá que destruir cuanto alcancen nuestros cañones, con el hierro y con el fuego; habrá que extremar el bloqueo para que el hambre y la peste, su constante compañera, diezmen su población pacífica, y mermen su ejército; y el ejército aliado habrá de emplearse constantemente en explorociones y vanguardias, para que sufran indeclinablemente el peso de la guerra entre dos fuegos, y a ellas se encomendarán precisamente todas las empresas peligrosas y desesperadas.

En Francés

Lettre de J. C. Brenckenridge au lieutenant général N. A. Miles. 

« Ses habitantes sont indolentes et apathiques (…) par règle générale, ils sont immoraux et enclins aux passions tapageuses ; la population, très sensuelle, est indifférente en matière de religion. En conséquence, elle ne possède que des notions très vagues de ce qui est juste ou injuste, c’est pour cela qu’elle s’incline à se procurer les plaisirs, non pas par le travail, mais par la violence. (…) Il est clair que dans ces conditions, l’annexion immédiate à notre Fédération des éléments si nombreux et perturbateurs serait de la folie. Avant de l’entreprendre, nous devons assainir ce pays en employant, si nécessaire, les moyens que le Divine Providence utilisa à Sodome et à Gomorrhe ».

Fuente: auténtico.org

vendredi 29 août 2014

´España quería perder Cuba´

´España quería perder Cuba´

Agustín González Morales, capitán de fragata de la Armada española y escritor, afirma que "la guerra le costaba al Estado un millón de pesetas al día, por eso planeó dejar las colonias"

El capitán de fragata y autor del libro, Agustín González Morales, durante la entrevista.
El capitán de fragata y autor del libro, Agustín González Morales, durante la entrevista. josé luis gonzález


MIGUEL ÁNGEL AUTERO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
 El Casino de La Laguna ha acogido un ciclo sobre Conocimiento y Cultura Naval, unas conferencias organizadas por la Delegación del Órgano de Historia y Cultura Naval de Canarias que contaron con la participación del capitán de fragata Agustín González Morales quien presentó su novela histórica Y en España se puso el sol. Cuba 1898. Una obra que gira en torno a varios personajes, unos reales y otros ficticios, que participaron en los acontecimientos que a finales del siglo XIX desembocaron en la pérdida de las últimas colonias de ultramar de España. Juan Llorca y Andrés Sequeiro son dos marineros que combatieron a bordo del crucero Infanta María Teresa el 3 de julio de 1898, cuando el contralmirante Pascual Cervera y Topete, al mando de la Escuadra del Atlántico, fue obligado por el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta a abandonar el puerto de Santiago de Cuba para luchar contra la flota estadounidense. Es un hecho histórico que ambos salvaron a Cervera de morir ahogado tras el combate y también es verdad que la orden gubernamental se dio a sabiendas de que la Armada estadounidense, que estaba fondeada frente a la bocana del puerto, iba a asistir a un ejercicio de prácticas de tiro.
–¿Por qué publica una novela histórica de estas características en este momento?
–Un compañero y amigo mío, Jorge Vasco Cervera, que es tataranieto del almirante Cervera y hace unos años me propuso escribir una biografía de su antepasado. Él sabía que tenía cierta facilidad para esto de las letras, una actividad que desarrollo desde que era chiquito. Entonces le comenté que de la vida de Cervera seguro que había alguna biografía del almirante. Y de hecho el padre Risco escribió una biografía bastante bien documentada. A partir de ahí se me ocurrió proponerle escribir una novela histórica en la que pudiera relatar hechos en los que participó su tatarabuelo. Además este tipo de literatura tiene bastante éxito entre los lectores como se puede comprobar con los seguidores de las obras de Arturo Pérez–Reverte. Y como no conocía ninguna novela que estuviera ambientada en torno al desastre de Cuba pues me puse manos a la obra.
–¿Cómo llevó a cabo el proceso de documentación?
–Antes de empezar a escribir dediqué alrededor de cuatro años investigando con información inédita que tenía Jorge y que me proporcionó; consulté de fuentes de la prensa de la época, documentación del Viso del Marqués y luego pues la familia Cervera es muy amplia y cuando alguno de los descendientes del almirante se enteraba de que estábamos trabajando en este proyecto pues me facilitaban datos por todos lados. En ese momento surgió también la página web almirantecervera.com con mucha información. Tras reunir prácticamente toda la información que precisaba me puse a escribir durante un año y medio más otro año para corregir y buscar la editorial que, finalmente, fue Noray la que asumió el riesgo de publicar una obra de un escritor novel que no había publicado nada antes.
–¿Encontró datos de canarios que participaran en aquella batalla cuando se documentaba para escribir la novela?
–Pues sí he encontrado algunos datos aunque solo de uno he encontrado toda la información. No obstante tuvo que haber más canarios. En este caso logré identificar a un marino de Gran Canaria. Se llamaba José María Arancibia Liborio y sirvió como alférez de navío en el crucero Cristóbal Colón y averigüé que fue condecorado con la medalla de la campaña de Cuba.
–La España del 98 pasaba por una situación económica tremendamente difícil... No digo que ahora asistamos a una situación de quiebra como aquella pero estamos en un periodo de crisis, de recesión fortísima, que afecta al ánimo y a la confianza de los ciudadanos ¿Ha encontrado paralelismos, salvando las distancias, entre ambas épocas?
–Encontrar paralelismos entre la España del 98 con la España actual sería una osadía. Es un hecho que en 1898 el país estaba en bancarrota pero son contextos distintos; la política, la forma de vivir y de ver el mundo son circunstancias que no pueden equipararse. La derrota para España fue trágica aunque pudo recomponerse con cierta rapidez mientras que la victoria para Estados Unidos supuso su nacimiento como potencia mundial.
–Sí, pero España quedó muy afectada con aquella derrota que supuso la pérdida de sus últimas colonias...
–España mantenía desde hacía años diversos conflictos en las colonias que le quedaban. Aquellas guerras le costaban al Estado un millón de pesetas de la época al día. El presidente Cánovas del Castillo había sido asesinado un año antes y los territorios de las colonias ya no eran tan rentables como antes y cuando Sagasta asumió el Gobierno se encontró con un desastre financiero. Por ello se empezó a plantear cómo salir de Cuba y Filipinas honrosamente. La fórmula fue participar en un combate y perderlo sin rendirse. Así que se luchó con uñas y dientes y hubo muchos muertos. España no podía dilapidar 400 años de un Imperio del que se decía que nunca se ponía el sol. Tenían que ir a Cuba a morir y se enviaron las tropas para ser vencidas, según las propias palabras de Víctor Concas, que estuvo al mando del crucero Infanta María Teresa.
–¿Cómo se produjeron aquellas órdenes?
–La escuadra pasó por Canarias pero no fondeó y continuó rumbo a Cabo Verde. Es sorprendente que nuestra escuadra se reuniese en esas islas que no eran españolas. Allí llegaron también dos cruceros desde Puerto Rico, otros dos cruceros y varios destructores provenientes de Cádiz. Es raro porque si la guerra hubiera estallado durante esa reunión, Portugal se hubiera encontrado con un problema diplomático. Sorprende que no pararan en Canarias para carbonear y tuvieran que aprovisionarse en Cabo Verde que, sin embargo ya le había vendido casi todo su carbón a los ingleses. Creo que la compra de ese carbón por parte de los ingleses estuvo acordada con los Estados Unidos para impedir que nuestra flota llegara a las Antillas y a Cuba. Pero hubo más, para cargar ese carbón en los barcos de nuestra Armada se alquilaron chalanas a los ingleses a precio de oro. Fue un conjunto de despropósitos porque el Gobierno sabía que se iba a perder contra la Armada norteamericana, así que todo respondía a un mismo plan. Que más daba si el resultado siempre iba a ser el mismo: la derrota.

vendredi 23 mai 2014

José Martí no era una mansa paloma.

Al contrario, su locura secesionista terminó en un baño de sangre y en la actual ruina de Cuba.


A continuación presentamos una de las circulares emitida por José Martí y Máximo Gómez desde los campos de Cuba en plena Guerra de Independencia. Esta circular fue escrita el 26 de abril de 1895 en el campamento de Igunabo y ordenaba fusilar a todos aquellos que se opusieran a la guerra.


Cuartel General en Campaña.


La Isla de Cuba, en virtud del trabajo general y respetuoso que inició el Partido Revolucionario Cubano se ha levantado de su libre voluntad después de largo y previo acuerdo, con el apoyo ordenado del exterior, para conquistar, con una guerra enemiga de la devastación innecesaria y de la violencia inútil, su independencia absoluta de la dominación española.

Jamás la revolución que ha estallado en Cuba pensó en admitir ni oír siquiera, -por la incapacidad radical de España y por la insuficiencia patente para Cuba del mayor extremo de libertad española, proposición alguna de España, directa o indirecta, que tendiese a abatir las armas cubanas con algo menos que con el reconocimiento de la independencia del país.

Cuantos brazos se han alzado para extirpar el gobierno extranjero, han firmado antes la obligación de sustentar, hasta caer, la guerra por la independencia definitiva.

Un pueblo americano como Cuba, con carácter y elementos de vida propios, capaz de gobernarse por la cultura y laboriosidad de sus hijos, y unificados después de la esclavitud en el sacrificio de la guerra, no puede continuar en la servidumbre innecesaria de un pueblo lejano como el español, de espíritu diverso, abocado a una división próxima y cuya viciosa existencia nacional depende principalmente de la explotación pública y secreta de nuestra Isla.

Meros cambios del nombre de los Consejos españoles del gobierno en Cuba, ni ninguna otra reforma, pueden mudar el hecho innegable de la absoluta ineptitud de España para privarse de los recursos pingües que por vías públicas o individuales, tan corrompidas como corruptoras, deriva de la Isla.

La ayuda lamentable de un grupo escaso de cubanos al propósito español de reducir o localizar la guerra suponiéndola, por labios serviciales de hijos del país, tendencias locales o de otra especie indignas de refutación, y radicalmente diversas del espíritu vasto y grandioso que le conocen de sobra los que de público lo niegan, no es más que un error tan punible como será oportuno el arrepentimiento de él, o la resistencia natural, y siempre arrollada, de los hombres tímidos al sacrificio, y de los hombres egoístas a los deberes de la humanidad.

Ni el gobierno de España, ni nadie en su nombre, puede ofrecer sinceramente a Cuba concesiones que España por su Constitución nacional, no puede confirmar, que en su mayor extensión no bastaría a las dotes superiores y al grado de desarrollo del país, y que sólo con indignación, y como insulto verdadero, puede oír la dignidad cubana.

La guerra por la independencia de un pueblo útil y por el decoro de los hombres vejados, es una guerra sagrada, y la creación del pueblo libre que con ella se conquista es un servicio universal. El que pretende detener con engaño la guerra de independencia, comete un crimen.

En esta virtud, la Revolución, por sus representantes electos, vigentes hasta que ella se dé nuevos poderes, en descargo de su deber intima a Vd. que en el caso de que en cualquier forma y por cualquier persona se le presenten proposiciones de rendición, cesación de hostilidades o arreglo que no sea el reconocimiento de la independencia absoluta de Cuba, -cuyas proposiciones ofensivas y nulas no pueden ser más que un ardid de guerra para aislar o perturbar la Revolución,- castigue Vd. sumariamente este delito con la pena asignada a los traidores a la Patria.

Saludan a Vd. y a las fuerzas a su mando en Patria y Libertad.


El Delegado                                                                         El General en Jefe
José Martí                                                                           Máximo Gómez

vendredi 16 mai 2014

RENCORES POR BATALLA DE 1898 SIGUEN VIVOS EN CUBA

Olvídese del embargo de Estados Unidos contra Cuba. Si usted quiere saber cuál es el origen de los resentimientos entre ambos países, vaya a la Loma de San Juan, escenario de la batalla que decidió la guerra hispano-estadounidense y generó rencores jamás superados.

En una serie de colinas desde las que se observa la segunda ciudad más grande de Cuba, soldados y voluntarios estadounidenses, incluidos Teddy Roosevelt y sus famosos jinetes Rough Riders, combatieron junto a insurgentes cubanos y derrotaron a los españoles el 1° de julio de 1898.

Si bien todo empezó como una guerra por la independencia de Cuba, los estadounidenses le prohibieron a los cubanos ingresar a Santiago y negociaron ellos mismos la paz con España.

Le concedieron la independencia a Cuba pero se reservaron al derecho a realizar intervenciones militares cuando lo considerasen necesario.

"Es un momento triste de nuestra historia", expresó Marta Hernández, de la oficina del Historiador de la Ciudad de Santiago.

Generó resentimientos que perduran 110 años después y que ayudan a explicar por qué ambos países no logran ponerse de acuerdo ni siquiera en torno al envío de ayuda de emergencia tras el paso de los devastadores huracanes Gustav e Ike por la isla.

Los estadounidenses creen que la batalla por la Loma de San Juan representó el inicio de una era de esplendor para su país. Afianzó la imagen de Roosevelt como un presidente que logra todo lo que se propone, una imagen a la que alude repetidamente el candidato republicano a la presidencia John McCain.

El gobierno comunista cubano, en cambio, sostiene que es otro ejemplo de la agresión estadounidense en Latinoamérica. El mes pasado, los cubanos rechazaron ayuda de emergencia por valor de 6,3 millones de dólares y pidieron en cambio que Washington suspenda el embargo comercial y la prohibición de viajes que impuso hace 46 años.
Las relaciones no siempre fueron tan distantes. Uno de los monumentos más grandes de la Loma de San Juan, erigido en 1927, describe la batalla como un episodio en el que insurgentes cubanos y soldados estadounidenses "sellaron un pacto de libertad y fraternidad entre las dos naciones".

La guerra comenzó con el hundimiento del barco militar estadounidense Maine en el puerto de La Habana, el 15 de febrero de 1898, cuando la nave protegía los intereses norteamericanos en Cuba. Murieron 267 estadounidenses.

Una fuerza de unos 15.000 soldados y voluntarios al mando del mayor general William Shafter libró varios combates en las alturas vecinas a Santiago, incluida la Loma de San Juan, bloqueando el acceso a la ciudad desde el este. En la campaña fallecieron al menos 205 estadounidenses y hubo 376 heridos.

Roosevelt, por entonces un teniente coronel, renunció al cargo de subsecretario de la Armada para combatir como voluntario con los Rough Riders y encabezó una carga en la Loma de San Juan que lanzó su carrera política.

El pacto de libertad y fraternidad se diluyó pronto y las intervenciones estadounidenses facilitaron la instalación de una serie de gobiernos débiles y corruptos. Hacia 1920, firmas estadounidenses controlaban dos tercios de la tierra cultivable de Cuba y la prohibición de venta de bebidas alcohólicas en Estados Unidos ayudó a cimentar la fama de la isla como paraíso del juego y la bebida, a corta distancia de Miami.

Hasta que apareció Fidel Castro.

En su primer discurso luego de que sus rebeldes barbudos derrocaron al dictador Fulgencio Batista, el 1° de enero de 1959, Castro vinculó su revolución con la lucha por la independencia de 1898 y aseguró que esta vez ningún ejército extranjero impediría que sus fuerzas ingresen a una ciudad cubana.

Su hermano Raúl, quien asumió la presidencia en febrero, supervisó en las semanas siguientes el fusilamiento de numerosos cubanos opositores en la Loma de San Juan.
"Cuando Fidel bajó de la montaña, no fue a La Habana, fue primero a Santiago", comentó Alejandro Ferras, de 87 años y quien peleó junto a los hermanos Castro. "Es fue una respuesta a la historia. A lo que sucedió en 1898".

Desde entonces, los Castro recuerdan constantemente a sus compatriotas que "los yanquis impidieron que los cubanos ingresasen a Santiago". El embargo comercial y la prohibición de viajes a la isla dispuestos por Washington rigen desde 1962.

El resentimiento de los cubanos con el gobierno estadounidense data de antes de Castro. Muchos cubanos piensan que la isla se hubiese independizado de España sin necesidad de una intervención estadounidense.

"Los estadounidenses no tienen ni idea de los que piensan los cubanos, y no es por maldad", declaró Louis Pérez, profesor de historia de la Universidad de Carolina del Nore y quien escribió libros sobre Cuba. "Sólo conocen una versión de la historia que aprendieron en la escuela primaria, que habla de Teddy Roosevelt, la Loma de San Juan y de cómo los estadounidenses liberaron a Cuba".

Fue un episodio que perdura en la mente de muchos estadounidenses. En la campaña presidencial, McCain ha dicho que es un hombre de acción, un republicano de la escuela de Teddy Roosevelt, que no se queda cruzado de brazos durante una crisis.

En Cuba, no obstante, nadie se acuerda de Roosevelt, cuyo nombre no figura en ninguno de los monumentos de la Loma de San Juan.

"Roosevelt... Sé que estuvo en Cuba, pero nada más", dijo Mireya Cuadra, quien cuida un parque que rodea la loma. "¿No fue un presidente?".

Los cubanos sí recuerdan al general Calixto García y sus soldados cubanos, decenas de los cuales murieron en los combates, apoyando a las fuerzas estadounidenses.

Una caminata por los senderos de piedra entre los monumentos levantados en el sitio de la batalla ofrecen hermosas vistas de la Sierra Maestra y reflejan también las diferentes visiones que los dos bandos tienen de los combates: los estadounidenses muertos y heridos en combate están listados en la cima de la colina, las bajas cubanas al pie de la loma, donde hay placas que reflejan el malestar que García sentía por la arrogancia de los estadounidenses.

Una vez finalizados los combates, los estadounidenses permitieron que los oficiales españoles conservasen sus puestos de liderazgo en Santiago e impidieron la entrada a la ciudad a todo soldado cubano que no entregase sus armas, por temor a que protagonizasen saqueos y buscasen revancha.

Algunos académicos estadounidenses dicen que los comunistas cubanos dejaron de lado los libros que enseñaban que los estadounidenses ayudaron a acelerar la independencia de Cuba y dieron otra versión de la historia.

Pero Pérez afirma que el episodio de 1898 "afectó tanto las aspiraciones de los cubanos de controlar su propio destino que sigue teniendo un importante impacto" en la sociedad cubana. Agrega que Fidel y Raúl Castro fueron un producto del malestar generado por la batalla de la Loma de San Juan, no los causantes de ese enojo.

"Hay hechos que sustentan estos argumentos", expresó Pérez. "Tildarlos de propaganda o decir que están reescribiendo la historia es algo que refleja más bien la percepción del que habla".

Incluso hoy hay una estatua de homenaje a los voluntarios de los regimientos de infantería estadounidenses 2° y 9°. Por todos lados hay listas de bajas estadounidenses.

En la cima de la loma se ve una sola estatua dedicada al "mambí", el soldado cubano no identificado, que se alzó contra España. Pero en la base de la loma se encuentra grabada en piedra y bronce una copia de una carta que García le escribió el 17 de julio de 1898 a Shafter, renunciando tras enterarse de que los soldados cubanos no serían admitidos en Santiago.

"No somos un pueblo salvaje que desconoce los principios de la guerra civilizada", escribió García. "Formamos un ejército pobre y harapiento, tan pobre y harapiento como lo fue el ejército de vuestros antepasados... pero a semejanza de los héroes de Saratoga y Yorktown, respetamos demasiado nuestra causa para mancharla con la barbarie y la cobardía".







Por WILL WEISSERT
The Associated Press

mercredi 23 avril 2014

mardi 22 avril 2014

Efémeride: 1898 McKinley moviliza a 125 mil voluntarios para hacer la guerra contra España

  • April 22 - U.S. President McKinley calls for 125,000 volunteers to join the National Guard of the United States, while Congress authorizes an increase in regular Army forces to 65,000.[69] The U.S. Army is small (2,143 officers and 26,040 soldiers), ill-trained, and ill-equipped. The U.S. Navy, on the other hand, is modern and well-trained, well-repaired, and well-supplied.[68]

lundi 21 avril 2014

Eféméride: 1898 Inicio del bloqueo naval norteamericano

  • April 21 - Spain severs diplomatic relations with the United States.[66] The same day, the U.S. Navy begins a blockade of Cuba.[67] Spain mobilizes 80,000 army reserves and sends 5,000 regular army soldiers to the Canary Islands.[68]

Efeméride: 1898 - Resolución conjunta y uso de fuerzas contra España

El Congreso de los Estados Unidos aprobó en la madrugada de este día la Resolución Conjunta anulando la cláusula Foraker, aprobada por el Senado tres días antes, donde sí se reconocía al Gobierno de la República de Cuba en Armas. No obstante eso, la Resolución Conjunta convenía en "que el pueblo de Cuba era y debía ser libre e independiente" y además que "Estados Unidos renunciaba a toda intención o propósito de ejercer soberanía sobre la isla, excepto para su pacificación, y que una vez realizada debía dejar el gobierno y dominio de la isla en manos del propio pueblo cubano.

samedi 12 avril 2014

Eféméride: 11 de abril, desembarco de Máximo Gómez y José Martí en Cajobabo

Playa de Cajobabo 
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - Amanecer nublado de viernes. En medio de una suave brisa, el astro Rey se anuncia en el horizonte caribeño con sus primeros rayos de luz. Es día de marejadas en la Playita de Cajobabo , sitio ubicado a unos 100 kilómetros deGuantánamo, donde decenas de personas conversan, hacen fotografías, selfies, y de vez en cuando dirigen sus miradas hacia el inmenso mar, como quienes esperan un acontecimiento muy importante.

Poco a poco se congregan allí los pobladores del lugar, los miembros de la Sociedad Cultural José Martí, historiadores de todo el país, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio del Interior, Tropas Guardafronteras, pioneros, estudiantes, jóvenes, mujeres, y trabajadores que acuden a ese sitio sagrado de la Patria, tras las huellas del Héroe Nacional a su paso por tierras del Alto Oriente cubano.

De pronto, la atención se concentra en un pequeño bote que navega en dirección a la orilla, cargado de ocho jóvenes, quienes portan la enseña nacional y las banderas del Movimiento 26 de julio y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) .

Plenos de energía y entusiasmo, reeditan lo ocurrido allí el 11 de abril de 1895, fecha del desembarco del Apóstol y el Generalísimo Máximo Gómez, junto a los brigadieres Francisco Borrero y Ángel Guerra, el coronel Marcos del Rosario y el capitán César Salas, para incorporarse a la Guerra Necesaria
.

lundi 17 mars 2014

Arroyo Blanco, JATIBONICO: Bajo una mata de mango, el Embajador Británico en La Habana recuerda el paso del joven Winston Churchill por CUBA

Medios de la isla mostraron al Embajador Británico en La Habana Timothy “Tim” Cole en un patio particular de Arroyo Blanco (Jatibonico, Sancti Spíritus), donde estuvo destacado el joven Winston Churchill en el año 1895 como  “observador” de guerra.
El Embajador Cole, cuya fina piel obedece a esa elegante textura y coloración que los cubanos suelen identificar como “milk bottle” o “pomo de leche”, disfrutó de un día soleado al pie de la loma de La Quinta, donde Churchill tuvo su bautismo de fuego.
El motivo de la visita fue la presentación del libro Arroyo Blanco, la ruta cubana de Churchill, de la investigadora Lourdes Méndez Vargas, quien fortísima ella en sus convicciones, expuso lo significativo del hecho histórico.


jeudi 13 mars 2014

Los autonomistas y la guerra de Martí

Rafael E. Tarrago / El Nuevo Herald, marzo 17, 2003.

Desde hace años, la ideología y la actuación de los autonomistas que rechazaron la guerra en Cuba en 1895 decretada por Martí han sido reevaluadas positivamente por historiadores desapasionados. En 1971 Hugh Thomas publicó su libro sobre Cuba, en el que concluye que la autonomía concedida por España en 1898 hubiese sido la mejor vía para que Cuba llegase a ser verdaderamente independiente. Su tesis fue corroborada por J. M. Oglesby en artículo publicado por la revista The Americas en 1992. En Cuba ya Raimundo Menocal y Cueto había llegado a esa conclusión en 1947, cuando publicó en La Habana su obra de dos volúmenes Origen y desarrollo del pensamiento cubano, donde dice que las reformas descentralizantes concedidas a los cubanos en febrero de 1895 llamadas la Ley Abarzuza eran el principio del fin de la dominación española y hacían la guerra de Martí un conflicto innecesario. Desde 1878 Cuba no estaba bajo estado de sitio y para 1895 gozaba de libertades civiles como asociación, expresión y movimiento. La guerra de Martí cambió todo eso.

En un principio la rebelión de febrero de 1895 no encontró mucho apoyo, y los desmanes de los mambises en su invasión del occidente (como cantaban en su himno invasor, ''Cuba se acaba o redime, incendiada de un fin a otro fin'') causaron una reconcentración de campesinos antes de que el general Weyler fuese enviado como gobernador en 1896 con sus notorios bandos de reconcentración de los campesinos de occidente.
En su libro Facts and Fakes about Cuba (Nueva York, 1897), George Bronson Rea lo corrobora. El periodista afrocubano don Martín Morúa Delgado condenó en sus inicios la rebelión, negando el infundio de que era una guerra de negros en su periódico La Nueva Era el 6 de junio de 1895.

De los desmanes de los rebeldes sabemos por su propio testimonio. Ese es el caso con Aníbal Escalante Beatón, asistente del general Calixto García, quien ufano compara las hazañas de sus compañeros en armas a las campañas de Atila y sus hunos en el imperio romano en su libro de memorias de la guerra Calixto García: su campaña en el 95 (La Habana, 1946). En una carta al coronel Andrés Moreno desde Sancti Spiritus el 6 de febrero de 1897, Máximo Gómez, el Generalísimo, narra cómo durante su campaña de incendio y destrucción ''cuando la tea empezó su infernal tarea y todos aquellos valles hermosísimos se convirtieron en una horrible hoguera, cuando ocupamos a viva fuerza aquellos bateyes ocupados por los españoles, aquellas casas palaciegas, con tanto portentoso laberinto de maquinarias... hubo un momento que hasta dudé de la pureza de los principios que sustentaban la revolución... Mas... cuando puse mis manos en el corazón adolorido del pueblo trabajador y lo sentí herido de tristeza... tanta miseria material... entonces yo me sentí indignado y profundamente predispuesto en contra de las clases elevadas del país y en un instante de coraje... exclamé: bendita sea la tea''. (Máximo Gómez, Ramón Infiesta, p. 180).

El gobierno español perdió fuerza moral y provocó apoyo hacia los rebeldes con su represión bajo Weyler, pero autonomistas como Rafel Montoro tenían motivos para dudar que los rebeldes eran hombres capacitados para fundar una Cuba independiente que no fuera una copia de las repúblicas militares de Centro y Suramérica. Es probable que se dijeran que para militares bien se podían quedar con los españoles, a quienes siempre se podía sacar por medio del gobierno de Madrid. Y tenían razón, porque militares fueron tres de los cinco primeros presidentes de Cuba (José Miguel Gómez, García Menocal y Machado) y de los civiles el honesto Estrada Palma fue impuesto por el Generalísimo Gómez (y el gobernador angloamericano Leonardo Wood) y el presidente Zayas fue deshonesto a un grado mayor que sus predecesores o sus sucesores.

Es curioso que autonomistas como Montoro y Eliseo Giberga eran respetados en el campo rebelde. A Montoro no lo consideraba traidor a la patria el teniente coronel Villuendas, quien en su campamento de Las Villas en 1897 le dijo a Orestes Ferrara que Montoro sería uno de los hombres de importancia en la República por su talento y equilibrio mental. (Ferrara: Mis relaciones con Máximo Gómez, 1942). Eliseo Giberga fue diputado a la convención que redactó la primera constitución. Intelectuales separatistas como Sanguily y Varona mostraron el mayor respeto por su integridad y patriotismo, quizás porque sabían que en 1895 la idea de una república independiente estaba representada en menos de la tercera parte de la población (así era en 1898, como Frank Fernández dice en La sangre de Santa Agueda, Miami, 1994).

El hecho es que en octubre de 1897 Weyler fue relevado de su mando y el mes siguiente Cuba recibió la autonomía y se estableció en ella el sufragio universal masculino. En su artículo Race, Labor, and Citizenhip in Cuba: A View from the Sugar District of Cienfuegos, 1896-1909, revista HAHR, 1998 (pp.687-728), Rebecca Scott admite que hubo participación popular en las elecciones del gobierno autonómico cubano en abril de 1898. En 1905 el veterano del Ejército Libertador Enrique Collazo decía en Los americanos en Cuba que el gobierno autonómico había sido un ensayo beneficioso para Cuba y los hombres que lo plantearon hicieron cuanto bien pudieron. En palabras de Collazo, "la guerra en el intervalo de su mando cambió de aspecto, humanizándose todo lo posible... los reconcentrados encontraron en ellos verdaderos protectores... y al volver a sus hogares, en su mayoría pobres, pudieron tener la satisfacción del deber cumplido''.

Desafortunadamente, Máximo Gómez y Calixto García, en vez de pactar en 1898 con sus compatriotas autonomistas, cooperaron con el gobierno de los Estados Unidos en su guerra contra España. Así se dio el caso irónico de que la guerra que Martí organizó y comenzó para obtener la independencia completa de Cuba causó la destrucción y la enajenación que tres años más tarde entregaron ésta atada de pies y manos a los Estados Unidos.

Bibliotecario iberoamericanista de la Universidad de Minnesota, Minneapolis.

lundi 3 mars 2014

"Mi bisabuelo no tuvo la culpa de que España perdiera Cuba"

Dixit Amanda Hearts 115 años después. Y luego dicen que no se trata de un tema de actualidad

 

ABC: Los libros de historia dicen que su abuelo desató la Guerra de Cuba con aquella frase: "Dádme las fotografías, que yo pondré la guerra".

 "Eso es solo un rumor. Creo que es mentira. Mi bisabuelo no tuvo la culpa de la guerra o de que España perdiera Cuba. Él era muy poderoso y se le achacó el conflicto, pero en la familia no tomamos en serio esa historia."

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dimanche 2 mars 2014

Efeméride: La Enmienda Platt

2 de marzo de 1901 - El presidente de Estados Unidos aprueba la Enmienda Platt


El gobierno de los Estados Unidos impuso a los cubanos la mencionada enmienda cuyos elementos esenciales se citan seguidamente: 
  • En el primer artículo se prohibía a los cubanos la concertación de tratados o convenios con gobiernos extranjeros. 
  • El artículo tercero concedía a los Estados Unidos el derecho a intervenir militarmente en Cuba. 
  • El artículo séptimo establecía la cesión de porciones del suelo cubano para la ubicación de carboneras y estaciones navales. 
  • El artículo octavo disponía que los artículos de la enmienda debían estar contenidos en un tratado permanente, que se elaboró poco después y en el que quedaba omitida de los límites de Cuba la Isla de Pinos.

Noción de guerra civil

Pedro Pablo Bilbao,  del blog E. Ichikagua
Carga del Regimiento Voluntarios de Jaruco
La brasa conceptual de la guerra civil es una de esas que cada cual arrima a su sardina. El senador demócrata por Luisiana Allen Joseph Ellender (1890–1972), por ejemplo, pasó unos días (diciembre 9-14, 1958) en Cuba e informó queso long as there was no real civil war prevailing, there was no reason why we should not have sold military equipment to Cuba to maintain internal security. Para describir la rebelión in crescendo contra la dictadura boqueante del general Fulgencio Batista, Elllender usó civil strife, algo así como luchas intestinas o conflictos internos.
La investigación bibliográfica del politólogo holandés Hans van der Dennen (Universidad de Groningen) sobre conceptos y datos de la guerra (UNESCO, Anuario de estudios sobre paz y conflictos, Fontamara, 1986), recoge notas definitorias de la guerra como género de violencia: colectiva, directa, manifiesta, personal, intencional, organizada, institucionalizada, instrumental, sancionada, y a veces ritualizada y regulada» (Volumen I, página 116). Al menos desde que otro holandés, Hugo Grocio (1583-1645), se enredó con De iure belli ac pacis (1625), la guerra se ligó a entidades políticas en pie de igualdad jurídica, que recurrían a sus fuerzas armadas para resolver conflictos. Tal ligazón persiste hoy en el andamiaje teórico de la guerra y la paz que levantaron el tándem Karl Deutsch – Dieter Sengass para cobijar otros bandos como quasi-Estados (The Search for World Order, Appleton-Century-Crofts,1971, páginas 114 ss).
Tales bandos no rompen sólo la paz social, sino también la igualdad jurídica: uno o más se colocan fuera de la ley para dar guerra a otro amparado por el poder estatal. Así, la guerra civil comparte notas definitorias de la guerra más convencional, pero sus manifestaciones mucho más diversas dan otra de diferenciación: el conflicto en torno al poder dentro de la misma entidad política, que puede englobar acciones bélicas heterogéneas entre grupos sociales de naturaleza disímil (política, étnica, racial, clasista o religiosa).
Para discernir civil war de civil strife, el jurista e historiador francés Charles Zorgbibe propone medir la intensidad y aplicar el último término a revueltas de corta duración y breve espacio (La guerra civil, DOPESA, 1975, página 8). Así, la guerra civil giraría en torno a crisis política de aguda polarización y movilización por ambos bandos de amplios recursos para resolverla. El asalto (1953) al cuartel Moncada sería mera revuelta, pero ya los conflictos bélicos de la guerrilla de Castro contra Batista (1956-58) y de las guerrillas anticastristas (1960-65) serían guerra civil.
La sublevación contra los poderes constituidos puede proseguir en escalada de violencia hasta llegar a la guerra civil, por entre guerra de guerrillas, terrorismo y otras variantes.Aquí opera la lógica de la subversión: minoría histórica organizada y activa, ideología rebelde para justificar la violencia y la coerción, milicia o ejército, y poder alternativo con apoyo popular en el territorio bajo control.
Quizás el quid polémico de la guerra civil en Cuba no esté en el Escambray, ni siquiera en el siglo XX, sino más bien en el siglo XIX. La guerra de independencia (1895-98) encaja perfectamente en la noción de guerra interna sugerida por el finado profesor Harry Eckstein (Universidad de California en Irvine): intento de cambio violento de gobierno o política (Internal War: Problems and Approaches, Collier-MacMillan / The Free Press, 1964, página1), que debe ajustarse al efecto de aprehender el quebrantamiento de la identidad colectiva y la deslegitimación del orden político en la Isla. Todo parece indicar que la noción más precisa sería guerra civil.
Los historiadores militares españoles Gabriel Cardona y Juan Carlos Losada Malvárez largaron en Weyler, nuestro hombre en La Habana(Planeta, 1997) que la guerra de independencia de Cuba (1895-98) entrañó «más cubanos luchando en el bando españolista que en el contrario» (página 13). Sus estimados arrojan más de cien mil voluntarios y guerrilleros al lado de España: 4,595 oficiales y 82,033 soldados en sus propias unidades, así como otros 1,272 y 29,309, respectivamente, en el ejército regular (página 197). Y dan como ejemplo que la escolta del general Valeriano Weyler contaba con 30 negros cubanos movilizados como «bomberos».
El cuadre de la lista con el billete ($75) para el licenciamiento del Ejército Libertador arrojó 33 390 efectivos, tras exigirse haber servido antes de acordarse la paz (agosto 12, 1898) para dejar fuera a quienes se alistaron a última hora. Y tuvo que ser de este modo, porque el coronel José Ramón Villalón, secretario de la comisión ad hoc enviada a Washington para tramitar la licencia pagada, se apeó con 45 031 mambises y un tercio eran oficiales con sueldos superiores a sus homólogos en EE. UU. El presidente McKinley mandó a La Habana a Robert Percival Porter como enviado especial para deshacer el entuerto, que uno de los 84 generales de la lista, Enrique Collazo, había planteado así: «Aparece hoy el ejército cubano con un número tal vez el doble que tenia durante la campaña» (La Lucha, marzo 9 de 1899). A igual situación se refirió Fidel Castro (diciembre 14, 1959) en el juicio contra Huber(t) Matos: «Con 807 hombres armados invadimos el resto de la Isla, [pero] después del día primero de enero [de 1959] ingresaron muchos que no habían peleado [y] se metieron en los cuarteles, porque se rindieron los soldados (…) De buenas a primeras el Ejército Rebelde tenía más de 30 mil o más de 40 mil, es posible que 50 o 60 veces más».
Según los cálculos minuciosos de Octavio Avelino Delgado, en su tesis doctoral The Spanish Army in Cuba 1895-1898 (Universidad de Columbia, 1980), el bando españolista tenía al estallar la guerra unos 20,238 hombres sobre las armas, incluyendo guerrilleros y voluntarios (páginas 534 ss). El mayor general Antonio Maceo emprendió su campaña de invasión a Occidente con 1,400 soldados, de ellos 810 a caballo (José Luciano Franco, Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida, La Habana: Ciencias Sociales, 1973, Tomo II: páginas 182 s). La referencia oficial indica que, al final, de la guerra el Ejército Libertador andaba por 50 mil efectivos, pero solo la mitad armados.
En Guerra, migración y muerte (Júcar, 1993), Manuel Moreno Fraginals y José Joaquín Moreno Masó deslizaron el dato inflado de tropas enviadas a Cuba, sobre todo en 1895, y de paso la tesis de que «un altísimo número de soldados no regresaría a España al final de la guerra» (páginas 275-78 passim). A este último respecto, los 46,180 muertos estimados [4,065 en combate, 40,435 por enfermedades y 1,680 en la travesía] no tienen discusión, pero es difícil tragarse que la desmovilización del ejército español abriera una ancha vía migratoria.
La aritmética confiable y sencilla de Enrique de Miguel Fernández (Anales de la Real Academia de Cultura Valenciana, No. 85, 2010, página 259) da resultado negativo: 20,950 de entrada más 218,511 en envíos sucesivos menos 48,180 muertos y 194,746 repatriados [48,235 antes y 146,511 después de concluir la guerra] igual a – 1, 465 [- 2,180, si se toma la cifra de entrada de Dellgado]. Así que se fueron a España cubanos incorporados al bando españolista después de romperse las hostilidades. En el Archivo Histórico Militar, De Miguel Fernández revisó una lista de 768 guerrilleros que solicitaron irse a la península cuando terminara la guerra.
Antonio Elorza y Elena Hernández (Universidad Complutense) tacharon (La guerra de Cuba, 1895-1898, Alianza, 1898) de falsedad que el Grito de Baire (1895) obedecía a la sublevación separatista ordenada por Martí y Gómez. La gente del mayor general Bartolomé Masó se habría alzado agitando la bandera española, modificada con dos franjas azules para indicar la búsqueda de autonomía política. Del otro lado, sin embargo, la noción de guerra civil se pone en entredicho con la reconcentración como genocidio.  Julio Le Riverend llegó a estimar en exceso la población en 1895 y redondeó la diferencia con respecto al censo de 1899 a 200 mil para atribuirla ya sólo a los muertos por la reconcentración. En su discurso por el aniversario 44 del Moncada (Las Tunas, julio 26 de 1997), el general Raúl Castro imprimiría el giro patriótico de que «pocas veces en la historia un pueblo ha tenido que pagar tan alto precio por su amor a la libertad». Algo así tenía que justificarse inflando los reconcentrados a «300 mil cubanos, en su mayoría niños, mujeres y ancianos».
El horror de la reconcentración no se alivia con que las cifras exactas sean más bajas, pero de ningún modo encaja que España se propusiera exterminar a la población cubana. El profesor Luis Navarro (Universidad de Sevilla) apunta en Las guerras de España en Cuba (Madrid: Ediciones Encuentro, 1998) que los mambises tomaron también medidas mortíferas, desde prohibir el suministro de alimentos a las ciudades y destruir las cosechas hasta ejecutar en masa a los guerrilleros cubanos. A este respecto alega que tal fue la orden del general Calixto García al tomar la única ciudad de cierta importancia en toda la guerra: Las Tunas.
Entre cubanos, el autonomismo, la guerra civil y la reconcentración son una tríada pendiente de abordar al estilo que recomendó el historiador polaco Tadeusz Lepkowski: «sin sectarismo, [para] mirarlo con ojos nuevos» («Síntesis de Historia de Cuba: problemas, observaciones y críticas»,Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, No. 2, mayo-agosto 1969, página 70).
-lustración: Augusto Ferrer-Dalmau, Carga del Regimiento Voluntarios de Jaruco (ca. 2011) © Galería Ferrer-Dalmau (Barcelona). Esta carga se dio (febrero 19, 1986) contra las tropas de Maceo, que acabaron por tomar el pueblo e incendiarlo. Se generó entonces la leyenda de que tuvieron que hacerlo porque nadie quiso sumarse al contingente invasor.