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lundi 3 février 2014

Cuba y Cataluña el mismo combate 115 años después

Para rehacer la nación española con Cuba dentro, hace falta revisar la historia, es un deber de todos los intelectuales. El separatismo catalán carece de muchas cosas, entre ellas la imaginación, pues no sólo su origen es el mismo (el de unas élites sedientas de poder que consiguen aprovechando la apertura institucional manipular a la opinión pública en su favor) sino que se valen de los mismos argumentos. Esta tierra es nuestra porque nacimos en ella. Este territorio, forzosamente único, nos hace por arte de magia una nación diferente, razón por la cual merecemos ocuparnos de ella nosotros mismos. España nos roba. La gente común no se equivoca cuando alza las dos banderas juntas porque intuye, que en el fondo, estamos hablando de un sólo y mismo asunto.


En el Librepensador

lundi 27 janvier 2014

Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas

La Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas fue una ley española promulgada el 20 de julio de 1882, referente al comercio con Cuba y las restantes colonias de España en el Caribe, que junto con el Arancel Cánovas (1891) y el Arancel Cambó (1922), representan la legislación de carácter proteccionistadurante la Restauración.1 Su propósito era proteger la industria metropolitana, en particular la industria textil de Cataluña, proporcionándole un mercado en exclusividad y sin competencia exterior.

Durante las décadas de 1860 y 1870, la industria textil catalana consigue expandirse gracias a las externalidades generadas por la producción algodonera, como una excepción al escaso crecimiento del resto de sus sectores industriales.2

Sin embargo este crecimiento empieza a tocar techo durante la década de 1880, ya que el mercado interior estaba saturado y los mercados no coloniales podían acceder a productos más competitivos.3

La presión de los industriales textiles logró la promulgación de la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas en julio de 1882, a fin captar el mercado antillano en su totalidad para las industrias catalanas de bienes de consumo, añadiendo así este nuevo mercado al monopolio peninsular.4 Mediante esta disposición los puertos Cuba Puerto Rico y Filipinas pasaban a ser considerados de cabotaje y obligados por tanto a consumir dichos productos.5 Por otra parte, los productos extranjeros eran gravados con un arancel de entre el 40 y el 46 por ciento. Éste, sin embargo, sólo mantuvo satisfechos a los grupos de presión de la industria catalana hasta la década de 1890, en que se forzó el Arancel Cánovas para impedir las importaciones de textiles de otros países.6
Consecuencias[editar · editar código]

Ley de Relaciones Comerciales aseguró el mercado colonial a la industria textil algodonera hasta la derrota de 1898. Así, sus exportaciones se triplicarían entre 1870 y 1880.7 8 Por otra parte, los nuevos aranceles frenaron las importaciones de las manufacturas más competitivas del exterior, reduciéndose hasta una tercera parte en el período entre 1891 y 1901.9 En general, las exportaciones a las colonias crecieron a más del doble entre 1891 y 1898, correspondiendo a Cataluña la mayor participación en ellas.10

En conjunto, la asimetría de las condiciones para el intercambio comercial entre la metrópoli y Cuba, desfavorable a ésta y que impedía el libre intercambio de productos, contribuyó a sublevar a la incipiente burguesía cubana, de modo que "fue un estímulo esencial de la revuelta que acabó con la presencia española en aquellas islas".11

En cualquier caso, el envío de reclutas españoles para sofocar la revuelta supuso una fuente añadida de ingresos para la industria textil catalana, gracias a "las remesas considerables que se hacían para el vestuario de los batallones que sosteníamos en combatir la insurrección".12

Bibliografía

Protección arancelaria en la Restauración. Un debate. Antonio Tena, Daniel Tirado (1996). Revista de Economía Aplicada nº 11 (vol. IV), otoño, pp. 135-150.
Protectionism in Spain, 1869-1930. Prados de la Escosura, L. y Tena, A. (1993). V Congreso de la Asociación de Historia Económica: «La Economía Política del Proteccionismo».
Referencias

Eva Pardos Martínez; “La incidencia de la protección arancelaria en los mercados españoles (1870-1913)”. Banco de España - Servicio de Estudios, Estudios de Historia Económica, nº 37 – 1998.
Prados de la Escosura, L., (1988): De Imperio a Nación. Crecimiento y atraso económico en España (1780-1930), Alianza Universidad, Madrid. Pág. 93
Martín Fernández, J.: "La economía española y la articulación de su mercado (1890-1914)". Universidad Complutense, 2002, ISBN: 84-669-2301-2. Pág 66.
Involución y autarquía: la economía española entre 1890 y 1914. Juan Muñoz, Juan A. Alonso Hierro, Juan Martín Fernández. Ed. Complutense, 2002, Pág. 22
La exportación de la industria algodonera catalana en el primer tercio del siglo XX. La importancia de las redes comerciales. Prat, M. X Simposio de Historia Económica, Universidad de Santiago de Compostela, 2005
 "¿Por qué fue España un país con alta protección industrial? Evidencias desde la protección efectiva 1870-1930". Tena Junguito, Antonio. Univ. Carlos III, 2001, p.23
 "La controversia en torno al atraso económico español en la segunda mitad del siglo XIX (1860-1913)". Nadal, J. y Sudriá, C. (1993) Revista de Historia Industrial, 3, pp. 199-227.
De acuerdo con la Comisión de Fabricantes de Tejidos de Algodón, las exportaciones de tejido de algodón pasan de 458 toneladas en 1867 a 3.315 toneladas en 1886, llegando a 5.265 toneladas anuales en 1896 mediante la reserva del mercado colonial.
Tena A., Op.Cit., p.23
 Muñoz, J. et al., Op.Cit., p.23
Izard, M. (1974): “Comercio libre, guerras coloniales y mercado americano”, en J. Nadal y G. Tortella (eds.), Agricultura, comercio colonial y crecimiento económico en la España Contemporánea, Barcelona 1974, Ariel, pp. 295-321.
Alzola, P.: "La política económicamundial y nuestra relación arancelaria". Bilbao, 1906, p.209 (en Nadal, J.: "El fracaso de la revolución industrial en España, 1814-1913". Barcelona, Ariel, 1980, p.216)

Duran Lleida equipara Cataluña con la Cuba que perdió España en el 98

El secretario general de CiU y líder de UDC considera que el debate soberanista abierto en Cataluña a raíz de la reclamación de un Estado propio por parte del presidente de la Generalitat, Artur Mas, es una situación parecida a la de finales del siglo XIX con las colonias, que "España no comprendió la realidad y las perdió".


jeudi 2 janvier 2014

ROMPER ESPAÑA

La petición reiterativa del Partido Socialista, para conseguir una España federal, esconde algunos problemas graves que parecen desconocer; el individualismo y la soberbia atávica de los españoles.

Ortega y Gasset, en su “España invertebrada” venía decir exactamente lo mismo que se está diciendo en la actualidad, y estudiaba los regionalismos y separatismos como parte del: "proceso de desintegración que avanza en riguroso orden, desde la periferia al centro, de forma que el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de una dispersión interpeninsular".

Y como ocurre en la actualidad, echaba de menos a una minoría dirigente “capaz de tomar unas decisiones firmes y eficaces”.

Sin duda el mayor pecado de los españoles, no es la lujuria, sino la soberbia (¿qué interés tiene el haberse acostado con fulano o mengana, si no se puede presumir ante los amigo/as? Nadie quiere ser menos que los que le rodean y si hay distinciones sociales, estas se producen, con más frecuencia, entre los niveles de población que podríamos situar de rentas menores a la media, y menos influenciadas por la cultura exterior, que incluso, entre estas y las que ostentan rentas más altas: ¡Fíjate en esa, qué vestido lleva¡¡Como si no supiéramos lo que tiene!

Son surrealistas, cuando uno profundiza en la sociedad, los niveles de esfuerzo que realizan algunos en su intento de apariencia y ostentación ante los demás, como si les fuera la vida en ello, para acceder a un determinado puesto, honorífico, o adquirir un coche de alta gama aunque sea de segunda mano y les resulte un auténtico problema económico, para que se vea su “poderío” . Recuerdo siempre, ante ciertas actitudes, una frase, sacada de la Biblia, del sirio S. Juan Crisóstomo, (el de la boca de oro) y que cualquiera que estudie arte conocerá, ya que le sería imposible, si no, explicar una gran cantidad de cuadros llamados “vanitas” procedentes de los pinceles de nuestros mejores pintores del Siglo de Oro. Y que yo aprendí en el griego clásico,( que suena más pedante), en el que predicaba el Crisóstomo, “ματαιότης ματαιοτήτων kαι πάντα ματαιότης‏” ( mataiotes mataioteton kai panta mataiotes) “Vanidad de vanidades y todo vanidad”.

Y esto es, fundamentalmente, lo que lleva a la tentación soberanista, a regiones, como Cataluña, pese a las apariencias, no es la economía aunque esgriman argumentos como que; “Espanya ens roba”, porque sin el mercado y apoyo de España su economía se hundiría, sino el que sus dirigentes se suponen con el suficiente nivel y categoría, como para no estar bajo ningún otro. Y si para ello hay que crear una mala imagen del otro y dar una imagen victimista, (si apela a la “pela” llega más al electorado) se hace, para crear una pantalla que oculte una intencionalidad subconsciente, que crearía rechazo.

Pero el gran problema del federalismo está en su misma concepción, que tan mal nos fue con la Primera República. Un estado federal está compuesto por una serie de naciones, o estados, que de común acuerdo se unen para unos intereses comunes. En España, bastaría el pataleo de ciertos gobernantes, porque no se hace lo que ellos quieren, para volver a la población contra esa unión, y como esta es libre, tardarían poco en pedir la secesión. Alemania luchó para reincorporar a la Alemania Oriental, pese a que su territorio tenía el diseño político, desde hacía no demasiados años. Aquí en España, si bien, de hecho, se tiene un estado federal, de derecho no puede tenerse, ya que la integridad histórica como sentimiento unitario, se remonta incluso a antes de los romanos, como puede verse en el apoyo de diversos pueblos a Viriato, frente al que creían ajeno, extranjero. Este sentimiento, pese a las particiones continuas, con la llegada de los diversos grupos bárbaros, suevos, alanos e incluso del territorio bizantino en el sureste, en la época de los godos, o los diversos reinos cristianos y de taifas, en siglos posteriores, siempre, tras las particiones, había un sentimiento de pertenencia a un territorio común, que se culminó con la unión de Castilla y Aragón por el matrimonio de los Reyes Católicos. Pero en el español se da una contradicción interna, una lucha interior, que pese a constituir la nación europea, más antigua en su formación política, el ánimo del español se debate entre el sentimiento de formar parte de un territorio común, y el querer ser independientes, porque mi región y hasta mi pueblo, es “más que la otra”. En ninguna parte se permitiría quemar una bandera de la nación, ni silbar en un acto público su himno, sin graves consecuencias para los que lo hicieran. Sólo aquí, porque, pese a sentirnos uno, el respeto por lo que es patrimonio de todos, por nuestro individualismo, nos hace mirar hacia otro lado. Pero sólo aparentemente, porque las manifestaciones de superioridad de los demás aunque no mostremos nuestra disconformidad momentánea, porque le daríamos más argumentos para afirmarla al otro, nos la guardamos, y el ¡te vas a enterar¡ ¡Ya me necesitarás para algo¡ es un pensamiento, que día a día va creciendo, porque que yo sepa todos podrían poner en su escudo de familia, el lema: Por encima de mí sólo Dios. Y hasta presumo que ni eso, y el ángel que se rebeló y porque quería ser como Dios, "escalaré los cielos; elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios; me sentaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo”estoy seguro debía de tener ADN español, vamos, que visto lo visto, cada día tengo más claro, que sí.

mercredi 18 septembre 2013

Deshaciendo mentiras: ¿Por qué se separó Cuba de España?

La autonomía en Cuba habría significado el final de los textiles catalanes...


Un comentario sacado de Facebook del siguiente hilo: Ciudadanos, Partido de la ciudadanía.

Cuba no era una colonia, era un provincia. Es más, Cuba pidió un Estatuto de Autonomía que Maura ( Presidente del Gobierno, mallorquín) aceptó pese a que los catalanes y vasco-navarros se oponían ya que esto suponía el fin del proteccionismo de los textiles catalanes, el mercado cautivo cubano, y los metales necesarios para Cuba ( recordemos que tuvo el primer ferrocarril de España) fabricado con el acero que enviaban los vascos.


Esta oposición catalano-vasca a la autonomía cubana, hizo que la insurrección fuera más honda de lo que en un principio había sido, pues los autonomistas eran mayoría, y en segundo lugar estaban los unionistas (que todo quedara igual) y como fuerza mínima los insurrectos o independentistas. 

Sin Estados Unidos y con el apoyo catalano-vasco, Cuba seguiría siendo una Comunidad Autónoma. Fue precisamente el egoísmo de aquellos que se negaron a perder el proteccionismo y el mercado cautivo cubano lo que llevó a la guerra civil entre españoles, por cierto, sobre todos andaluces.

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Fueron las presiones catalanas las que lograron la promulgación de la “Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas”, el 20 de julio de 1882 y del arancel cubano de 1891, para captar el mercado antillano en su totalidad para las industrias catalanas de bienes de consumo.
Ello fue reconocido por la Comisión de Fabricantes de Tejidos de Algodón, en 1889. Las exportaciones de tejido de algodón pasan de 458 toneladas anuales en 1867 a 3.315 toneladas anuales en el periodo de 1886-1890 y a 5.265 toneladas anuales en el de 1896-1900.
De ahí que los industriales catalanes fueran los patriotas más fanáticos, y posteriormente los primeros separatistas.
Hoy se considera que ello llevó a plantear la independencia a las oligarquías criollas en 1895.




Leer el Proyecto de estatuto de Maura de 1893


Nota bene de Wikipedia:


En la Gran Antilla  las ideas independentistas habían estado latentes desde el fin de la guerra de restauración de la República Dominicana  y de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), aunque también existían otras tendencias como eran la opción separatista encabezada por José Martí, la autonomista de Rafael Montoro y la reformista  de José Antonio Saco. Sin embargo, tendrían que pasar algunos años para que José Martí preparara la insurrección, argumentando varios agravios: Las condiciones de vida de negros y pardos, pese a la abolición de la esclavitud el 17 de febrero de 1880 y la  situación comercial, que por presiones de la burguesía textil catalana habían llevado a promulgar de la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas (1882) y el Arancel Cánovas (1891), que garantizaban el monopolio del textil catalán obligando a Cuba absorber sus excedentes de producción. Este privilegio en el mercado cubano asentó la industrialización en Cataluña durante la crisis de la década de 1880, derivada de sus problemas de competitividad, a costa de los intereses de la industria cubana, lo que fue un estímulo esencial de la revuelta.


lundi 2 septembre 2013

Vergüenza nacional

"Este país es nuestro porque nacimos en él y por esa razón tenemos derecho a dirigirlo de la manera que nos dé la gana sin que venga Madrid a meterse en nuestros asuntos. España nos roba."
 ¿Cataluña 2013?  No, Cuba 1895.

Las actuales tribulaciones a las que se enfrenta el ejecutivo (además de la de la crisis económica) con respecto a las veleidades independentistas de una parte del territorio nacional ya se produjeron antes en la historia reciente de este país. Resulta curioso como ningún sesudo analista "oficial" se ha percatado de tales similitudes que saltan a la vista.

Las razones de este olvido son evidentes. En 1898 los responsables del Desastre coincidieron ideológicamente con el análisis de los intelectuales de la época,* que llamando al “Regeneracionismo” de país, diluyeron la responsabilidad de unos pocos en la masa de la Nación. La suerte de este concepto, dentro y fuera de España, alentado ciertamente por grandes pensadores, pero animado y sostenido en su raíz por los medios de prensa que controlaban los verdaderos culpables, contribuyó, no sólo a una percepción errónea de las Guerra de Cuba durante la segunda mitad del siglo  XIX, sino al olvido posterior de aquellos hechos hasta el día de hoy.

En Cuba no todos los cubanos eran insurrectos. Una mayoría de ellos no creía en la solución independentista y abogó pacíficamente para que se introdujeran cambios que contentasen a todas las fuerzas políticas presentes dentro de la isla. Tampoco todos los peninsulares establecidos allí estaban por la asimilación completa, defendida por la oligarquía comerciante, reacia a compartir con los demás grupos, criollos y libertos principalmente, siquiera una parcela de su poder político y económico impuesto en 1824 por Fernando VII, cuando acordara a los capitanes Generales el poder omnímodo sobre la vida y hacienda de los residentes en las provincias ultramarinas.

El triunfo de los independentistas apoyados por los Estados Unidos cambió la injusta relación de fuerzas existente, pero no significó para nada un adelanto democrático para la isla. La creación de la República Mambisa impuso la dominación de una minoría (los insurrectos) sobre la mayoría (autonomistas, peninsulares no unionistas y otras minorías entre las que se encontraban los negros y los chinos). Todo el desparpajo republicano que se produjo hasta 1959, fue una causa directa de la “solución” impuesta por los Estados Unidos, responsables in fine del actual desastre cubano.

La guerra de Cuba no fue una guerra separatista, fue una guerra civil, en Cuba no había minorías originarias reclamando una nación oprimida. Allí vivían sólo españoles (incluyendo a los negros que poseían la nacionalidad de sus dueños hasta la abolición). No llamarla desde el comienzo una Guerra Civil, como las que se produjeron en la península, justificaba las atrocidades sin nombre, cometidas por los militares de carrera y voluntarios peninsulares contra sus pobladores, que como españoles al fin, tenían la potestad de reclamar, como lo hicieron muchos de ellos, pacíficamente, la igualdad de los derechos civiles que les negaban absurdamente otros españoles.** Una injusticia sin nombre que se cometió durante todo el siglo XIX hasta el 25 de noviembre de 1897, con el beneplácito de los dirigentes nacionales, que privilegiaron en todo y por la violencia institucional, los intereses de unas minorías, negando sistemáticamente los cambios políticos necesarios para garantizar la cohesión nacional y el bienestar de la mayoría.


 Si en Cataluña vencieran los separatistas (declarando unilateralmente la independencia, por ejemplo) se estarían reproduciendo exactamente los mismos hechos que en 1898; es decir, triunfaría en aquel territorio por medio de la violencia una parte de la población sobre otra. Más o menos como sucede actualmente con el idioma, pero esta vez sin la posibilidad de optar legalmente por otras soluciones comunicativas. Los perdedores quedarían sin recurso alguno y a la merced de las nuevas reglas que les impondrían los vencedores, tal y como ocurrió en Cuba.


Los actuales gobernantes deberían ponerse rápidamente a estudiar la historia de nuestra nación para con valentía, reorganizar el estado en consecuencia. Favoreciendo en primer lugar, la consulta plebiscitaria en Cataluña, el País Vasco y todos los demás “pueblos” españoles que así lo deseen; en segundo lugar, por equidad elemental y por Memoria Histórica, abrir la Federación española que resulte de ese plebiscito a Cuba y a Puerto Rico; que luego esos dos pueblos españoles (abandonados hace 115 años a su suerte, no como resultado de una derrota militar, como se nos ha hecho creer, sino por la desidia, la avaricia y la ceguera de los que hoy como ayer nos engañaron a todos), hagan lo que quieran con esa mano tendida. Al menos se haría justicia.

Notas: (todas las citas son del general Enrique Collazo)

Los escritores españoles han estado poco afortunados en sus trabajos, porque mientras más poderoso es el contrario, más disculpable es la derrota.

** Cuba era un Ingenio, donde venían a refaccionar sus fortunas los holgazanes de Madrid arruinados por el vicio.

samedi 29 septembre 2012

España: una Federación de Países Autónomos.

Al señor Mas no se la ha ido la olla, es el resto de España el que no se entera de lo que sucede. A ver como lo explico para que nadie se me enfade. Desde que los Habsburgos perdieron la Corona tras la guerra de sucesión española, cambió completamente el paradigma de gobierno peninsular, pero desde entonces todo el mundo actúa como si no hubiera pasado nada. 

Tras la caída de una dinastía dueña de medio mundo, (para la cual nunca fue un problema reconocer las particularidades específicas de sus súbditos, incluyendo a la Península que, con los fueros  vascos, aragoneses, navarros, granadinos –no los menciono todos- y sus poblaciones judías, árabes, aragonesas y vascongadas, era una muestra a pequeña escala, un crisol, de los indisolubles problemas a los que debía enfrentarse cotidianamente la cabeza de la casa de Austria), se pasó a un esquema de poder centralizado típicamente francés. 

Desde entonces el buen Rey español debió seguir al pie de la letra los consejos de gobierno centralizadores al extremo, inspirados por su ilustre abuelo Luis XIV. ¿Y cómo podría haber sido de otra manera? Francia era “lo más” dentro de Europa y España a pesar de todas sus riquezas de ultramar “lo menos”. Con la publicación de la última llamada a la población de los Tres Comunes de Cataluña, donde se proclamaba claramente que con la caída de la Ciudad Condal, se terminaban no sólo la libertad y la independencia de una raza, sino el modelo de gobierno practicado hasta el momento: la reunión voluntaria de pequeños estados peninsulares. Desde entonces la voluntad de los monarcas borbónicos estuvo dirigida a centralizar el país, sin lograrlo realmente ya que les faltaba el carisma, la voluntad y el dinero necesario para ello; por eso España nunca llegó a convertirse en un país de verdad y siempre se mantuvieron -más o menos solapados- los regionalismos que terminaron pariendo la Guerra Civil, la dictadura Franquista y la Constitución de 1978.


La construcción de una España soñada estaba en todos los espíritus avanzados de la época, y gracias a la propaganda y las buenas intenciones, le vendieron a la nación y a Europa un modelo centralizado que no se apoyaba sobre bases reales. La desorganización ininterrumpida del siglo XIX, provocada, más por los conflictos de intereses, que por la hostilidades francesas e inglesas y, que terminaron con la pérdida de las colonias de América (con la paradigmática explosión del Maine) lo prueba con creces.

En ese punto estamos todavía. 
Explosión del Maine

Por eso es necesario reconocer estos hechos estudiados y hablados miles de veces y replantear nuevamente el pacto democrático con los que lo deseen y no impuesto desde arriba para todo el mundo, -como sucedió en 1978- y pensar por ejemplo, en una Federación de Países Autónomos, un ejemplo de organización estatal que se aplica en Los países Bajos y que funciona a la perfección. ¿Los catalanes quieren un país? Pues sea. ¿Los vascos? Concedido, tras un democrático plebiscito en los dos casos por supuesto. La federación de Países suprimiría los conflictos que generaría la independencia precipitada y populista a la que se dirige el señor Mas, -más empujado por el ego que por el interés general- (¿Quién va a reconocer a Cataluña en Europa si España se opone? ¿Dónde va a obtener el dinero suficiente para mantener funcionado el Estado de Bienestar? Estas interrogantes no son exhaustivas pero espero sinceramente por el bien de todos, no ser el único que se las hace).

Este modelo federal, incluiría -de paso-, los antiguos territorios ultramarinos de Cuba y Puerto Rico que, como  hemos explicado en el portal de la asociación Autonomía Concertada, aún no han terminado completamente el proceso de descolonización. A ambas islas podría claramente proponérseles la adhesión a la nueva federación española dentro de Europa.

Reconociendo de una buena vez lo que sucede en España, se terminarían las veleidades independentistas, cada uno con los suyo pero dentro de la Federación Española, como en los Países Bajos, de ese modo se conservaría hasta la monarquía. De hecho, el Rey o el Príncipe heredero deberían, como ya sucedió en su momento durante la Transición, ser los gestores de este histórico movimiento, de esa manera justificarían por largo tiempo la supervivencia de la Corona. 

El estado central se reduciría a su mínima expresión como garante de la ley suprema, la justicia y el comercio, dejándose al cuidado de las fuerzas vivas de la sociedad sus propios destinos. La Unión Española podría ser el laboratorio del mundo liberal, (no el que existe hoy) sino el soñado por los teóricos de la escuela austriaca de economía, el primero, donde los ciudadanos de los dos lados del atlántico serían dueños de sí mismos. Un ejemplo de nueva sociedad en la que la libertad individual pautada por la ley y la tradición, serían el principio de un modelo realmente justo y original de sociedad, el comienzo en suma, de una nueva etapa de la historia de la humanidad.

ACC, 29 de septiembre de 2012