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vendredi 20 février 2015

Los 5 errores fundamentales del marxismo que demuestran que los marxistas son ignorantes en economía

29 Enero, 2015,  Autor:  Mises Hispano


DEDICATORIA Y CONSIDERACIONES PREVIAS

Este escrito va especialmente dedicado a los  marxistas (y social-demócratas).
Como ex-socialista y ávido lector de las doctrinas de Marx, Engels sus derivados y variantes durante muchos años he llegado a una conclusión elemental: la mejor forma para dejar de ser marxista es entendiendo como funciona la economía. Sé que habrán allegados que me reprocharán por mi pasado de marxista ‘‘revolucionario’’ o dirán que mi cambio de ideales está motivado por sentimientos de culpa. Están equivocados, lejos de estar influenciado por comentarios o el qué dirán, la evolución de mis ideas ha sido motivada por el conocer y la investigación, cosa que en un principio no fue fácil, romper con el cerco ideológico para superar todo el lavado de cerebro populista requiere bastante tiempo de escepticismo y perseverancia  contra la resistencia al cambio, pero es una experiencia que al final da sus frutos, ésta ha sido para mí una evolución de pensamiento racional, no emocional. Mi presente y futuro seguirán siendo revolucionarios aunque no precisamente en el sentido marxista del término, independientemente de las opiniones que otros tengan sobre mí.
Viniendo de ese mundo uno entiende perfectamente cómo funciona la psicología del Marxista. En mi caso particular, me he permitido abstraer una serie de razonamientos falaces que sirven de base en su discurso, a continuación desarrollaré de la forma más sumaria posible, las razones que los desnudan como dogmáticos  insensatos:
1.- CREER QUE EL SOCIALISMO ES ‘‘HUMANO’’.
Todo marxista se ve envuelto en la dicotomía ‘‘Capitalismo malo, socialismo bueno’’, decir que el socialismo es humanista es muestra de un profundo desconocimiento por la historia, su propia doctrina y la política en general, empezando por una ingenuidad radical sobre el funcionamiento del Estado, aunque no los culpo exclusivamente porque toda la doctrina del marxismo descansa sobre un craso error teórico que va en el mismo sentido.
El socialismo viene siendo una ‘‘etapa de transición’’ entre la sociedad capitalista y el comunismo tal como lo explicaba Marx, pero se han preguntado ¿Por qué la transición se estanca en la etapa del socialismo? Porque Marx si bien critica al Estado luego lo justifica, nada más y nada menos, a través de su conquista por parte del proletariado como herramienta para acabar con la ‘‘clase burguesa’’ y posteriormente consumar la utopía de una sociedad comunista, la cual una vez alcanzada ‘‘el Estado ya no sería necesario’’. Esto es un error colosal de métodología porque lo que sucede siempre es lo contrario, lógicamente: la llamada ‘‘clase proletaria’’ se convierte en la nueva ‘‘clase burguesa’’ porque la naturaleza del Estado no es la de ser una entidad benéfica, es un monopolio con fines de lucro cuya función es el saqueo de la población a través de  impuestos con maquillaje ‘‘legal’’ cargado de  populismo, es por ello que el resultado es y será siempre una sociedad sumamente rígida y controlada, servil y dócil, donde existe una casta gobernante privilegiada con una población obligada a vivir de las migajas, prácticamente impedida a generar riqueza por sí, para sí y superarse.
Pero claro, ¿de dónde obtiene el Estado sus ingresos para funcionar? Pues de la cada vez más escasa libertad de mercado que se permite, es decir, los burócratas son los parásitos que viven a expensas de la clase productiva: trabajadores y comerciantes, algo muy lejos de ser humanista. La historia ha dejado testimonio reiterativo del desastre que provoca esta casta de ‘‘proletarios burgueses’’  y de lo que son capaces cuando conquistan el poder del Estado, entre sus ‘‘obras sociales’’ están los genocidios más demoledores, las torturas más descabelladas y las persecuciones más exhaustivas hacia toda disidencia registradas en el siglo pasado  (y lo que nos depara del siglo XXI) ¿Qué tiene de humano éste sistema basado en la expoliación cada vez más insidiosa de los ciudadanos?
2.- CREER QUE EL CAPITALISMO ES ‘‘PERVERSO’’.
En este orden de ideas, decir que el capitalismo es perverso es fruto del mismo desconocimiento. El capitalismo es simplemente libre intercambio de bienes y servicios sin intervención del Estado, el capitalismo persigue la búsqueda de beneficios económicos a través del mecanismo de mercado llamado contratos. La justificación del libre mercado y capitalismo como modelo de organización económica y social se encuentra en el libertarismo: la ideología que ofrece el esquema axiomático de respeto a la propiedad privada, entendiendo la primera propiedad privada la propiedad del individuo sobre su propio cuerpo y por consiguiente la propiedad sobre los frutos de su propio esfuerzo, en pocas palabras, que te quedes con todo el dinero ganado con tu trabajo en tu bolsillo.
Una de las mentiras de Marx y su teoría es la de que el comerciante o empresario ‘‘roba’’ al trabajador la mayor parte del producto de su trabajo, lo que se conoce como la ‘‘plusvalía’’ y a partir de este postulado esboza lo que él llama una supuesta explotación, pero la realidad es que no existe la tan mentada explotación cuando los acuerdos son voluntarios. Las condiciones de pobreza y de alto costo de la vida que obligan a los trabajadores a acomodarse a un salario insuficiente para cubrir sus necesidades muchas veces básicas, son generados por los mismos demagogos socialistas que se rasgan las vestiduras diciendo que los protegen de los ‘‘malvados capitalistas’’ mientras  roban más del 50% de sus salarios con impuestos (directos e inflación).
Lo que los marxistas modernos llaman ‘‘neoliberalismo’’ es en realidad un fantasma ideológico, lo más apropiado sería llamarlo ‘‘neomercantilismo’’ ya que se trata del resurgimiento del vetusto mercantilismo de los siglos XVI al XVIII, es decir de políticas intervencionistas del Estado sobre la economía con la creación de  monopolios privilegiados, una política de subsidios selectivos y control de la emisión u oferta de la moneda (inflación) mecanismo perverso curiosamente adoptado tanto por marxistas como social-demócratas, así que de liberalismo o capitalista laissez faire absolutamente nada.
Para profundizar en el tópico del neomercantilismo, estamos de acuerdo que resulta perverso que existan empresas capitalistas que, para evitar una quiebra y ser rescatadas o maximizar ganancias recurran al monopolio del Estado, pero es necesario que se entienda que ésto no es  Capitalismo, cuando existen colusiones entre empresas privadas y Estado se habla de Fascismo o lo que comúnmente se conoce como ‘‘socialismo para ricos’’:
1.- Ganancias privadas y pérdidas socializadas (financiadas por el contribuyente)
2.- Complicidades políticas (lobbies) para destruir la competencia del mercado por medio de la violencia legal con el objeto de posicionarse como monopolios coactivos.
Claro que estas distorsiones generan profundas crisis sociales pero la solución no pasa por hacer la influencia del Estado más grande (ni mantenerla), todo lo contrario, reconocer la influencia perversa del Estado y reducirla: reducir progresivamente las cargas fiscales, eliminar controles y trabas a la libre empresarialidad; el capitalismo significa asumir tus propias ganancias, pero también las  pérdidas sin subsidios ni prebendas estatales de ningún tipo.
3.- CREER QUE LA ESCASEZ, COLAS Y RACIONAMIENTO SON OBRA DE CONSPIRACIONES
Los controles de precios son una medida esencialmente Marxista, independientemente de la ideología de gobierno que la pronuncie. Los controles de precios son una de las medidas punta de lanza para ‘‘abolir el capitalismo y la clase burguesa’’ desde el Estado, la cual está basada en el error científico de una teoría caducada y refutada desde el siglo XIX: la doctrina del precio justo o la Teoría Objetiva del Valor, una cábala divina que sostiene que cada bien tiene un precio justo, objetivo e intrínseco (que en la práctica resulta dado por el dios Estado y sus infalibles burócratas), independientemente de las necesidades y deseos de los individuos o de la oferta y la demanda.
No Sr. Marxista, no se trata de conspiraciones imperialistas, ni de los malvados empresarios capitalistas, ni de una guerra económica ni de la iguana, se trata de una falencia teórica propia del Marxismo: cuando se establece coactivamente el precio de un determinado bien se está obligando a los empresarios a vender a un precio muy por debajo de los costes para su producción, con la consecuencia de que los empresarios dejan de producir o se marchan del país para producir en lugares con mayores libertades económicas, originándose de esta forma el fenómeno de la escasez. Al haber tan poco bien para satisfacer la demanda al precio artificialmente tan bajo establecido por el Estado se forman las colas y la desesperación frente a los comercios, subsiguiendo el racionamiento como una medida atenuante del caos. El acaparamiento es un efecto de los controles de precios, la intervención del Estado produce los incentivos para  retener y vender las mercancías en el mercado negro.
Esto no es un fenómeno nuevo, ya ha ocurrido y sigue ocurriendo en muchas partes, ocurrió en laUnión SoviéticaAlemania del Este, en Chile con Salvador Allende, ocurre en  CubaNorcorea,Venezuela. No es coincidencia, tampoco sorpresa, no es culpa de conspiraciones de otros gobiernos, es una consecuencia del  error fundamental de la teoría Marxista.
4.- CREER QUE LAS EXPROPIACIONES SON BUENAS Y NECESARIAS
Es muy sencillo de entender, cuando el monopolio de Estado expropia empresas bajo la consigna demagógica de empoderar al pueblo o la clase obrera, lo que hace es cambiar un jefe capitalista por otro pero con favoritismo político. Cuando se expropia una empresa en específico se eliminan todos los incentivos para reinvertir en la misma y competir en el mercado pues al estar protegida por el Estado no corre con ningún riesgo, ella  se transforma básicamente en un apéndice de la burocracia que se alimenta de subsidios, cayendo en productividad y eficiencia y empeorando considerablemente la escasez convirtiéndola en un problema estructural.
Los factores de producción se encuentran interconectados, cuando se habla de una empresa  no se habla de una burbuja aislada en el mercado, la misma depende de recursos provenientes de empresas proveedoras y a su vez es proveedora de bienes o servicios, cuando el Estado interviene un sector de la economía no afecta solo a una empresa, está afectando toda la cadena de producción como efecto dominó.
5.-  CREER QUE LA DESIGUALDAD ES EL PEOR DE LOS MALES
Otra de las consignas marxistas es la lucha para combatir la desigualdad y lograr una  ‘‘sociedad de iguales’’, cosa que es completamente imposible desde el Estado como explicaba al comienzo, el Estado plantea una estructura jerárquica coercitiva que termina por formar castas protegidas de ricos sobre un mar de pobres, diciendo que quieren combatir la desigualdad siempre la terminan agravando. Pero ¿es en realidad la pobreza el problema de los marxistas? No, en el discurso populista marxista la pobreza es una virtud, ellos te quieren y te necesitan pobre para afianzarse en el poder.
Una cosa es la desigualdad y otra muy distinta la pobreza, la desigualdad siempre será un hecho económico debido a que los recursos son limitados, hasta un hecho biológico, cada individuo es diferente el uno del otro, tanto físicamente como psicológicamente y hay cualidades que difieren de persona en persona, algunos tienen talentos más desarrollados que otros, la igualdad de hecho es intrínsecamente injusta, no pueden pretender que alguien con menos experiencia o menos estudios gane un salario igual que alguien con más experiencia y preparación, ese es el imperio de la mediocridad, la destrucción de la meritocracia, resentimiento puro y duro.
En  tanto que la moneda no sea devaluada y se respete la libertad de ahorro, mi situación personal y familiar mejorará y mi bienestar se verá incrementado, es lo que en realidad importa,  no voy a amargarme por la fortuna de empresarios como Bill Gates o Warren Buffet porque no soy envidioso.
Pocas cosas son más absurdas, injustas y populistas que el llamado Estado de Bienestar, otro concepto Marxista adoptado por social-demócratas, como elemento de lucha contra la clase burguesa para lograr el objetivo de la igualdad, cuentos de hadas y utopía marxista. No es legítimo que alguien tenga que renunciar a los ahorros que con esfuerzo se ha ganado para que disfruten una bola de burócratas y oportunistas a su servicio.
CONSIDERACIONES FINALES
Es necesario aclarar que las razones anteriormente expuestas  son desconocidas por la gran mayoría de los socialistas pero convenientemente ignoradas por los gobernantes, ellos saben muy bien lo que están haciendo, Sr. Marxista no creas que son tontos, Ud. es el tonto. Todo lo que he explicado forma parte de una agenda de poder, control y sometimiento uniforme de la población, no se trata de una destrucción fortuita de la economía, se trata de una destrucción planificada y sistemática para domesticar y acostumbrar a la población a vivir de racionamiento y carencias.
Apelo a vuestra conciencia, nunca es tarde para rectificar.
Les invito a difundir masivamente el presente escrito para educar y abrir el conocimiento a aquellos que aún se encuentran enclaustrados en el dogmatismo marxista.

vendredi 12 octobre 2012

¿Es rentable ser libres? Tercera parte

CUBA, EL SOCIALISMO Y LA DEMOCRACIA

Por JULIO CÉSAR GUANCHE

VII. 
Intelectuales cubanos y extranjeros vienen difundiendo en Cuba, desde hace tiempo, las ideas sobre el poder consejista y la autogestión. Esta prédica enfrenta diversos problemas en el contexto cubano. La educación para la autogestión ha provenido, históricamente, de experiencias como las huelgas y el control obrero. Ahora, ni en el marxismo ni en la experiencia revolucionaria cubanos existe tradición consejista, salvo la creación de soviets en centrales azucareros durante 1933, de efímera duración. De ello no puede culparse a la influencia soviética en Cuba: tampoco existía antes de ella. El tema de la autogestión es parte del continuo sobre la transición poscapitalista. La autogestión no podrá subsistir ni desarrollarse si se entiende solo como experimento económico: si deja intactos el centralismo gubernativo y la planificación burocrática. Si los impacta, alterará las estructuras mentales y materiales por ellos creadas, y ello comporta consecuencias: la primera de ellas, la redistribución de poder. Sin embargo, este conjunto orbita dentro de un modelo económico que privilegia, con todo, el trabajo pagado y la fábrica como “célula fundamental” de la sociedad. Economistas de izquierda vienen defendiendo, desde hace ya tiempo, paradigmas económicos alternativos a esa lógica, entre los cuales se encuentra el de la economía “de lo suficiente y lo necesario”, que valoriza, entre otras cosas, el alargamiento de la vida media de las cosas, la riqueza ya producida, el ritmo de reproducción de la naturaleza, el trabajo pagado, pero también el trabajo voluntario y el doméstico, y que expresa una racionalidad económica diferente a la que supone, considerados en abstracto, tanto el régimen de trabajo asalariado como la autogestión, asimilables ambos por filosofías productivistas con las que el medio natural y social del planeta ya no puede siquiera negociar. Al mismo tiempo, quizás el control obrero no pueda cubrir colectividades sociales “no obreras” mejor que modelos territoriales de poder comunal. Además, la creciente conciencia de la necesidad de gestar el desarrollo desde lo local, y desde él hacia lo nacional y lo global, coloca en la potenciación de los territorios más que en las industrias mismas, “la célula” del desarrollo humano. Por otra parte, sus promotores debieran argumentar más de qué forma un paradigma —el “régimen de los productores libres asociados”— desarrollado para la economía del siglo XIX, da cuenta de las necesidades de la economía hipercomplejizada del XXI, en la cual está inserta la Isla, como el resto del mundo. Con todo, no existen obstáculos materiales para impedir, aquí y ahora, experiencias de este tipo —al menos en escala experimental, en determinados sectores, como viene ocurriendo en Venezuela. En todo caso, de existir obstáculos no tendrían base en el marxismo ni en la teoría socialista, sino en la vocación de estratificaciones políticas, de no redistribuir poder. 
VIII. 
La posición socialdemócrata defiende una construcción democrática que promueva lo positivo del socialismo. Sin embargo, algunos de los medios que ofrece para conseguirlo me despiertan dudas sobre su viabilidad. Para explicarlo me valdré de un texto reciente de Roberto Veiga. 
Cuando este autor católico busca una plataforma “con arraigo, capaz de generar entusiasmo, consenso, confianza y por ende unas posibilidades mayores de participación democrática”, encuentra como solución un “paradigma metapolítico”, frase brumosa desprendida del antiguo mito liberal de la neutralidad ideológica de las formas políticas y de la viabilidad del Estado “de todos”. Ahora, más que una “política despolitizada”, que busque así el —hipotético— equilibrio social, acaso sea más viable politizar, en una perspectiva material, las relaciones económicas, laborales, de vecindad, familiares, de pareja, sobre la base de la única universalidad posible: la política. Veiga busca construir la asociatividad, y las reglas según las cuales deben funcionar organizaciones sociales, partidos y Estado, sobre bases de mejor representación y mayor democraticidad. Ellas están, no obstante, demasiado cerca del paradigma de la democracia como procedimiento, que entiende la democracia como la existencia de un conjunto de normas reguladoras del buen vivir.
Ese paradigma ilumina una dimensión esencial: sin procedimientos democráticos es imposible la democracia. Los procedimientos viabilizan o impiden la resolución, en la práctica, de los ideales perseguidos. Por ello tienen efectos políticos; son medios que solo pueden generar fines condicionados por esos mismos medios. No obstante, ese paradigma reduce la democracia a los procedimientos, con lo que da por supuestas —indiscutibles— las condiciones bajo las cuales se fundó la “buena convivencia”. Así, es capaz de paliar la desigualdad, no de alterar sus raíces; puede moderar la exclusión, mas es incapaz de instaurar la base universal de la justicia. Ello me hace discrepar de otra afirmación de Veiga respecto a que el artículo primero de la Constitución de 1940, “no ha dejado de ser una referencia, aún no asumida plenamente por la elaboración ni por la práctica constitucional, legal y política cubana”. Ciertamente, este empeño puede continuar siendo guía, pero parece desconocer que fue precisamente el socialismo el que abrió a los cubanos la posibilidad de refundar sus orígenes sociales, de avanzar en la cobertura material imprescindible para el ejercicio de la ciudadanía, de resistir la dominación capitalista en general y la dominación imperialista en América Latina en particular, y de habilitar la pregunta sobre la libertad y la justicia a una escala social antes no alcanzada en el país. Por ello mismo, entiendo que sin socialismo será imposible asegurarlo en el futuro.Por otra parte, existe una tradición histórica de esta corriente en Cuba. La posición socialdemócrata defiende la suya como “tercera vía” cuando es una variante de la realmente existente. Buscar “lo mejor de uno y otro sistema” termina siempre en la aceptación del capitalismo con la receta de algún remedio temporal. Cuba tiene las pruebas en su historia, con la trayectoria frustrada del populismo cubano, en la línea Grau-Prío-Chibás, y con la crisis general del reformismo que desembocó en el golpe de Fulgencio Batista en 1952. El futuro no tiene por qué ser la reedición literal del pasado, pero conlleva la necesidad de comprender los proyectos realmente existentes en el pasado para cotejarlos con su posibilidad en el porvenir. 
IX. 
La reforma constitucional cubana de 1992 produjo una mudanza de los fundamentos ideológicos del Estado cubano configurado en 1976. Las posibilidades contenidas en ella habilitan un curso de desarrollo socialista basado en el republicanismo para Cuba. La reforma constitucional pluralizó el régimen de la propiedad, alteró la base social del Estado tanto como su confesionalidad, amplió la definición sobre el carácter ideológico del Partido Comunista de Cuba, eliminó las referencias a la “unidad de poder” y al “centralismo democrático”, como criterios de organización del Estado; exigió elecciones directas para la integración de los organismos representativos, evitó la consagración de los nombres de las organizaciones sociales y de masas, permitiendo la creación de nuevas concertaciones, y abandonó el desempeño, como función exclusiva del Estado, del comercio exterior. Sin embargo, no existe una reflexión, sistematizada y publicada en el medio intelectual, sobre el estatuto y las consecuencias abiertas por la reforma de 1992; no aparece como tema en el discurso oficial y es muy probable que buena parte de la ciudadanía desconozca las consecuencias que pueden desprenderse de ella. El principal problema que posee la Constitución de 1976, aún con su reforma de 1992, para reproducir posibilidades socialistas, es la falta de mecanismos de defensa constitucional para proteger tanto el sistema institucional como para la realización más efectiva del vasto catálogo de derechos individuales que establece. Esto es la imposibilidad de asegurar, desde el lugar del ciudadano, el cumplimiento de la ley, más allá de la voluntad del Estado de hacerla cumplir. Sin embargo, desde la plataforma de 1992 se puede encarar el mayor desafío socialista: completar desde el pueblo el orden constitucional; que el poder popular sea más poder y más popular, habilitando nuevos mecanismos de protección del sistema institucional y de los derechos fundamentales y viabilizando otras formas de control del ejercicio del poder estatal y de ejercicio de autogobierno desde la ciudadanía. 
Desde la base de esa reforma, una práctica socialista republicana puede dilucidar cuáles mecanismos jurídicos y políticos serían necesarios para controlar la actividad estatal y proteger derechos fundamentales desde las prerrogativas del ciudadano, cuál ha de ser la articulación entre la política estatal y las políticas ejercidas desde las instituciones que conforman el sistema político en función de socializar poder político hacia la ciudadanía y cómo la configuración clasista actual de la sociedad cubana posibilita o impide desarrollos democráticos contenidos en ese texto. 
X. 
No es útil “esencializar” una forma política y mostrarla como la salida socialista. Cualquiera sea, el problema es examinar la naturaleza del poder que instaura: ¿cómo se integra el poder, cuáles intereses sirve, a quiénes sirve? La cuestión es comprometerse con las necesidades concretas del pueblo cubano y con las soluciones más efectivas para ellas, allí donde es la propia ciudadanía quien define sus necesidades y sus soluciones desde la construcción de la autonomía personal y colectiva. Si bien el socialismo puede existir sin democracia, la democracia no puede existir sin el socialismo. Por ello, el futuro democrático de Cuba ha de ser, si quiere conseguirlo, más socialista. 
El socialismo sirve a la democracia, si la democracia sirve al socialismo. Esto es si, como mínimo: 
1) asegura el carácter público de la política,como cosa efectivamente de todos, sin jerarquías ni posiciones fijadas de antemano; lo que reivindica, primero, la igualdad política y las garantías individuales y, con ellas, la producción y el control de la política como ejercicio universal, inexpropiable por intereses particulares y sometido a leyes, subordinadas estas a la interpelación ciudadana, 
2) asegura los presupuestos sociales necesarios para el ejercicio de la soberanía ciudadana, en principio la justicia social y la educación para la libertad,
3) instituye formas directas de ejercicio del poder, que afirmen la soberanía del ciudadano, 
4) recupera el perfil de la representación política como un mandato controlado en plenitud, y, entonces, del funcionario como mandatario —el que realiza un mandato: sometido a elecciones, rotación, retribución equitativa, incompatibilidad de funciones, control, revocabilidad, transparencia en la actuación, encargado de administrar decisiones ciudadanas y subordinado de modo vinculante a ellas, 
5) socializa los medios de producir la vida, 
6) entiende la participación socialista de los trabajadores como su empoderamiento en la definición sobre: la organización del proceso productivo, las condiciones de trabajo, la cualidad del objeto de la producción, la estructura de la redistribución de los ingresos, las reglas del intercambio, etc., 
7) entiende la participación socialista de los consumidores también como control de la producción desde la ciudadanía, en la óptica de la calidad de la vida y de su compatibilidad con el medio social y natural, contraria al “consumismo”, 
8) mantiene abierta la pregunta sobre la “mejor” institución posible, en manos de una colectividad capaz de crearla y de re-crearla, y 9) un etcétera tan largo como la imaginación revolucionaria conciba la liberación de las formas de vida personal, social y natural. El fracaso del socialismo real y del capitalismo redefinen los términos del debate: el sociallismo es la democracia. Para ello, los derechos formales son tan básicos como los materiales; los derechos son totales o no son. El socialismo en el siglo XXI, para poder ser la alternativa a la amenaza global que vivimos, ha de ser la afirmación simultánea de ambos. El pan y la libertad, o se salvan juntos, o se condenan los dos. 

Al final, ¿para qué sirve Cuba? 

Si Cuba tiene el futuro abierto como para hacer posible alguna, u otra, de estas alternativas, sirve para mostrar que constituye una alternativa al control de la democracia por el capitalismo y una alternativa a sí misma. Incluso si no sirviera para esto, la mera existencia de tal posibilidad es la fuente de una esperanza: sirve para creer todavía en la posibilidad de liberar el futuro, de liberar la democracia, de mostrar que la libertad es siempre más rentable que la dependencia. 

Notas
1- Ver Pedro Campos, y otros, Cuba necesita un socialismo participativo y democrático. Propuestas programáticas, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-necesita-socialismo-participativo-democratico-propuestas-programa, fecha de descarga: 13 de septiembre de 2008. 
2- Ver Wim Dierckxsens, La transición hacia el postcapitalismo: el socialismo del siglo XXI, Ruth Casa Editorial, 2007. 
3- Ver Roberto Veiga González: En torno a la democracia en Cuba, Espacio Laical, La Habana, no.3, 2008. 
4- “Cuba es un Estado independiente y soberano organizado como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”. 

Publicado en Espacio Laical, 2-2010.