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mercredi 15 avril 2015

Una mirada crítica sobre Eduardo Galeano

ANTE LA MUERTE DE EDUARDO GALEANO Y SU DISCURSO ANTIHISPANISTA


Sr. Eduardo Galeano: 

Mucho me hubiese gustado conocerlo en alguna orilla del Plata para expresarle estas palabras personalmente. Respecto a su discurso donde mezcla la epopeya española y el imperialismo anglosajón, quiero dejarle estas líneas, deseándole de todo corazón que este viendo la verdad eterna y su alma se haya reconciliado con Dios y pueda descansar en paz. En principio, nadie duda que en la conquista del Nuevo Mundo hubiera abusos, como pasa siempre, aún hoy, cuando se encuentran poblaciones que se desconocen; solo que el resultado final fue una civilización donde los naturales salieron favorecidos en el balance final. ¿Qué hubiera sido de ellos si Inglaterra hubiese llegado como luego llegó a partir de 1810 al imponer las revoluciones secesionistas? Los hubiesen exterminado como hicieron los liberales anglófilos uruguayos que no dejaron un charrúa vivo, llegando a vender a los últimos a un zoológico belga. Sí, los uruguayos ya independientes y llenos de frases sacadas del Paris de 1789, vendieron indios como esclavos y estos fueron rescatados por el pueblo belga, que fue movido a la misericordia por su piedad católica, esa piedad que usted rechazaba dado que es hijo del laicismo uruguayo, característica intelectual que impide discernir la historia en sus valores escatológicos. Característica artificial para quitarnos la fe que nos unía a ambos lados de la misma Argentina. Solo el muy católico Artigas, que incluso fue catequista en su exilio en Paraguay, defendía como hermanos a los indios charrúas. Y por su identidad cristiana, nunca dejó de sentirse argentino, aunque el estado uruguayo lo suba al altar de padre de la patria; por el contrario, fue un auténtico Protector de los pueblos libres, por ende, de los charrúas también.

¿Y si los chinos hubiesen coronado con éxito sus expediciones a América? ¿Qué hubiese pasado? Bueno, llegaron asiáticos hace miles de años y aquí se quedaron, no volvieron a Asia y su cultura no llevó un avance paralelo a sus primos que quedaron en China o Mongolia. Fueron decayendo hasta no reconocerse entre ellos y matarse y dominarse, esclavizarse e incluso comerse unos a otros. Hablar a la distancia, del respeto a todas las culturas, es muy cómodo con termo y mate en la mano, pero si a uno le toca ser la víctima propiciatoria en un altar de sacrificios humanos, ya ahí cambia la cosa.

¿Y si Rusia hubiese continuado su extensión más allá de la Alaska rusa? Habría chocado con las primeras tribus, tal vez los hubiesen evangelizado a su manera, ¿cómo lo hicieron con los esteparios de Siberia, donde algunos estudios acusan a los rusos de genocidio? Pero fue voluntad de Dios, sí ese Dios pescador de almas e hijo de un carpintero pobre, aunque de sangre real y enemigo de la usura que, gracias a la América hispana, occidente fuera católico y no ortodoxo ruso ni mucho menos confucionista. La historia fue así. Y en ese discurrir, hubo hazañas, progresos, abusos, alegrías y desgracias, héroes y pusilánimes, generosos y avaros, santos y pecadores, como lo es la humanidad desde el pecado original. Disneylandia es solo un juego, en la realidad no existe y las utopías nos alejan de lo bueno, no nos hacen caminar como alguna vez usted dijo, sino retroceder, por lo general de manera sangrienta. Pero cada vez que se pudo, España puso límites tanto a la barbarie indígena que terminó por abandonar la antropofagia y los sacrificios humanos, como al abuso de los encomenderos, muchos de los cuales, se duda que fuesen auténticamente españoles de fe y origen. Las Leyes de Indias que protegían a los pueblos indígenas fueron la base del Derecho internacional, así que aún con abusos, las cosas se hicieron mejor de lo que estaban y de lo que habrían realizado los ingleses u holandeses, poco proclives a respetar vidas ajenas, pero sí a pagar plumas vernáculas para denostar a nuestra civilización. Pero, ¡recuerde, compatriota de la Banda Oriental, que los verdaderos abusos hacia los naturales, provinieron de los revolucionarios que les quitaron las tierras, a partir de mayo de 1810, en nombre de un igualitarismo que ellos no practicaron, sino que se enriquecieron sirviendo a Londres! Y prueba de eso, fue que la mayoría de las tropas realistas estuvieron formadas por negros e indios libres, incluso algunos, y no pocos, con grado de generales que, sin dar un paso atrás ni ceder a los cantos de sirenas seudo libertadoras, pagaron con sus vidas su fidelidad a un ideario de civilización cristiana. ¿Hemos avanzado en estos doscientos años o nos fuimos dividiendo con un siglo XIX pleno de guerras internas continuadoras de la gran guerra civil que significó el habernos dividido en veinticinco países? ¿Somos más fuertes que cuando juntos conformábamos una potencia con moneda única que circulaba hasta en oriente y África, o lo somos ahora con monedas depreciadas continuamente y sin peso internacional entre las naciones más poderosas? Hoy estamos en el umbral de una nueva secesión territorial y nadie reacciona sino que critica 1492 sin ver que desde 1982 nos quitaron parte del Mar Argentino, islas y Antártida. Y lo siguen haciendo, avanzando sobre nuestros intereses. Y esa quita no es a los argentinos y chilenos nada más, es a todos los pueblos hispanoamericanos, que desunidos somos cada vez, notoriamente más débiles.

En dos siglos, pocas veces se pudo sublevar el subsuelo de la patria formada con estas Españas americanas. Y los que lo intentaron terminaron fusilados o perseguidos hasta después de muertos.

Usted escribió muchas páginas, algunas de ellas llevaron a muchos jóvenes a morir por una ideología que no nos llevaba a ninguna solución. Esa es su carga. Las palabras no son neutras, cada una de ellas tiene un peso que perdura en el tiempo. Por eso, vale la pena analizar las cosas como son y cómo fueron en verdad, para saber cómo y cuándo nos caímos al pozo y así saber que debemos hacer para salir de él y qué hacer luego con nuestro destino, para poder escribir nuestras propias páginas en ese muy difícil libro que es la historia universal.


Patricio Lons, es un historiador argentino.

mercredi 5 juin 2013

Revisando la Historia de Cuba

En nombre de las ideas elevadas se cometen crímenes contra la razón. Desde que creamos la asociación Autonomía Concertada para Cuba, comenzamos a investigar sobre la reciente historia de España, y a medida en que lo hacíamos, hemos tenido que corregir algunas de las certezas que veníamos vehiculando desde la infancia. Muchas de esas verdades no se resisten al menor análisis lógico y sin embargo, todavía son muy numerosos los que repiten como si se tratara de realidades absolutas; afirmaciones como éstas extraídas de un reciente artículo de la escritora cubana Zoé Valdés titulado De la componenda: “Cuando España nos dejó en la miseria total y más aberrante (campos de concentración incluidos) tras una larga Guerra de Independencia…”.

Por eso, creo que va siendo hora de reevaluar la percepción que sobre la “Guerra de Cuba” tenemos cubanos y españoles. La primera de todas es llamarla por su verdadero nombre. Lo que ocurrió en Cuba no fue una guerra de independencia, sino una Guerra Civil como las que se produjeron en la misma península durante el siglo XIX.

La razón es bastante sencilla y la puede comprender cualquiera: Cuba y Puerto Rico eran provincias españolas igual que Cataluña o Andalucía, de hecho basta echar una ojeada a los diarios de la época para comprobar que se hablaba de “unidad del territorio”, el mismo argumento que se utiliza en la actualidad para negar el reciente discurso separatista de Cataluña.

También hay que referirse a las actuales percepciones de los historiadores que en América y en España, ya dan por sentado que todas las guerras de independencia fueron una entelequia construida por las élites criollas (ayudadas principalmente) por Inglaterra para justificar sus propios intereses, construyendo así una mitología liberadora que justificase la creación de naciones inexistentes cortadas de su base natural, la Hispanidad, para llenarse los bolsillos hasta hoy.

Los países latinoamericanos actuales no estaban constituidos de pueblos oprimidos deseosos de “liberarse” del yugo español; basta darse una vuelta por el blog Hispanoamerica unida para comprobarlo de manera ligera y sintética. En Cuba no había indios sojuzgados que habrían podido justificar ese discurso, sino españoles, (de segunda categoría es cierto, al menos entre 1838 y el Pacto del Zanjón en 1878), pero españoles al fin, con representación en las Cortes del Reino y todo lo demás.

El segundo tema que cabe discutir es el de la miseria en que nos dejó esta tiránica Madrastra. Otro punto que debo rechazar de plano. La destrucción de Cuba no se debió a España sino a la política de la “Tea incendiaria” declarada por Máximo Gómez y ejecutada concienzudamente por los separatistas cubanos que destruyeron puentes, carreteras, centrales azucareros, campos de caña y telégrafos a la dinamita.

A mediados de siglo las arcas de Cuba eran ricas, tanto que con ellas se pagaron las expediciones de Prim a México y a la República Dominicana; sin olvidar los llamados “sobrantes de Ultramar” que sirvieron durante al menos un lustro para pagar el funcionamiento del Estado y de la Corona en ruinas.

Pero cuando hablamos de finales el siglo XIX, también debemos mencionar que Cuba, contrariamente a lo que sucedía en la Península, poseía una reciente y nutrida red de correos y telégrafos, incluyendo un cable submarino conectado con Cayo Hueso, no se puede omitir tampoco la moderna red de ferrocarriles que funcionaban puntualmente. Así es que ¿dónde estaba la pobreza de Cuba? En ninguna parte.

Cuando estalla la segunda Guerra Civil se destruyeron en menos de tres años conscientemente todas las riquezas acumuladas durante todo el siglo, y eso no fue culpa de los peninsulares sino de los propios cubanos, dirigidos (principalmente) por un extranjero que además, terminó destituido por traición durante la Asamblea Constituyente y ayudando al general Woods a arriar la bandera norteamericana en 1902, algo que cuando se cuenta hoy no se lo puede creer nadie en su sano juicio.

A finales del siglo, según lo reconocían los propios diputados con su millón y medio de habitantes Cuba producía tanto o más que la propia Península, “Ignacio González Olivares afirmaba “la exportación de la isla de Cuba, sólo en azúcar y tabaco con su millón de habitantes libres, se aproxima bastante a la exportación total de la península con sus 16 millones de almas” así es que de pobreza nada. A Cuba la destruyeron los propios cubanos y fueron ellos mismos los que se la entregaron además, exhausta, a los norteamericanos permitiéndoles desembarcar en Santiago de Cuba. Aberrante fue lo que hicimos nosotros contra nosotros y eso no fue en modo alguno responsabilidad de España.

Discrepo igualmente de la lectura que hace Zoé Valdés cuando se refiere a los “campos de concentración” creados por el malvado Weyler en Cuba, como uno de los episodios que a su juicio, muestran con claridad la infamia y la estupidez española.

Es cierto que el general español organizó la reconcentración de los pobladores, (repito: ciudadanos españoles y como tal gozando de las mismas prerrogativas y derechos que los demás súbditos del Rey) en las ciudades, con el objetivo de privar a los rebeldes de sus fuentes de sustento. Actuando de esa manera, no estaba más que haciendo lo que tenía que hacer para pacificar a la isla. Así lo hizo Lincoln entre otras peores barbaridades, durante la cruel y salvaje Guerra de Secesión y ahora hasta una película le han hecho en homenaje.

A la guerra no se va a bailar salsa, ni a tirar trompetillas, de hecho, esa política pacifista que practicó el general Martínez Campos al principio en 1895 no dio los resultados esperados, puesto que los mambises, con Gómez y Maceo a la cabeza siguieron poniendo barras de dinamita y quemando los centrales azucareros. Weyler para salvar a Cuba se vio obligando a parar el relajo en que se había convertido aquella contienda poniendo mano dura. Castro hizo lo mismo en 1967 durante la limpia del Escambray y todo el mundo se calló la boca.

Quedan los números de fallecidos que la propaganda norteamericana y separatista cifró en más de medio millón, pero que recientes estudios reducen a menos de 70 mil. Muertos de hambre y de enfermedades pero ojo, no provocadas por la maldad de Weyler, sino por el asedio a las poblaciones de los separatistas, que perseguían y asesinaban a los pobladores que pretendían cultivar la tierra alrededor de las ciudades para sustentarse. Sin olvidar que la quema de campos y la desarticulación de las redes comerciales, cuyos principales responsables eran en primer lugar los insurrectos, impedían el abastecimiento normal de las ciudades.

Así es que se equivoca la señora Valdés cuando arremete contra España de la manera en que lo hace hablando del pasado, pero se equivoca igualmente cuando lo hace refiriéndose al presente, publicitando el análisis sobre la situación que hace del país Antonio Muñoz Molina, titulado Todo lo que era sólido. Un respetable intelectual de izquierdas, que como todos los de su tribu, ignora los principios más elementales de la economía, desconociendo de donde sale la riqueza de las naciones y como esta puede sustentarse sin tener que endeudarse en los mercados. Otros intelectuales españoles, como Jesús Huerta de Soto y Juan Ramón Rallo, defienden puntos de vista completamente contrarios y dejan notas optimistas sobre las que podría sustentarse un análisis más equilibrado.

En conclusión, para rehacer la nación Española (con Cuba dentro) hace falta revisar la historia, es un deber de todos los intelectuales que opinan sobre la actualidad como es el caso de la señora Valdés. Vale alzarse enérgica y dignamente para criticar las componendas con el Castrismo, pero esto ya tampoco es suficiente. Que no se descalifique a España con hechos inciertos y cuestionables, no sea porque tal vez la solución a los problemas de Cuba que tan justamente condena la escritora, venga justamente de la Madre de la que nunca debieron separarnos.