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samedi 13 décembre 2014

Bailar español en tierra de rumberos

Estudiante para dentista y profesora de baile Flamenco, Samantha, nos cuenta la difícil tarea de mantener la academia Rocío de España, en Santa Clara

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La profesora de la Academia Rocío de España y sus alumnas (Fotos cortesía JLL)
SANTA CLARA, Cuba. — Samantha Cárdenas Caballero, cariñosamente Sami, es una joven santaclareña que estudia Estomatología en la Universidad de Ciencias Médicas Serafín Ruiz Dezárate, pero que su pasión por el baile español, y por enseñarlo a los pequeños, no la dejan tranquila.
Sami baila español por pura casualidad. Cuando tenía 6 años, la muerte de su abuelo la puso tan triste, que su abuela –amiga de la directora de la compañía Rocío de España– la puso a recibir clases de danza, para que la tristeza se le pasara. Desde entonces, Samantha no he parado de bailar.
¿Qué te motiva a enseñar la danza española?
–Me hace feliz. Siento que mis sentimientos se mezclan con la fuerza expresiva que caracteriza este baile. Eso que siento es indescriptible. Y me siento comprometida con mi antigua profesora, ella ya no está aquí y no quiero que su legado se pierda. La luz que me ha iluminado el camino, es mi abuela. Ella es la bujía inspiradora de este proyecto. Es increíble como ella se involucra de forma incondicional para que cada presentación del grupo, salga lo mejor posible.
¿Por qué das clase a niños  tan chiquiticos?
–Este baile se debe aprender desde pequeño. Por su puesto tenemos niños de muchas edades, y las clases están divididas por segmentos de edades.
 ¿Presentas a los niños en algún teatro?
–Anualmente se realiza “La Fiesta de la Danza” convocada por la Casa de la Cultura y a nosotras nos invitan. Claro, estos eventos son competitivos, participan muchos grupos aficionados de calidad. Nuestra compañía se ha destacado siempre. Hemos alcanzado premios municipales e incluso, provinciales. Es una lástima que estos eventos competitivos sean solo una vez al año. No existen espacios oficiales para demostrar las habilidades que las niñas han alcanzado. Te diría más, no creo que les interese mucho el baile español.
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Ese día El Mejunje se llenó con los padres de las pequeñas
Por suerte, nos llaman de muchos lugares de la provincia y no solo de aquí, de Santa Clara. La compañía está subscrita a la Asociación Cultural José Martí y participamos en su peña habitual los segundos domingos de cada mes. Participamos también en las peñas de los Payasos los domingos en el Mejunje. Sobre todo, y es el orgullo de nosotras, las presentaciones que le hacemos a los niños que están ingresado en el Hospital Infantil “José Luis Miranda” de esta ciudad, en el proyecto “Para una sonrisa feliz”.
También realizamos una gala anual de fin de curso en el cine Camilo Cienfuegos para darles tributo y reconocimiento a nuestras niñas por todo el esfuerzo realizado en el curso, donde puede asistir toda la población.
¿Recibes suficiente apoyo de Cultura?
–No recibimos ninguna ayuda del gobierno, solo los padres, como héroes titánicos,  se  preocupan y ocupan por todo lo que hace falta  para el grupo. El baile flamenco exige zapatos especiales, castañuelas, mantas, telas para los vestuarios, abanicos, aretes, flores y adornos para el cabello, entre otros accesorios. Todos estos gastos, corren únicamente por parte de los familiares de las pequeñas.
¿Cómo definirías tú futuro, estomatóloga o profesora de flamenco?
–Trataré de seguir en las dos profesiones porque la vida de un bailarín es efímera, y debo terminar mi carrera. Otro aspecto que influye, no solo en mí, sino en todos los que enseñan flamenco, es que en Cuba no existe la posibilidad de superación de las bailarinas o profesoras de flamenco. Fuimos españoles por siglos, la danza flamenca es un legado que nos dejaron nuestros ancestros, es parte de la historia de esta Isla, pero, no es fácil bailar español en tierra de rumberos.

samedi 18 janvier 2014

Hispanos: el liderazgo que viene

Los 50 millones de latinos de EE UU tienen una influencia global creciente

Jesús Andreu

Huntington estaba equivocado. Parece una obviedad volver a repetirlo, pero ahora son los hechos los que han venido a desmentir una hipótesis que hace aguas: lejos de suponer una amenaza, los hispanos constituyen una fuerza viva en el seno de la sociedad estadounidense, cuya contribución a su prosperidad —históricamente acreditada— es más evidente que nunca.

En este sentido, la clave se encuentra en un rasgo decisivo que descubrimos detrás de los 50 millones de hispanos registrados en el último censo: su juventud. En estos momentos la nueva generación de millennials hispanos está influyendo positivamente sobre la vida política, social y artística de Estados Unidos, definiendo sus hábitos de consumo y, por tanto, condicionando las estrategias empresariales, la evolución de la economía y el crecimiento estadounidense.


España debería participar en un proyecto análogo al de la "anglosfera" denominado "hispanosfera"

En una época de cambios profundos, en la que el porvenir de las naciones occidentales reclama una sociedad civil enérgica y resuelta, es difícil concebir un colectivo más adecuado para estimular el progreso que el hispano-estadounidense.

Un colectivo con más de dos millones de estudiantes formándose en las universidades del país y con un prestigio profesional en auge, cuyo acceso a las nuevas tecnologías se sitúa en niveles similares al de la media nacional, igual por cierto que su poder adquisitivo —lo que ha dado lugar a la eclosión de un mercado emergente— y cuya capacidad de interlocución con el continente americano es inmejorable, como también lo es, y cada vez más, con el asiático.

De ello deriva su creciente influencia global, que además se beneficia de la irradiación que Estados Unidos proyecta en todo el mundo y que resulta incuestionable en el terreno de la cultura: así, cuando se afirma que lo hispano ha conquistado Hollywood, lo que inmediatamente viene detrás es su propagación universal. Así sucedió hace poco cuando el poeta Richard Blanco intervino en la toma de posesión del presidente Barack Obama y su imagen y sus palabras aparecieron reproducidas, en tiempo real, en todos los medios del mundo.

Tal ensanchamiento hispano es esencial para reforzar la visibilidad exterior española, siempre que se proceda a una aproximación inteligente, en clave de invitación a un proyecto compartido. Un proyecto que, de forma análoga a la “anglosfera” de la Commonwealth, parta de una idea de “hispanosfera” que aglutine nuestro potencial simbólico y abra un espacio en el que los hispanos estadounidenses sean la vanguardia que recoja al tiempo su doble legado democrático y cultural.

Ciertamente, son muchos los matices que se han de introducir, empezando por el del reconocimiento de la pluralidad de orígenes de los que proceden. Sería torpe subestimar los lazos íntimos que conectan a los hispanos con México, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y demás países iberoamericanos. Sin embargo, no creo que hablar de una comunidad hispana “transnacional”, aun involuntaria —y plenamente estadounidense— constituya una invención. Tampoco se me oculta la condición prioritariamente norteamericana de los hispanos. En esta línea, la única forma de apuntalar nuestros vínculos es mediante una mayor y más estrecha relación con Estados Unidos, nación que tiene en España a un socio estratégico de primer orden, serio y fiable. De este modo, la “hispanosfera” no trataría en absoluto de rivalizar con el inglés o con el estilo de vida anglo-americano, lo cual resultaría absurdo, sino de robustecer el horizonte de los valores comunes aprovechando el empuje hispano.

Miami ilustra fantásticamente esta pujanza hispana como epicentro del comercio interamericano y centro de gravedad de sus industrias culturales: una ciudad cuyo dinamismo plasma, quizá como ninguna otra en el mundo, toda la riqueza y diversidad de la música, la literatura y las artes plásticas y escénicas latinas. Se trata de una geopolis hispana en miniatura, con casi un 70% de hispanohablantes, que además de reflejar bajo la bandera estadounidense el crisol latinoamericano y ser parada obligatoria para lanzar al estrellato a tantos talentos artísticos, se ha convertido en un importantísimo enclave económico para España.

Qué mejor ciudad que esta capital latina para acoger la V Convención de los Jóvenes Líderes Hispanos, coincidiendo con el Quinto Centenario del Descubrimiento de la Florida por Ponce de León. Impulsado por la Fundación Carolina, el encuentro pulsa las oportunidades que el mundo hispano suscita, sin perder de vista la apuesta última de renovar, desde sus propias raíces, la fibra de Occidente. Una apuesta sin duda ganadora.

Jesús Andreu es Director de la Fundación Carolina