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dimanche 20 avril 2014

Dónde se vive mejor o peor en América Latina

Según el 'Índice de Progreso Social', las naciones del Socialismo del Siglo XXI son generalmente las que menos progresan.

¿Cómo se sabe? Lo afirma, indirectamente, el
 Índice de Progreso Social del 2014, una sabia entidad sin fines de lucro ni prejuicios ideológicos, dirigida por un puñado de profesionales de primer rango. Vale la pena examinarlo. ¿Cuál es el mejor vividero de América Latina? Costa Rica. ¿Cuál es el peor? Cuba. Y hay una gran distancia entre ambos países.
Los expertos han ponderado 56 factores importantes que miden la calidad de vida de 132 naciones. Estos elementos, a su vez, se inscriben en tres grandes categorías:  Necesidades humanas básicas, Fundamentos del bienestar y Oportunidades.
De acuerdo con el Índice, secamente objetivo, los cinco primeros países de América Latina son Costa Rica, que ocupa el lugar número 25 entre las 132 naciones escrutadas. Uruguay es el segundo y 26 del planeta. Chile aparece en el tercero y 30 del mundo. Panamá es el cuarto y 38 de la lista. Argentina es el quinto y su lugar es el 42.
Los cinco últimos países de Hispanoamérica son: Bolivia el 71; Paraguay, 72; Nicaragua, 74; Honduras, 77; y Cuba, finalmente, el 79. La Isla queda muy mal situada aunque no omiten los manoseados argumentos de la salud y la educación. Forman parte de la ecuación.
Los diez países con mejor índice de progreso social son los sospechosos habituales de siempre y aparecen en este orden: Nueva Zelanda, Suiza, Islandia, Holanda, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Canadá y Australia.
Estados Unidos comparece en el lugar número 16, Francia en el 20 y España, pese a la crisis, en un honroso 21, algo mejor que Portugal, que se sitúa en el 22.
Obsérvese que no se mide desarrollo económico y científico, ni se contrasta el PIB per cápita de las naciones, sino se calcula el progreso social valorando elementos como la nutrición, los cuidados médicos, el acceso a agua potable y alcantarillados, vivienda, seguridad, educación, acceso a la información y a la comunicación, sustentabilidad, cuidado del ecosistema, derechos individuales, libertades, tolerancia, inclusión, y otros factores que explican por qué hay países de los que emigran en masa las personas y países de los que apenas se despiden los ciudadanos.
No es una casualidad que en Estados Unidos, foco receptor de inmigrantes legales o indocumentados, no existen concentraciones significativas de costarricenses, uruguayos, chilenos o panameños, pero sí las hay de salvadoreños, nicaragüenses, hondureños y cubanos. Huyen del desastre.
El signo de las migraciones (que el Índice no pondera, por cierto), es, a mi juicio, el síntoma más claro de la calidad general de vida de cualquier sociedad. La mayor parte de la gente emigra en busca de oportunidades de mejorar que no encuentran en su propio terruño.
Hay tres consideraciones importantes que se desprenden del repaso del Índice de Progreso Social. La primera, es que en América Latina las naciones que se autodenominan "progresistas", las del Socialismo del Siglo XXI, son, en general, las que menos progresan. Venezuela es el país número 67 del universo analizado, Ecuador el 50 y, como queda dicho, Nicaragua el 74, y Cuba, en la cola, el 79. Una vergüenza.
La segunda, es que los 30 países que mejor puntuación obtienen son democracias liberales en las que rige la economía de mercado y se disfruta de libertades políticas. Podrán tener una mayor presión fiscal, como sucede en Dinamarca, o menor, como ocurre en Suiza, pero ese factor no altera el dato esencial de que se trata de los países más habitables del planeta.
La última observación es que esta nueva medición reitera, por otra vía, lo que también nos dice el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, o incluso el que mide la "percepción de corrupción" compilado por Transparencia Internacional. Los países menos corruptos son los más prósperos y desarrollados. La lista es aproximadamente la misma.
En realidad: nada nuevo bajo el sol. Pero esta vez todo está organizado de una manera más persuasiva para que lo entienda todo aquel que no esté cegado por el dogmatismo ideológico. Googléenlo y lo comprobarán.

mercredi 19 février 2014

¿Quo vadis Venezuela?


Recientemente estuve con un amigo en la casa de América Latina en París, con motivo de una serie de conferencias sobre el país de Chávez. Tras escuchar a los ponentes, salí de allí con la certeza de que las cosas iban a ponerse feas muy pronto y desgraciadamente no me equivoqué.

Los actuales autócratas bolivarianos han sido ya bastante denigrados por sus enemigos y ensalzados por sus amigos, así que por ese lado ya no queda mucho por decir, lo cual nos permite concentrarnos sobre una cuestión esencial. 

¿Cómo es posible que la renta petrolera y la concentración de casi todos los poderes entre las manos de Nicolás Maduro no permita la creación del primer estado de bienestar moderno y eficaz en América? 

El 85 % de los miembros de la Confederación de Industriales Venezolanos considera que uno de los principales obstáculos para el desarrollo del sector empresarial, lo constituyen los recurrentes ataques por parte de los medios de prensa gubernamentales, de los que son víctimas pasivas, porque los muestran como saboteadores del proceso revolucionario dadas sus actitudes egoístas y poco solidarias. 

Críticas semejantes condujeron hace varias décadas al mentor del presidente venezolano, Fidel Castro, a expropiar sin indemnizaciones, tras un maratónico discurso de diez horas, todos los negocios privados que quedaban en las manos de la gente, sucedió el 13 de marzo de 1968, en medio de actos que se conocieron en Cuba como la “Ofensiva Revolucionaria” y que condujeron a la quiebra del capitalismo cubano. 

44 años después se redescubre, alienta e implementa en Cuba la propiedad privada, como una solución capaz de reactivar la maltrecha economía socialista cubana. Espero al menos, que esta lección no se les haya olvidado a los responsables de aquel desastre (los mismos que ahora están exportando su caduco modelo, pensando que podría funcionar mejor en un país que puede –indiscriminadamente- costear las locuras del estado gracias al petróleo) porque se equivocan ahora como se equivocaron antes. Se ha demostrado con creces que el Estado es un pésimo gestionario de la riqueza nacional. 

Según los empresarios venezolanos 40 % de entre ellos registraron una disminución de hasta un 90% de sus operaciones comerciales y la actividad de la industria manufacturera también acusó un significativo descenso durante el año que acaba de terminarse. Otro sector que se ha visto seriamente amenazado por las políticas del régimen ha sido el agrícola, la Federación Venezolana de Productores Agrícolas ha dicho que a raíz de la asfixia económica a la que han sido sometidos, por la fijación estatal de precios por debajo de los costos de producción, se ha provocado un desplome de la producción. En su informe demostró que de las 98.500 hectáreas de arroz sembradas este año, equivale a 46 por ciento de las 214.000 que se sembraron el año pasado, en consecuencia el volumen de la producción de este año es igual al registrado hace tres décadas. No existe un complot internacional, esta es la verdadera causa de la actual escasez.

Otra empresa de encuestas “Medición” señala que la ineficiencia del régimen ha ido creciendo en la medida que afianza el chavismo en el poder y, desde luego, 60 por ciento de los venezolanos considera al presidente como el principal responsable de la crisis que vive el país. A pesar de todas estas cifras que hablan por sí solas, Maduro se aferra a un modelo centralizador provoca la irritación popular y que está llevando a su país al abismo. 

Todo el mundo se escandaliza por la actual situación, sin embargo era previsible, puesto que el avance solapado de las ideas socialistas “mixtas” es el principal mal de nuestro siglo. La creencia que estipula y condiciona el éxito de un país a la intervención del estado de bienestar en los asuntos económicos, nunca ha sido completamente rechazada por las élites pensantes como un absurdo sin pies ni cabeza. La caída del Muro de Berlín no significó para nada su descrédito, al contrario sigue viva y haciendo estragos –como lo muestra la actual explosión social.

El socialismo de estado, marginado como quedó al desaparecer el Sistema Socialista Mundial a finales del siglo pasado, parecía completamente muerto y enterrado, pero no es así. Nos rodea insidioso a través de los Bancos Centrales, las organizaciones monetarias internacionales, aprobadas y caucionadas por los mismos dirigentes que rigen las políticas nacionales y los precios.

Pero más grave aún, dentro de las naciones desarrolladas "des riches" también se mantiene presente, confundido con la idea de solidaridad nacional. Una semilla capaz de hacer germinar el árbol de las buenas intenciones y con él, su cortejo de manipulaciones que siempre acaban en guerra, pobreza y drama para los Estados en vías de desarrollo, empecinados en seguir a falsos profetas por aquestos caminos de quiméricas esperanzas. 

El caso de Venezuela lo prueba y el de Cuba ya lo ha confirmado.